Tensiones globales y soberanía comercial

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Pedro Manuel Moreno

Feb, 2024
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Hace falta un mundo para alimentar un mundo. No sería posible, en este siglo XXI con 8 mil millones de personas sobre la faz de la tierra, alimentar a toda la población mundial sin comercio internacional. Lo mismo sucede en materia de energía y de transición verde: existen muy pocos países en la actualidad que sean realmente soberanos en alimentos y energía. Países que, en términos estrictos, produzcan suficiente comida o energía para sí mismos. Es por ello que, para hablar de soberanía alimentaria o de seguridad energética, debemos por fuerza hablar de soberanía comercial. La soberanía comercial se refiere a la capacidad de cada Estado de tener acceso al mercado global, pero a través de cadenas de suministros fiables, económicas y cercanas. Sin temor a represalias ni a imprevistos. Podríamos decir que un país importador de alimentos es soberano en alimentación, si también lo es en comercio. El mismo razonamiento es aplicable a la energía. Lo demuestran los números y los hechos: según un estudio que publicó el verano pasado la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) [1][1] FAO, IFAD, UNICEF, WFP and WHO. 2023. The State of Food Security and Nutrition in the World 2023. Urbanization, agrifood systems transformation and healthy diets across the rural–urban continuum [El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2023. Urbanización, transformación de los sistemas agroalimentarios y dietas saludables a lo largo del continuo rural-urbano]. Roma, FAO. Disponible aquí: https://www.fao.org/documents/card/es/c/CC3017ES, entre 2019 y la actualidad, 122 millones de personas más están padeciendo hambre en el mundo. En el campo energético, 75 millones de personas que habían conseguido acceso a la electricidad, lo han perdido; y 100 millones más recurren a la biomasa para cocinar. La cual, como comprobamos dolorosamente durante la pandemia de Covid-19, es tóxica y puede ser letal.
Foto_ Michaela Kash_ CC BY 2.0
En definitiva, dicho informe de la FAO dibuja un escenario muy preocupante sobre el estado de la seguridad alimentaria y energética en el mundo. Ambas están menguando a nivel global, en parte por una razón climatológica: desertificación de los suelos, desastres naturales, sequías, inundaciones, fenómenos metereológicos extremos. También hay una explicación de naturaleza económica: subida de los precios, aumento de la pobreza, problemas de deuda y de divisa a nivel macroeconómico… Pero hay una tercera razón, menos comentada, que es el comercio. Vivimos en un momento de fuertes tensiones geopolíticas que nos están llevando, como el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) reconoce, a una fragmentación geopolítica y geoeconómica que, de alcanzar el escenario más pesimista, provocaría una caída de más de un 5% en el Producto Interior Bruto (PIB) mundial [2][2] International Monetary Fund. 2023. World Economic Outlook: Navigating Global Divergences [Perspectivas de la economía global. Abordar las divergencias mundiales]. Washington, DC. Octubre. Disponible aquí: https://www.imf.org/en/Publications/WEO/Issues/2023/10/10/world-economic-outlook-october-2023. Es decir, un descenso equivalente a dos pandemias como la del Covid-19.
La seguridad alimentaria y la seguridad energética están menguando en el mundo actual, debido a razones climatológicas y económicas, pero también comerciales.

Lo que esto significa es que hay países perdiendo soberanía comercial porque han aumentado los imprevistos. Imprevistos como la pandemia que mencionábamos, que desencadenó un lockdown mundial con consecuencias económicas y financieras que llegan hasta la actualidad; o como el caso del buque Ever Given, por dar otro ejemplo. Dicho buque portacontenedores se quedó atascado en el Canal de Suez en marzo de 2021 y congeló 10 mil millones de dólares de comercio al día, durante los seis días que estuvo encallado.

Es claro que en el mundo actual han aumentado los imprevistos, y han aumentado también las represalias. Existe un concepto muy en boga actualmente, y es el de friendshoring. Esto es, el proceso de llevar las cadenas de suministro a los «países amigos». El problema de este fenómeno emergente es que la amistad no es siempre, como sabemos, una relación simétrica; y muchos malos amigos a veces caen en la vieja falacia de creer que el amigo de mi amigo es mi amigo. O que el enemigo de mi amigo es también mi enemigo. Ese tipo de pensamiento se vuelve más peligroso en un contexto de guerra, como al que asistimos, especialmente en Europa, desde el estallido del conflicto entre Rusia y Ucrania.


Black Grain Initiative: el comercio global en tiempos de guerra

Cuando estalló la guerra entre Ucrania y Rusia, ambos países encontraron enormes dificultades para exportar sus cosechas y sus fertilizantes. Se trata de dos de los principales países productores de granos a nivel global, los cuales, además, se destinaban en su mayoría a los países del Sur. A los países más pobres del planeta.

El año anterior a la guerra, Ucrania y Rusia en conjunto exportaron el 27% de todo el trigo del mundo, el 23% de toda la cebada del mundo, el 14% de todo el maíz y el 53% de todo el aceite de girasol. Nos hallábamos, por tanto, ante un problema alimentario de raíz comercial, frente al que era necesario actuar rápido.

Así lo hizo la Organización de Naciones Unidas (ONU), de la mano de su secretario General, Antonio Guterres; de la Secretaria General de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD), Rebeca Grynspan; y de la mano de Turquía y de importantes aliados en Europa, África y Norteamérica. La Black Sea Grain Initiative, que luego se llamó Black Initiative porque incluyó también fertilizantes y amoníaco, fue ante todo una iniciativa en busca de recuperar la soberanía alimentaria a través de la soberanía comercial.

Los alimentos y los rubros esenciales para la vida no pueden ser objeto ni de guerra, ni de sanción.

