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Situada en la confluencia de los ríos Negro y Solimões, Manaos es una de las capitales brasileñas de más rápido crecimiento, ya que pasó de 314.000 habitantes a aproximadamente dos millones entre 1970 y 2010, un asombroso 538%, y la ciudad brasileña de mayor crecimiento durante este periodo [2][2] Monteiro, A. S., Pinheiro, H. P., Veiga, R. F., Souza Júnior, F. O., Santos Júnior, M. A., y Silva, F. L. (2019). Relatório da Fundação Vitória Amazônica [Informe de la Fundación Vitória Amazônica]. Fundação Vitória Amazônica.. Este crecimiento consolidó a la ciudad como el mayor municipio de la Amazonía continental y como próspero centro urbano. Influyente tanto a nivel local como regional, la ciudad utiliza su sistema fluvial de abastecimiento urbano para distribuir recursos esenciales como agua, alimentos y mercancías a las zonas urbanas más remotas y a las comunidades ribereñas. Esta red de abastecimiento es crucial en una región dominada por los ríos, principales vías de transporte y acceso. A escala nacional, Manaos es escenario de debates fundamentales sobre la soberanía y la defensa territorial de Brasil. A escala internacional, el municipio está en el centro de los debates sobre el futuro de la Amazonía, el cambio climático y la integración latinoamericana.
Esta vulnerabilidad medioambiental se ve agravada por la dinámica social. En ciudades amazónicas como Manaos, donde residen aproximadamente 72.000 indígenas, la seguridad hídrica es mucho más que proporcionar agua a sus habitantes: es una cuestión de salud pública y de preservación del patrimonio [4][4] Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (s.f.). Panorama del Censo 2022. Obtenido el 17 de abril de 2024, del sitio web: https://censo2022.ibge.gov.br/panorama/. Según muchas tradiciones indígenas, el agua simboliza la fertilidad, el hogar de los seres vivos y un agente purificador que enriquece la vida. Además, el agua representa la interconexión y la armonía entre todos los elementos de la naturaleza, a menudo descrita como sagrada y maternal, desempeñando un papel vital en la conexión de todos los pueblos y todas las cosas.
La calidad y la cantidad del agua que consumimos están estrechamente ligadas a la salud de los ecosistemas de los que procede.
Para Manaos, una ciudad marcada por la diversidad y la complejidad, situada dentro de una de las mayores cuencas fluviales del mundo, es crucial la adopción de un modelo holístico de gestión del agua, que aborde sus problemas multidimensionales y que ayude a avanzar en la justicia medioambiental.
Ciudad-aldea
La migración de comunidades indígenas a zonas urbanas está aumentando en todo el mundo, sobre todo en naciones coloniales como Australia, Nueva Zelanda, Canadá y Estados Unidos. La tendencia también es evidente en los países latinoamericanos [6][6] Dorries, H., Hugill, D., y Tomiak, J. (2019). Racial capitalism and the production of settler colonial cities [Capitalismo racial y producción de ciudades coloniales]. Geoforum, 132, 263–270. Disponible aquí: https://doi.org/10.1016/j.geoforum.2019.07.016. En Brasil, el censo de 2022 registró cerca de 1,7 millones de indígenas en todo el país, de los cuales más del 40% viven en zonas urbanas. En Manaos, por ejemplo, viven indígenas de más de 90 etnias diferentes, muchos de los cuales se concentran en el Parque das Tribos, el primer barrio indígena reconocido oficialmente por el ayuntamiento de la ciudad.
Los indígenas se trasladan a las ciudades en busca de mejores condiciones sanitarias, educación y oportunidades laborales. Sin embargo, se enfrentan a desafíos pertinaces: la desigualdad rampante les dificulta considerablemente el acceso a servicios esenciales como la vivienda, la atención médica y el agua potable, problemas agravados por un saneamiento básico inadecuado. Como muestra la Figura 2, la región norte es la que menos acceso tiene a la red de alcantarillado del país. Esta disparidad en el acceso al saneamiento es sorprendentemente desigual entre los distintos grupos demográficos brasileños, ya que sólo el 29% de los indígenas viven en lugares con infraestructuras de saneamiento adecuadas, frente al 83,5% de la población blanca [7][7] Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (s.f.). Panorama del Censo 2022. Obtenido el 17 de abril de 2024, del sitio web: https://censo2022.ibge.gov.br/panorama/.
