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Ivana Vasic-Lalovic
-Actualizado en mayo 2024-
¿Un nuevo shock Volcker?
En un discurso pronunciado tras las Reuniones Anuales del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial en octubre de 2023, Joseph Stiglitz comparó la inminente crisis de la deuda actual con la de la década de 1980, precipitada por una fuerte subida de los tipos de interés de la Reserva Federal estadounidense, conocida como el «shock Volcker» [1][1] Stiglitz, J. (2023). Dealing with Debt Crises: Taking stock after Marrakech [Afrontar las crisis de la deuda: Balance después de Marrakech]. París, Francia, 16 de octubre de 2023. Disponible aquí: https://findevlab.org/dealing-with-debt-crises-key-takeaways-of-our-conference/. Las subidas extremas de los tipos de interés provocaron que la deuda se volviera insostenible para los países en desarrollo, dando lugar a una «década perdida» que en América Latina se caracterizaría por impagos y por las oleadas de austeridad que les siguieron. Como ocurrió entonces, las subidas de tipos de la Reserva Federal desde 2022 han provocado un incremento de la volatilidad financiera, la depreciación de los tipos de cambio y una importante fuga de capitales en los países en desarrollo, aumentando sustancialmente el riesgo de impago.
En la práctica, el importante déficit de financiación climática y para el desarrollo, combinado con la ausencia de mecanismos eficaces para abordar problemas de deuda soberana, implican que los países en desarrollo carecen de vías significativas de recuperación y resiliencia frente a futuros shocks. En un momento en el que se requiere financiación urgente para cubrir las demandas de resiliencia climática, conservación de la biodiversidad y de servicios públicos como la sanidad y las infraestructuras, los países en desarrollo se están viendo obligados a canalizar sus escasos recursos hacia sus acreedores. Sin una reforma profunda de la arquitectura financiera internacional, que incluya un alivio significativo de la deuda, muchos países de todo el mundo podrían verse abocados a otra década perdida, o a algo peor.
Ante catástrofes climáticas cada vez más frecuentes, los países de renta baja y media carecen de recursos para cubrir daños y pérdidas, por lo que no les queda más remedio que endeudarse para financiar una respuesta adecuada.
Otra vuelta de tuerca al círculo vicioso
Para los países más vulnerables, el aumento de la carga de deuda y las difíciles condiciones económicas mundiales adquieren una nueva dimensión en el contexto del cambio climático, atrapándolos en un círculo vicioso. Una arquitectura financiera mundial injusta los mantiene endeudados, al tiempo que bloquea sus avances en términos de acción climática y protección de la biodiversidad, y otros de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Ante catástrofes climáticas cada vez más frecuentes, los países de renta baja y media carecen de recursos para cubrir daños y pérdidas, por lo que no les queda más remedio que endeudarse para financiar una respuesta adecuada. La estructura de la deuda supone un problema adicional, ya que quienes actualmente poseen la mayor parte de las acciones de países en desarrollo son acreedores privados, mayoritariamente bonistas particulares, que prestan a precio de mercado. Esto también se traduce en intereses más altos para los países de renta baja y media. Además, la deuda de este tipo de acreedores tiene períodos de vencimiento más cortos y es difícil de reestructurar. En ese sentido, los países de renta media son los más afectados, ya que no tienen el mismo acceso a mecanismos de financiación concesional con condiciones favorables que sus contrapartes de rentas bajas. Para empeorar las cosas, muchos de estos países ya enfrentan condiciones desfavorables de préstamo por el riesgo percibido de su vulnerabilidad climática, lo que se traduce en una carga de deuda aún mayor. [4][4] Buhr, B., y Volz, U. (2018). Climate Change and the Cost of Capital in Developing Countries; Assessing the Impact of Climate Risks on Sovereign Borrowing Costs [El cambio climático y el coste del capital en los países en desarrollo; evaluación del impacto de los riesgos climáticos en los costes de los empréstitos soberanos]. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Disponible aquí: https://www.v-20.org/wp-content/uploads/2020/12/Climate_Change_and_the_Cost_of_Capital_in_Developing_Countries.pdf
Muchos países de renta media ya enfrentan condiciones desfavorables de préstamo por el riesgo percibido de su vulnerabilidad climática, lo que se traduce en una carga de deuda aún mayor.
La inadecuada respuesta internacional
Los países ricos y los líderes de las instituciones financieras internacionales ya han expresado su preocupación por la crisis climática y reconocido los problemas que plantea el aumento de la carga de deuda para el Sur Global. En su cumbre más reciente, el G7 reconoció que «responder a los desafíos globales, incluida la crisis climática, y abordar las vulnerabilidades de la deuda en los países de ingresos bajos y medios son necesidades urgentes, interrelacionadas y que se refuerzan mutuamente» [5][5] Comunicado de los líderes del G7 en Hiroshima (2023), 20 de mayo. La Casa Blanca. Disponible aquí: https://www.whitehouse.gov/briefing-room/statements-releases/2023/05/20/g7-hiroshima-leaders-communique/. Pese a todo, la respuesta de los países en destarrollo a estas crisis interrelacionadas ha sido tan limitada como inadecuada a sus necesidades.
