Por qué las democracias deben cumplir

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Salil Shetty |
Omar Waraich
Jul-Dic, 2023
-Actualizado en marzo 2024-
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Cuando el pueblo de Brasil se deshizo del gobierno autoritario de Jair Bolsonaro, las celebraciones se oyeron mucho más allá de Bahía, Pernambuco y Maranhão. En todo el mundo, numerosos países han sido testigos de cómo algunos personajes caudillescos llegaban al poder a través de las urnas, utilizando su tiempo en el cargo para destripar la democracia desde dentro. Para los alarmados espectadores de tal deterioro democrático, la caída de Bolsonaro supuso la apertura de una nueva ventana de oportunidad. «Gracias, Brasil», publicó en las redes sociales la periodista india Rana Ayyub, justo cuando se confirmó la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva. «Nos das esperanza».

Las victorias electorales de partidos progresistas en Brasil, Chile, Colombia y Guatemala en los últimos años ofrecen esperanza no sólo a la región, que había caído a sus niveles más bajos de declive democrático desde el final de la Guerra Fría; sino también a las minorías y otros grupos de personas de todo el mundo —especialmente en el Sur global— que resisten la embestida de las fuerzas autocráticas en sus propios países. También infunden ánimo los recientes triunfos electorales en países tan diversos como Zambia, Polonia, Eslovenia y Malasia, donde las fuerzas democráticas también han protagonizado una impresionante remontada.

Se trata de una lucha que no será fácil. Según el Informe sobre la Democracia 2023 del instituto de investigación sueco V-Dem, los avances en los niveles globales de democracia de los últimos 35 años han sido «aniquilados». En 2022, casi tres cuartas partes de la población mundial vivía bajo regímenes autocráticos. Por primera vez en más de dos décadas, hay más dictaduras que democracias en el mundo. Actualmente hay 42 países que se están «autocratizando» y sólo 14 que se están «democratizando» [1][1] Democracy Report 2023, Defiance in the Face of Autocratization [Informe sobre la Democracia 2023, Desafiar la autocratización] V-Dem Institute, University of Gothemburg, 2023. Disponible aquí: https://www.v-dem.net/documents/29/V-dem_democracyreport2023_lowres.pdf. Para consolidar su dominio, los autócratas también atacan a sus oponentes con una impunidad despiadada: los apartan del proceso político, los encarcelan o, en el trágico caso del líder opositor ruso Alexei Navalny, aparentemente los asesinan.

Foto_ Sebastián Poch Velasco_ CC BY 2.0

Pero la fe en la democracia no ha desaparecido. Como registró el Barómetro de Open Society de 2023, una media mundial del 86% de la población reconoce la importancia de vivir en democracia. Algunas de las cifras más altas de respaldo democrático corresponden a países donde la democracia ha sufrido grandes retrocesos o está ausente por completo: el 96% de los ciudadanos de Turquía, el 95% de los de China y el 93% de los de Egipto, frente al 80% de los de Estados Unidos (EE.UU.) [2][2] Open Society Barometer [Barómetro de Open Society], Open Society Foundations, 2023. Disponible aquí: https://www.opensocietyfoundations.org/uploads/e6cd5a09-cd19-4587-aa06-368d3fc78917/open-society-barometer-can-democracy-deliver-20230911.pdf. La democracia es también, por abrumadora mayoría, la forma de gobierno preferida. Sólo una quinta parte de la población cree que los países autoritarios son más capaces de ofrecer «lo que los ciudadanos quieren».


La democracia no funciona

El problema es que la democracia no funciona en su forma actual. Lo vemos, por ejemplo, en las reacciones de muchos gobiernos ante el increíble sufrimiento humano en Gaza. Incluso cuando el número de muertos se acerca a los 30.000 civiles, cientos de miles de personas salen a las calles cada semana y grandes mayorías ciudadanas piden un alto el fuego para poner fin al sufrimiento humano, los gobiernos de muchas capitales occidentales permanecen impasibles. La democracia no puede reducirse a un ejercicio procedimental realizado una vez cada cuatro o cinco años. Debe ser un esfuerzo sostenido para responder a las necesidades de la gente y rendir cuentas también a lo largo de los periodos no electorales.