El caso de Tarumã-Açu
La relación de los indígenas de Manaus con la cuenca de Tarumã-Açu, situada cerca de la ciudad, es un ejemplo emblemático de los desafíos ambientales y sociales a los que se enfrentan las comunidades tradicionales que residen en centros urbanos. Situada en la orilla izquierda del río Negro, el mayor río de aguas negras del mundo, la cuenca Tarumã-Açu representa una de las últimas zonas boscosas dentro de los límites urbanos de Manaos. También alberga algunos de los pocos arroyos limpios que quedan en la ciudad.
Esta cuenca, que ocupa el 3,3% del territorio municipal de Manaos, atrae a diversos grupos sociales, desde residentes de condominios de lujo a comunidades de viviendas sociales, poblaciones indígenas y quilombolas afrobrasileñas, turistas y trabajadores industriales. La intensificación de las actividades humanas en la zona ha provocado un importante estrés ambiental [8][8] Costa, J. S. d. (2020). Informe de Situación: Cuenca del Tarumã-Açu: Transformaciones Antropogénicas y Calidad del Agua. Programa de Maestría Profesional en la Red Nacional de Gestión y Regulación de Recursos Hídricos (PROFÁGUA), Universidad del Estado de Amazonas (UEA), Escuela Normal Superior (ENS)..
En 2050, más de la mitad de la población mundial vivirá en zonas que sufrirán escasez de agua durante al menos un mes al año.
Los karapãna, que viven en la región desde la década de 1970, tienen una profunda conexión cultural y espiritual con el río. Su modo de vida se basa en la pesca, la caza, la agricultura itinerante y la recolección. Sin embargo, la expansión inmobiliaria en torno a la cuenca, junto con la contaminación del agua por aguas residuales no tratadas, el aumento del número de hoteles y restaurantes flotantes y la extracción de arena para la construcción civil, afectan a la calidad del agua y al modo de vida tradicional de los karapãna. Además, el tráfico de grandes embarcaciones perturba la tranquilidad del río, amenazando la seguridad de las pequeñas canoas. Al mismo tiempo, la contaminación afecta directamente a la pesca y a las prácticas culturales y espirituales vitales para la comunidad.
Para abordar los problemas de gestión del agua en la ciudad, en 2009 se creó el Comité de la Cuenca Tarumã-Açu, encargado de elaborar planes de gestión del agua y fomentar el debate y el consenso sobre su uso. Sin embargo, más de una década después de su creación, el Comité aún no ha puesto en marcha un plan hídrico eficaz para la cuenca Tarumã-Açu, debido a la insuficiencia de recursos y de apoyo gubernamental. Además, a los líderes indígenas les preocupa que un nuevo plan para la cuenca del Tarumã-Açu establezca normas para el uso y la gestión del agua del río sin tener en cuenta el estilo de vida y las necesidades de las poblaciones ribereñas.
El derecho humano al agua y los Objetivos de Desarrollo Sostenible
La seguridad del agua es un problema mundial. La calidad y la cantidad del agua que consumimos están estrechamente ligadas a la salud de los ecosistemas de los que procede. Actualmente, casi la mitad de las fuentes de agua potable del mundo se enfrentan a un notable deterioro. Factores como el crecimiento demográfico, el cambio climático y una planificación inadecuada están intensificando el problema de la escasez de agua a nivel global. En 2050, más de la mitad de la población mundial (57%) vivirá en zonas que sufrirán escasez de agua durante al menos un mes al año [9][9] Boretti, A., y Rosa, L. (2019). Reassessing the projections of the World Water Development Report [Reevaluación de las proyecciones del Informe sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo]. NPJ Clean Water, 2 (1), Artículo 15. Disponible aquí: https://doi.org/10.1038/s41545-019-0039-9.