La falta de un mecanismo global para gestión de la deuda sigue siendo uno de los factores clave que evitan que países altamente endeudados logren acceder a vías sostenibles de recuperación. El G20 lanzó en 2021 el Marco Común, una plataforma de resolución de deuda para países en desarrollo tras la crisis de la pandemia de COVID-19. Sin embargo, este mecanismo excluye a la mayoría de países de renta media y no abarca deuda de acreedores multilaterales. En tres años, apenas cuatro países han realizado solicitudes de reestructuración a través del Marco Común. Además, este tampoco garantiza la igualdad de trato para las distintas clases de acreedores, lo que se traduce en un proceso burocrático, largo y muy complicado para los países deudores, y que no acaba de proporcionar un alivio de deuda suficiente.
Medidas para un alivio inmediato y duradero
Para romper el círculo vicioso es necesaria una reforma radical de la arquitectura financiera internacional, que abarque la creación de un marco fiable de gestión de la deuda. Naciones Unidas ya ha propuesto un mecanismo, abierto a todos los países, que facilitaría negociar la resolución de deuda de todas las clases de acreedores de una manera mucho más rápida, evitando reestructuraciones «demasiado pequeñas, que llegan demasiado tarde» [8][8] Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (2015). Sovereign Debt Workouts: Going Forward [Reestructuración de la deuda soberana: una mirada al futuro]. Disponible aquí: https://unctad.org/system/files/official-document/gdsddf2015misc1_en.pdf. Un alivio significativo de la deuda es una pieza clave para la sostenibilidad del sistema global. Daría un margen fiscal que muchos países podrían dedicar a necesidades públicas, climáticas, a la protección de la biodiversidad y al desarrollo, en lugar de canalizar sus escasos recursos a acreedores.
Una respuesta internacional integral también debería incluir un aumento sustancial de la financiación basada en transferencias directas no reembolsables para acelerar la inversión nacional en adaptación y mitigación climática y el cumplimiento de otros ODS. No ha sido hasta hace poco que, tras décadas de presión por parte de las naciones más afectadas por el cambio climático, los países ricos se han comprometido a participar de un fondo financiero que proporcione apoyo contra los efectos del cambio climático: En la 28ª Conferencia de la ONU sobre cambio climático (COP28) se adoptó la decisión de ponerlo en macha, y algunos de los Estados formularon promesas iniciales de unos 650 millones de dólares [9][9] H. Julia. (2023). What Countries Have Pledged to the “Loss and Damage” Climate Change Fund [Lo que los países han prometido para el Fondo de «Pérdidas y Daños» para el Cambio Climático]. US News & World Report, 12 de diciembre de 2023. Disponible aquí: https://www.usnews.com/news/best-countries/articles/2023-12-12/country-pledges-to-the-loss-and-damage-climate-change-fund. Para ser efectivo, el llamado Fondo de Pérdidas y Daños debe constituirse mediante la participación democrática de los países en desarrollo, y con más financiación para prestar un apoyo eficaz. Estados Unidos, por ejemplo, ha prometido apenas 17,5 millones de dólares.
Un alivio significativo de la deuda es una pieza clave para la sostenibilidad del sistema global.
Además, el FMI debería eliminar permanentemente los sobrecargos, es decir, las tasas adicionales que se cobran a los países prestatarios y que, según las proyecciones, les cuestan en torno a 2 mil millones de dólares al año. Al aumentar los tipos de interés, que han subido hasta el 8% para algunos prestatarios del FMI, los sobrecargos suponen una carga adicional para los países de renta media que ya están luchando para dar respuesta a desastres climáticos y satisfacer sus necesidades públicas más básicas [10][10] Vasic-Lalovic, I., Galant, M., y Amsler, F. (2024). A Broader Impact Than Ever Before: An Updated Estimate of the IMF’s Surcharges [Un impacto más amplio que nunca: Una estimación actualizada de los sobrecargos del FMI]. Washington, DC: Center for Economic and Policy Research. Disponible aquí: https://cepr.net/report/a-broader-impact-than-ever-before-an-updated-estimate-of-the-imfs-surcharges/.
En conclusión, sin una intervención decidida, los países de renta baja y media estarán al borde de una nueva década perdida y de sufrir los efectos irreversibles del cambio climático, que tendrá consecuencias mundiales imprevisibles. Los países que se enfrentan al cambio climático, al colapso de la biodiversidad, a importantes restricciones fiscales y a una inminente crisis de deuda necesitan de una respuesta global integral. Una que, como se expone en estas líneas, debe contemplar mecanismos fiables y plurales de alivio, reestructuración y cancelación de deuda de todas las clases de acreedores. Esto exigirá una financiación considerablemente mayor a la que se maneja hoy en día, basada en transferencias directas de los países ricos, que permitan cumplir las prioridades de inversión en clima, biodiversidad y otros ODS. A corto plazo, una nueva asignación de 650 mil millones de dólares de Derechos Especiales de Giro creará espacio fiscal, reducirá el riesgo cambiario y ayudará a los países de renta baja y media a hacer frente a sus necesidades públicas inmediatas.
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