Numerosos países del mundo han sido testigo de cómo ciertos personajes caudillescos, llegados al poder a través de las urnas, han utilizado su tiempo en el cargo para destripar la democracia desde dentro.
Durante demasiado tiempo ha existido una concepción estrecha y limitada de la democracia, centrada en las elecciones, en cómo se transfiere el poder y no en cómo se ejerce. El mero hecho de que se celebren elecciones con cierta frecuencia no es suficiente. De hecho, los retrocesos más graves de la democracia en los últimos años se han producido cuando hombres autoritarios y violentos, que decían representar la voluntad popular, han utilizado las elecciones para hacerse con el poder. Este tipo de individuos son más peligrosos que los dictadores militares. Utilizan las elecciones para afirmar la legitimidad de su gobierno, pasan su tiempo en el poder aplastando las propias instituciones de las que depende la democracia y luego amañan el proceso para bloquear cualquier intento de controlar, cuestionar u obstaculizar su mandato.

Los sistemas democráticos de los que disponemos en la actualidad son inadecuados para los contextos a los que nos enfrentamos. Diseñados por patriarcas que buscaban preservar sus privilegios, no representan los intereses de las mujeres ni de los jóvenes. También llama la atención la ausencia de líderes jóvenes o mujeres en los países que han revitalizado sus democracias.

En el referéndum del Brexit, el 70% de los votantes británicos de entre 18 y 24 años votaron por la permanencia. En el caso de las mujeres de esa categoría de edad, la cifra fue superior, del 80%. Mujeres de todo el mundo están reclamando cada vez más enérgicamente la igualdad salarial pero, por desgracia, aún estamos lejos de alcanzar la paridad de género a nivel de ingresos. En Chile, México y Sudáfrica, este porcentaje ha aumentado un 10% en los últimos 30 años. Sin embargo, esta disminución de la brecha de género no ha ido acompañada de una mayor participación en sus sistemas políticos.

Las mujeres han estado a menudo al frente de los movimientos de resistencia a la autocracia. En Brasil, hubo protestas contra la misoginia de Bolsonaro desde el momento en que se postuló a la presidencia, a través de las famosas movilizaciones #EleNao («Él no»). Una cifra récord de mujeres indígenas se presentaron a cargos públicos en las últimas elecciones. En India, las mujeres han sido una pieza clave de los movimientos sociales, desde las protestas contra la Ley de Enmienda de la Ciudadanía Antimusulmana hasta la labor de justicia económica de la Asociación de Trabajadoras Autónomas (SEWA), sindicato que representa a dos millones de mujeres indias del sector informal.

Según la OIT, la tasa mundial de desempleo juvenil es más de tres veces superior a la de los adultos. En Sri Lanka, casi una cuarta parte de los menores de 30 años están desempleados. En España, son casi el 30%, y en Sudáfrica, la cifra asciende a un escalofriante 60%.
Mientras tanto, se registran altos niveles de desafección política entre los jóvenes, provocada en parte por la creciente desigualdad de ingresos que les perjudica. Según la Organización Internacional del Trabajo, la tasa mundial de desempleo juvenil es más de tres veces superior a la de los adultos. En Sri Lanka, casi una cuarta parte de los menores de 30 años están desempleados. En España, son casi el 30%, y en Sudáfrica, la cifra asciende a un espeluznante 60% [3][3] Tendencias mundiales del empleo juvenil, Organización Internacional del Trabajo (OIT), Ginebra, 2006. Disponible aquí: https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—dgreports/—dcomm/documents/publication/wcms_077664.pdf. Entre los trabajadores en activo, los jóvenes tienen el doble de probabilidades que los adultos de vivir en la pobreza extrema, es decir, ganando menos de 2 dólares al día.