Reconociendo la urgencia de esta crisis, la Asamblea General de las Naciones Unidas y el Consejo de Derechos Humanos reconocieron oficialmente los derechos humanos al agua potable y a un saneamiento adecuado en 2010. Esta decisión fundamental ha llevado a muchos países a incorporar estos derechos humanos en sus constituciones y marcos jurídicos nacionales, impulsando así políticas que garanticen el acceso al agua potable y a servicios básicos de saneamiento. Sin embargo, la iniciativa ha tenido un efecto relativo. Desde 2010, muchos países como Bolivia, Uruguay y México han incorporado el derecho fundamental al agua potable y al saneamiento en sus constituciones nacionales y marcos jurídicos, promoviendo políticas para proporcionar acceso a sus poblaciones. Brasil, sin embargo, va unos pasos por detrás. A pesar de alinearse con las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y reconocer el agua como un derecho humano, el país carece de garantías constitucionales respecto a este derecho. De los poco más de 215 millones de habitantes del país, unos 32 millones siguen sin tener acceso a agua tratada, y más de 90 millones carecen de servicios adecuados de saneamiento [10][10] Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (s.f.). Panorama del Censo 2022. Obtenido el 17 de abril de 2024, del sitio web: https://censo2022.ibge.gov.br/panorama/.
Sobre la base de estos esfuerzos fundacionales, en 2015 los Estados miembros de la ONU adoptaron la Agenda 2030, estableciendo los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para guiar los esfuerzos mundiales de desarrollo a 15 años vista. Sin embargo, la implementación y la medición de los avances en materia de ODS presentan desafíos significativos. La cuantificación eficaz de impactos y la recopilación de datos son cruciales, pero la falta de información completa, actualizada y de calidad dificulta la toma de decisiones y el seguimiento de los avances. Como se destaca en el Séptimo Informe sobre los Avances y Desafíos Regionales de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en América Latina y el Caribe, la región ha experimentado un progreso más lento en el cumplimiento de estos objetivos en comparación con años anteriores. A nivel mundial, las previsiones de la ONU sugieren que, con las tendencias actuales, sólo el 15% de las metas de los ODS se cumplirán en 2030. Sin embargo, en América Latina y el Caribe, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estima que el 22% de las metas ya se han cumplido o se cumplirán en la fecha límite [11][11] Comisión Económica para América Latina y el Caribe (2024). El desafío de acelerar la Agenda 2030 en América Latina y el Caribe: transiciones hacia la sostenibilidad (LC/FDS.7/3). Naciones Unidas.. Estas cifras reflejan una mezcla de logros significativos y desafíos en curso, lo que subraya la creciente paradoja entre la cada vez mayor relevancia de la Agenda 2030 y el aumento del escepticismo hacia ella. Contradicción que se asienta en medio de la escalada de tensiones geopolíticas y la disminución de la fe en la cooperación multilateral.
Los principios occidentales de gestión del agua, que a menudo la tratan como un recurso comercializable, no concuerdan con la relación holística de los pueblos indígenas con su medio ambiente.
Desde el punto de vista económico, el estancamiento obstaculiza significativamente la capacidad de América Latina y el Caribe para alcanzar los ODS, una situación agravada por políticas económicas ineficaces y bajos niveles de inversión. La persistente recesión económica se ve agravada por desigualdades profundamente arraigadas y una amplia exclusión social, que restringen el acceso equitativo a recursos y oportunidades cruciales para alcanzar los ODS. Además, las deficiencias en sectores de infraestructuras esenciales como la conectividad digital, la energía y el transporte, combinadas con apremiantes retos medioambientales como la pérdida de biodiversidad, la escasez de agua y los efectos del cambio climático; representan amenazas sustanciales para el desarrollo sostenible de la región.