Tras este esfuerzo conjunto que fue la Black Initiative subyacía una premisa fundamental en el ámbito del desarrollo y de los derechos humanos: que los alimentos y los rubros esenciales para la vida no pueden ser objeto ni de guerra, ni de sanción. Esto es algo que, aunque esté bien respaldado por el derecho internacional, es muy difícil de materializar en la realidad. Pues en el comercio internacional intervienen cadenas de valor complejas, y todo se vuelve más difícil todavía en el contexto de una guerra.

Por poner un ejemplo, un teléfono móvil tiene más de 34 componentes, proviniendo de más de 200 suministradores de todos los rincones del mundo. Desde el coltán centroamericano hasta el litio sudamericano, pasando por la pantalla coreana, el ensamblaje chino, el marketing sueco y el diseño de software japonés. Este teléfono pudo haber llegado a nuestros bolsillos a través del Porto de Santos en Brasil, en un barco griego navegando bajo una bandera de Liberia, usando una aseguradora británica y el financiamiento de un banco del Golfo Árabe.

El grano de trigo, si bien es un rubro, tiene una cadena de suministro tan solo un poquito menos compleja, pero depende también de un centenar de contrapartes. Y es además objeto de especulación financiera en la Bolsa de Chicago.

Así, para sacar adelante la Black Initiative, tuvimos que hablar con cada una de todas esas contrapartes —aseguradoras, transportistas, etc.— en todos los ámbitos gubernmentales y del sector privado.

Foto_ Damian Siwiaszczyk_ CC BY 2.0

Por tanto, podemos afirmar que la iniciativa conjunta Black Initiative, que logró sacar más de 32 millones de toneladas de grano de Ucrania en plena guerra, es un éxito del multilateralismo que demuestra que hace falta regular, más y mejor, el comercio mundial. Y eso pasa por luchar contra la opacidad y la especulación, así como fomentar la descarbonización de las cadenas de logística globales.


Hungry people, angry people: seguridad alimentaria y energética como condición indispensable para la paz

La seguridad alimentaria y la seguridad energética no son solo una cuestión humanitaria, sino también una cuestión de paz y de estabilidad. Como decía Bob Marley, «hungry people are angry people». O, como reza también un famoso refrán brasileño, «saco vazio não para em pé». Una bolsa vacía no se puede mantener en pie. No podemos esperar que nuestras sociedades se mantengan erguidas y florezcan, si muchos de sus habitantes están agobiados por el hambre y la pobreza.

La seguridad alimentaria y la seguridad energética no son solo una cuestión humanitaria, sino también una cuestión de paz y de estabilidad.

Esto lo sabe muy bien Brasil, cuyo Amazonas nutre a la tierra y cuyos agricultores nutren al mundo. El año pasado precisamente se cumplieron dos décadas del lanzamiento del programa Fame Cero (Hambre Cero), que fue una de las primeras acciones del gobierno del presidente Lula Da Silva en su primer mandato, y uno de los programas de política pública más exitosos en la lucha contra el hambre de la historia. Un programa que marcó un antes y un después en el mundo del desarrollo, y que demuestra cómo un país puede progresar si trabaja concienzudamente para llenar esas «bolsas vacías» con el necesario alimento, pero también con oportunidades y con esperanza.

Geopolitizar el comercio no logrará ninguno de estos objetivos, ni dará lugar a una mejora de la soberanía alimentaria o la seguridad energética en el mundo. En este mundo interconectado en el que, sin ninguna duda, las repercusiones del hambre y la oscuridad nos pueden afectar a todos. Hoy más que nunca, la interdependencia global nos demuestra que los desafíos globales requieren soluciones globales.


Multilateralismo optimista: el comercio como vehículo de bienestar y desarrollo

La UNCTAD nació en el año 1964, junto con el G77, como contrapunto a la Organización Mundial del Comercio (OMC). Con la idea de ser un puente entre el Sur Global y el Norte, su vocación es la de facilitar el acceso de los países menos desarrollados a la economía global. El deber de la UNCTAD es el de atender los problemas globales más apremiantes en materia de comercio y desarrollo, y si algo tenemos claro quienes formamos parte de la Conferencia, es que la única manera de hacer esto bien es hacerlo de forma multilateral.

El comercio, como vehículo de bienestar y de desarrollo, no puede ser objeto de luchas de poder ni de divisiones geopolíticas.

El comercio, como vehículo de bienestar y de desarrollo, no puede ser objeto de luchas de poder ni de divisiones geopolíticas. Es por ello que necesitamos apremiantemente acordar reglas universales, con perspectiva de desarrollo y de transición ecológica. Los desafíos que enfrentamos no reconocen fronteras. Por tanto, tampoco pueden hacerlo nuestras soluciones.

Necesitamos promover una cooperación internacional basada en reglas justas, transparentes y equitativas. En la construcción de un mundo en el que, pese a nuestras diferencias, podamos encontrar consensos y trabajar en pro de un futuro común. De un multilateralismo renovado, que no solo reconozca las realidades de este siglo, sino que las anticipe y las oriente hacia la consecución de un mundo más justo, más sostenible y más pacífico.

Pero no podemos quedarnos solo en el diagnóstico: necesitamos plantear ideas, pensar «out of the box», como dicen los anglosajones. Necesitamos soluciones concretas que entiendan que solamente desde una perspectiva multilateral vamos a poder abordar los problemas globales.

La tarea no es sencilla, pero si logramos sacar 32 millones de toneladas de grano en plena guerra, es porque nunca perdimos la confianza en el multilateralismo. En que,con voluntad y compromiso, los cambios son posibles. Al fin y al cabo, el optimismo también es un valor del multilateralismo.

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