Juventud, clima y tecnología

Pero no son sólo las cuestiones económicas las que les preocupan. Los jóvenes también perciben la democracia en términos muy diferentes. Aunque la participación de los jóvenes es relativamente alta en América Latina, las cifras son sorprendentemente inferiores a las de los adultos en el resto del mundo. Los jóvenes son menos proclives a afiliarse a partidos políticos. La clase política no aborda sus preocupaciones más importantes, como los estragos del cambio climático. Una reciente encuesta mundial reveló que tres cuartas partes de los jóvenes creen que «el futuro es aterrador». En Filipinas, esa cifra es del 92% [4][4] HICKMAN, Caroline; MARKS, Elizabeth; PIHKALA, Panu; CLAYTON, Susan; LEWANDOWSKI, R Eric; MAYALL, Elouise E; WRAY, Britt; MELLOR, Catriona y VAN SUSTEREN, Lise, (2021) Climate anxiety in children and young people and their beliefs about government responses to climate change: a global survey [Ansiedad climática en niños y jóvenes y sus creencias sobre las respuestas de los gobiernos al cambio climático: una encuesta mundial], Lancet Planet Health, Vol 5, diciembre 2021. Disponible aquí: https://www.thelancet.com/action/showPdf?pii=S2542-5196%2821%2900278-3.

A pesar del temor a unas perspectivas sombrías, los investigadores señalan que los jóvenes están más comprometidos cívicamente que nunca. Participan más en sus comunidades. Participan en manifestaciones. Mantienen opiniones firmes sobre cuestiones importantes que afectan a sus vidas y al mundo que les rodea, lo que se pone de manifiesto en la proliferación de plataformas de redes sociales en las que buscan y reaccionan a las noticias, alejados de los medios tradicionales [5][5] How Young People Consume News and The Implications For Mainstream Media [Cómo consumen noticias los jóvenes y sus implicaciones para los grandes medios de comunicación], Reuters Institute for the Study of Journalism, Universidad de Oxford, 2019. Disponible aquí: https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/sites/default/files/2021-02/FlamingoxREUTERS-Report-Full-KG-V28.pdf. Sin embargo, no parecen tener fe en los sistemas de gobernanza que han construido el mundo injusto que heredarán.

Estamos en medio de lo que algunos analistas han denominado «la policrisis»: la experiencia colectiva a la que se enfrenta la humanidad en forma de confluencia de múltiples crisis superpuestas. Entre ellas figuran la carga de la deuda de algunos de los países más pobres del mundo, los efectos duraderos de la pandemia, el estallido de conflictos armados y las conmociones que han provocado en todo el mundo; así como el aumento vertiginoso de los precios de la energía y las materias primas, y el coste general de la vida. Las democracias disfuncionales son incapaces de resolver estas crisis. Necesitamos una gobernanza mejor y más receptiva para empezar a abordar esta difícil tarea.

Una trágica consecuencia del ascenso de los autócratas ha sido su insensible actitud hacia el medio ambiente, ejemplificada por los nefastos años de Jair Bolsonaro al frente de Brasil. La Amazonía fue devastada a una velocidad vertiginosa, y será difícil revertir la situación. Los autócratas suponen una doble amenaza para el clima: no sólo niegan los hechos constatados por la ciencia, sino que también están dispuestos a acelerar su destrucción para alimentar la insaciable codicia de las industrias extractivas que financian sus gobiernos.

Las generaciones venideras no están dispuestas a esperar a que los lentos y débiles compromisos de las democracias procedimentales aborden estas crisis existenciales, de ciclo electoral en ciclo electoral.

Las generaciones venideras no están dispuestas a esperar a que los lentos y débiles compromisos de las democracias procedimentales aborden estas crisis existenciales, de ciclo electoral a ciclo electoral. Como un correlato de la tecnología que define cada vez más sus vidas, quieren ver una gobernanza receptiva y responsable en tiempo real. Esta tensión se agudizará con los avances de la inteligencia artificial generativa, que traerá nuevas consecuencias a sus vidas, no todas positivas. Ya estamos viendo los efectos de la inteligencia artificial utilizada para manipular los flujos de información, especialmente durante las elecciones. Los efectos más amplios de la inteligencia artificial reconfigurarán las economías, lo que podría conducir a la pérdida de puestos de trabajo y a una mayor precariedad económica para los jóvenes.

Los jóvenes, como cualquier grupo social, tienen opiniones diversas. Un efecto negativo de la ubicuidad de la tecnología es que ha expuesto a más jóvenes que nunca a las seducciones de demagogos profesionales, que ofrecen explicaciones simplistas y soluciones prefabricadas, envueltas en ideas tóxicas asociadas al etnonacionalismo, el extremismo religioso y otras peligrosas variedades de fractura social. La incapacidad de crear un sistema de gobierno que responda a sus necesidades reforzará aún más el atractivo de estos mercaderes del odio.