Con el objetivo de abordar las complejidades que impiden el acceso universal al agua potable y a un saneamiento adecuado (ODS 6), Brasil promulgó la Ley 14.026/2020. Este «plan nacional de saneamiento», implementado en 2020, promovía la participación de empresas privadas en la prestación de estos servicios. Sin embargo, los expertos del sector del agua se muestran escépticos sobre la utilidad de la privatización para garantizar el acceso universal al agua en el país. En Manaos, la privatización de los servicios de saneamiento se llevó a cabo en 2000, y desde entonces las tasas de tratamiento de aguas residuales y suministro de agua han mostrado deficiencias significativas. En el Ranking de Saneamiento realizado por el Instituto Trata Brasil, la ciudad figura entre las 20 peores de Brasil en cuanto a servicios de saneamiento [14][14] Oliveira, G., Scazufca, P., y Sayon, P. L. (2024). 2024 Sanitation ranking: A comprehensive report [Ranking de saneamiento 2024: Un informe exhaustivo]. Trata Brasil y GO Associados..
El descontento con los servicios de agua privatizados ha impulsado a las organizaciones de la sociedad civil a oponerse a la mercantilización de los recursos hídricos. Durante la primera Conferencia Mundial de la ONU sobre el Agua en 46 años, celebrada en marzo de 2023, estos grupos hicieron hincapié en la necesidad de nuevos modelos de gobernanza y gestión del agua basados en la solidaridad y el cuidado. Rechazando los enfoques basados en el mercado, promovidos por entidades como el Banco Mundial y la Comisión Global sobre la Economía del Agua —que abogan por la financiación privada y la mercantilización—, estas organizaciones defienden una agenda que priorice los derechos humanos al agua y al saneamiento, la no discriminación, la propiedad pública y la toma de decisiones democrática. Destacan el éxito de los sistemas comunitarios de gestión del agua, especialmente en América Latina, donde los operadores locales han demostrado una gobernanza del agua equitativa, sostenible y democrática. Estas organizaciones argumentan, además, que el verdadero progreso en la gestión del agua requiere reconocer la experiencia de las comunidades locales y abordar las desigualdades sistémicas, en lugar de confiar en soluciones impulsadas por el mercado —que históricamente han conducido a resultados sociales y medioambientales adversos [15][15] Heller, L., Karunananthan, M., Zwarteveen, M., Hall, D., Manahan, M. A., y Diouf, F. (2023). What water will the UN Conference carry forward: A fundamental human right or a commodity? [¿Qué agua impulsará la Conferencia de la ONU? ¿Un derecho humano fundamental o una mercancía?]. The Lancet, 402(10307), 757-759. Disponible aquí: https://doi.org/10.1016/S0140-6736(23)01430-7.
Nuevos horizontes
La experiencia de la privatización de los servicios de agua en Manaos pone de relieve que el modelo neoliberal de gestión de los recursos hídricos no ha dado los resultados esperados, incluso después de más de dos décadas de concesión. Este modelo ha permitido a las empresas responsables establecer un régimen que excluye a muchos ciudadanos debido a su escaso poder económico, lo que se traduce en una falta de acceso a los servicios esenciales para muchos usuarios. Otros, reciben servicios de calidad insatisfactoria. Este enfoque no sólo ha perpetuado la exclusión, sino que también ha puesto de manifiesto la precariedad y las carencias del marco privatizador.
Las Soluciones Basadas en la Naturaleza son herramientas vitales para la gestión sostenible del agua urbana, especialmente en ciudades que se enfrentan a la doble presión de la rápida urbanización y el cambio climático.
En este difícil contexto, es crucial comprender las complejidades del actual gobierno del presidente Lula. A pesar de su proclamado apoyo a los derechos de los pueblos indígenas, la Administración se enfrenta a importantes obstáculos, como la invasión de tierras ancestrales por parte de la agroindustria, un fuerte enfoque hacia la explotación de combustibles fósiles y la resistencia de una mayoría de derechas en el Congreso, que se opone a la demarcación de las tierras indígenas. Estas cuestiones ponen de relieve la persistente tensión entre la protección de los derechos indígenas y los intereses medioambientales; frente al incesante impulso del desarrollo económico. Esta misma tensión se percibe en las estrategias de Lula, que a menudo revelan un conflicto entre los objetivos progresistas y las realidades económicas, especialmente ahora que Brasil se prepara para acoger la COP-30. Los compromisos internacionales del país para reducir las emisiones de carbono chocan con su continua expansión petrolera y agroindustrial; influida por poderosos grupos de presión y recientes sentencias judiciales que priorizan los beneficios económicos sobre los derechos de los indígenas y la protección del medio ambiente.
A pesar de abogar por el liderazgo mundial en la transición energética, la inversión del gobierno brasileño en nuevas tecnologías energéticas sigue siendo mínima, lo que pone de manifiesto la desconexión entre la retórica medioambiental y la aplicación de las políticas. Con este planteamiento se corre el riesgo de una nueva era de dependencia energética y de que Brasil contribuya a la contaminación mundial, lo que contradice su potencial como líder en energía sostenible. Esta situación se ve agravada por crisis medioambientales inmediatas, como graves sequías e inundaciones, que ponen de manifiesto los efectos directos de una mala gobernanza medioambiental. Estos desafíos demuestran la necesidad de una estrategia unificada que alinee los objetivos económicos de Brasil con sus responsabilidades medioambientales y sociales, garantizando que el desarrollo no comprometa la salud ecológica y humana.
En línea con el pensamiento de Krenak, en un informe publicado en 2022, Pedro Arrojo, Relator Especial de la ONU sobre Agua y Saneamiento, reconoce que la falta de suministro de agua potable a los pueblos indígenas constituye una flagrante violación de los derechos humanos. El documento también destaca que para proteger los derechos humanos de los pueblos indígenas a un acceso seguro al agua potable y al saneamiento, es crucial reconocer sus conocimientos y garantizar su inclusión activa en la planificación y gestión de los recursos hídricos [20][20] Consejo de Derechos Humanos. (2022). Derechos humanos al agua potable y al saneamiento de los pueblos indígenas: estado de la cuestión y enseñanzas de las culturas ancestrales. 51º período de sesiones, 12 de septiembre a 7 de octubre de 2022, Tema 3 del programa. Promoción y protección de todos los derechos humanos, civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, incluido el derecho al desarrollo.. En sintonía con este debate, Linton y Pahl-Wostl [21][21] Linton, J., & Pahl‐Wostl, C. (2023). Drawing from indigenous ontologies and practices to Rethink European Water Policy [Repensando la política europea del agua desde las ontologías y prácticas indígenas]. River Research and Applications. Disponible aquí: https://doi.org/10.1002/rra.4126 subrayan la necesidad de realinear la política del agua con valores indígenas fundamentales como las relaciones, el respeto y la reciprocidad. Este cambio hacia un enfoque más relacional subraya la importancia de las interacciones entre las comunidades y los sistemas hídricos en las estrategias políticas y de gestión.
Estrategias como éstas ya están en marcha en varios países del mundo. En Ecuador, la adopción de los Derechos de la Naturaleza en la Constitución de 2008 supuso un cambio pionero hacia el reconocimiento de los ecosistemas como actores clave con personalidad jurídica. Esta medida pretendía transformar la protección del medio ambiente al permitir que la naturaleza fuera sujeto de derechos legales, capaz de ser representada ante los tribunales y defendida contra la degradación y la explotación. Un éxito notable de este cambio de paradigma se produjo en 2021, cuando el Tribunal Constitucional de Ecuador revocó los permisos de explotación minera en Los Cedros, un bosque nuboso rico en biodiversidad situado en los Andes. El tribunal dictaminó que estos permisos violaban no solo los derechos de los residentes locales al agua potable y a un medio ambiente sano, sino también los derechos del propio bosque. Esta decisión afirma significativamente los Derechos de la Naturaleza, mostrando su potencial impacto a largo plazo.
En la ecorregión más amenazada de la Amazonía brasileña, conocida como el «arco de la deforestación», la selva se ha reducido a menos del 20% de su tamaño original.
Las dificultades para poner en práctica los derechos de la naturaleza en Ecuador son paralelas a los problemas relacionados con el acceso a los beneficios derivados del uso de los conocimientos tradicionales por parte de las comunidades indígenas. A pesar de los marcos jurídicos que pretenden proteger y beneficiar a los pueblos indígenas por sus conocimientos y aportaciones culturales, el reparto real de los beneficios sigue siendo incoherente y a menudo inexistente. Esto se debe, en parte, a la deficiente aplicación de las leyes y a la limitada capacidad de las comunidades indígenas para hacer valer sus derechos de forma efectiva en los ámbitos jurídico y político dominados por entidades más poderosas y ricas en recursos. La brecha entre el reconocimiento legal y la realización práctica pone de relieve la necesidad de establecer sistemas sólidos que reconozcan y hagan valer los derechos y las contribuciones de las poblaciones indígenas, garantizando que sean actores centrales en la gobernanza medioambiental [22][22] Etchart, L. (2022). Global governance of the environment, Indigenous peoples and the rights of nature [Gobernanza mundial del medio ambiente, pueblos indígenas y derechos de la naturaleza]. Springer Nature. Disponible aquí: https://doi.org/10.1007/978-3-030-81519-6.
En Nueva Zelanda se han conseguido importantes logros en la gestión del agua integrando los valores culturales maoríes mediante el desarrollo de herramientas de evaluación cultural. Estos mecanismos son esenciales para integrar las perspectivas maoríes en la gobernanza del agua, apoyando modelos de co-gobernanza que reconocen las masas de agua como entidades vivas con derechos legales. Un ejemplo notable es el río Whanganui, al que se concedieron derechos de personería en marzo de 2017. Este estatus legal permite que el río esté representado en los tribunales por tutores tanto de la comunidad indígena como de la Corona. Este enfoque, que designa guardianes específicos para el río, contrasta con modelos más amplios de derechos de la naturaleza, al centrarse en implementaciones prácticas y factibles. Nueva Zelanda está reformando gradualmente un sistema jurídico que tradicionalmente consideraba a las entidades naturales como propiedad, al concederles la condición de persona de una en una y asignarles un guardián/tutor específico, garantizando así que estas entidades puedan defender sus derechos ante los tribunales [23][23] Stewart-Harawira, M. [Māori], (2020). Troubled Waters: Maori Values and Ethics for Freshwater Management and New Zealand’s Fresh Water Crisis [Aguas turbulentas: Valores y ética maoríes para la gestión del agua dulce y la crisis del agua dulce en Nueva Zelanda]. WIREs Water 7 (5): 1–18..
Por último, en Brasil, varios municipios, como Florianópolis, en Santa Catarina, y Guajará-Mirim, en Rondônia, reconocen a las entidades naturales como sujetos de derechos. En el municipio de Rondônia, el río Laje fue reconocido como entidad viva y sujeto de derechos en 2023. La ley fue propuesta por el concejal y líder indígena Francisco Oro Waram, del territorio indígena que rodea la región del río Laje.
El marco jurídico de Guajará-Mirim no sólo garantiza la existencia del río y de todos los demás cuerpos y seres que viven en sus aguas, sino que también lo pone en práctica. Recientemente se ha creado un comité de guardianes del río para preservar y mantener estos derechos. Sus responsabilidades son amplias, desde mantener el caudal natural del río hasta garantizar agua suficiente para la salud del ecosistema. Se espera que el río nutra y se nutra del bosque ribereño circundante y de la biodiversidad endémica, y que exista con sus condiciones físicas y químicas adecuadas para su equilibrio ecológico. También debe interrelacionarse con los seres humanos a través de diversas actividades, como la identificación biocultural, las prácticas espirituales, el ocio, la pesca artesanal y las actividades agroecológicas y culturales.
De este modo, junto a los esfuerzos por fomentar marcos jurídicos que otorguen derechos al medio ambiente, las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN) son herramientas vitales para la gestión sostenible del agua urbana, especialmente en ciudades que se enfrentan a la doble presión de la rápida urbanización y el cambio climático. Estas estrategias, que aprovechan el poder de los procesos naturales para abordar diversos problemas relacionados con la naturaleza, ofrecen alternativas rentables y resilientes a los planteamientos tecnocráticos. Los centros urbanos, por ejemplo, han implantado con éxito humedales artificiales y zonas de amortiguación ribereñas. Estos elementos estabilizan las riberas, reducen la escorrentía contaminante, mejoran los hábitats de la fauna y actúan como filtros naturales del agua, mejorando así la salud ecológica de las vías fluviales y aumentando la conectividad paisajística [24][24] Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente – Centro DHI (2018). Guía básica de NBS para el agua. PNUMA-Centro DHI..
Las soluciones deben ser culturalmente apropiadas, técnicamente sólidas y diseñadas para fomentar eficazmente una amplia participación de la comunidad.
Como ejemplo de estos modelos de gobernanza, el Punto de Esperanza del Xingu, en la cuenca del río Xingu, muestra un complejo sistema de gestión socioecológica de la tierra y paisajes urbanizados que surgió en torno a los años 1250-1350 de nuestra era. Situado en la ecorregión más amenazada de la Amazonía brasileña, conocida como el «arco de la deforestación», donde la deforestación ha reducido drásticamente la selva a menos del 20% de su tamaño original, la cuenca alta del río Xingu es especialmente digna de mención. Gracias a la cartografía participativa y las pruebas arqueológicas realizadas desde 1992 con la nación Kuikuro, se han documentado amplias prácticas de gestión del paisaje, como la creación y gestión de suelos antrópicos, la quema del paisaje y tecnologías avanzadas de gestión del agua y la pesca. Estas prácticas transformaron los bosques nativos en bosques culturales, demostrando la significativa influencia de los pueblos indígenas en la biodiversidad. En 2017 se estableció el Punto de Esperanza del Xingu en colaboración con Mission Blue y el Instituto Puente, junto con un Sistema de Información Geográfica (SIG) basado en la nube para la comunidad indígena Kuikuro. Este sistema integra datos procedentes de la cartografía arqueológica y del patrimonio cultural para supervisar variables socioecológicas, mostrando cómo el conocimiento indígena combinado con la tecnología moderna puede abordar retos medioambientales y sanitarios [25][25] Levis, C., Flores, B. M., Campos-Silva, J. V., Peroni, N., Staal, A., Padgurschi, M. C. G., … y Clement, C. R. (2024). Contributions of human cultures to biodiversity and ecosystem conservation [Contribución de las culturas humanas a la conservación de la biodiversidad y los ecosistemas]. Nature Ecology & Evolution, 8(5), 866-879. Dispobible aquí: https://doi.org/10.1038/s41559-024-02356-1.
Casos como éste subrayan la crucial importancia de integrar la sabiduría de los pueblos indígenas y las comunidades locales en la planificación y la formulación de políticas medioambientales. Las soluciones deben ser culturalmente apropiadas, técnicamente sólidas y diseñadas para fomentar eficazmente una amplia participación de la comunidad con el fin de mitigar los riesgos medioambientales. Igual de fundamental es fomentar la colaboración entre los funcionarios del gobierno y los miembros de la comunidad para garantizar que todas las voces sean escuchadas y valoradas. La incorporación de métodos decoloniales, que hacen hincapié en el cuidado, la reciprocidad y la solidaridad, enriquece aún más este enfoque, proporcionando un marco global e integrador para el desarrollo sostenible.
Esta estrategia global ofrece a ciudades como Manaos una oportunidad decisiva para establecer nuevas normas de gestión del agua urbana, que podrían servir de modelo para otras ciudades brasileñas y de otros países. La integración de los conocimientos tradicionales con los esfuerzos de conservación contemporáneos genera armonía entre el desarrollo urbano y los recursos naturales. Este enfoque respeta la sabiduría ancestral y la aprovecha para construir comunidades resilientes. Arraigado en una visión holística de la naturaleza, un marco de cuidado y reciprocidad puede ayudar a «posponer el fin del mundo», como sugiere Ailton Krenak, fomentando el reconocimiento mutuo y las prácticas medioambientales sostenibles. Esta estrategia conduce a resultados más eficaces y apoya el empoderamiento y la resiliencia de las comunidades, garantizando un papel activo en la configuración de su futuro.
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