Democracias eficaces

Sanear la democracia significa crear democracias que funcionen. Se trata, en parte, de una cuestión económica. Hemos visto que el declive de las democracias en las últimas décadas está correlacionado con el aumento de la desigualdad. Esto no tendría por qué haber sido así. El aumento del crecimiento podría, con la aplicación de una política eficaz, haber disminuido la desigualdad. Pero el triunfo del neoliberalismo a principios de la década de 1980 provocó que la acumulación de riqueza privada, favorecida por la relajación de las normativas y los impuestos, se valorara por encima de todo lo demás. El resultado, una generación después, es que el 1% más rico es el que más se ha beneficiado en unas sociedades que se han vuelto asombrosamente menos igualitarias y menos democráticas.

A los autócratas les gusta posicionarse en contra de las élites, pero a menudo generan una clase capitalista que les ayuda a consolidar su dominio. Esto es evidente en Rusia, donde Putin se rodeó de una nueva clase oligárquica a medida que se afianzaba en el poder. Pero también es evidente en países como la India, donde un raj multimillonario se ha repartido grandes porciones de la economía, incluso arrebatando el control de medios de comunicación antaño dinámicos e independientes para convertirlos en instrumentos dóciles al servicio del partido gobernante

B. R. Ambedkar ya advirtió que la ceremonia de la igualdad política celebrada a través de las urnas en la forma de «una persona, un voto» no sobrevivirá si otras desigualdades permanecen intactas.

El fracaso a la hora de crear un orden más equitativo puede poner en peligro las democracias. B. R. Ambedkar, uno de los principales autores de la Constitución india, ya advirtió que la ceremonia de la igualdad política celebrada a través de las urnas en la forma de “una persona, un voto” no sobrevivirá si otras desigualdades permanecen intactas. «¿Cuánto tiempo seguiremos negando la igualdad en nuestra vida social y económica?», se preguntó en un poderoso discurso pronunciado en el Parlamento en 1949. «Si seguimos negándola durante mucho tiempo, estaremos poniendo en peligro nuestra democracia política. Debemos eliminar esta contradicción lo antes posible o, de lo contrario, los que sufren la desigualdad social y económica harán saltar por los aires la estructura de la democracia política».

Túnez fue la cuna de la Primavera Árabe, con una revolución desencadenada por la desesperación de un vendedor ambulante. Durante la última década, en la que los sucesivos gobiernos apenas duraron una media de un año, la cultura de la corrupción y el clientelismo se mantuvo incólume. La desigualdad persistió dentro de las ciudades y entre las regiones. La mala gestión de la pandemia, que provocó la segunda tasa de mortalidad más alta de África, desencadenó el autogolpe del Presidente Kais Saied. La generación que lideró la revolución no lamentó la marcha de la clase política que les había traicionado. A medida que se agota la breve experiencia democrática del país, la tasa de desempleo juvenil es ahora más alta que en vísperas de la revolución de 2010.


Sueños de dignidad

Menos desigualdad es una garantía necesaria, pero insuficiente, de una democracia que cumple. Hemos visto a personas dispuestas a infligir un gran daño a sus democracias sin ninguna promesa de recompensa económica. La decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea (UE) no puede explicarse por factores económicos. El país es ahora más pobre que su antigua colonia, la India. Otra antigua colonia, Irlanda, cuenta ahora con un Producto Interior Bruto per cápita tres veces superior, siendo la pertenencia a la UE una fuente clave de su sólido crecimiento. La idea que animó la campaña del Brexit fue la búsqueda del «control», de la «soberanía». Por ridícula que parezca la idea de que un antiguo imperio pierda su soberanía, tuvo una amplia repercusión

La idea que animó la campaña del Brexit fue la búsqueda de la «soberanía». Por ridícula que parezca la idea de que un antiguo imperio pierda su soberanía, tuvo una amplia repercusión.
Los partidarios de la democracia a menudo han fallado a la hora de pensar estrategias —más allá de apelar a los números y otras métricas— que puedan traducirse claramente en avances, por ejemplo en el campo de los objetivos de desarrollo sostenible. No hemos sabido apreciar las cosas intangibles a las que aspira la gente en su vida, sus sueños de dignidad. Sueños que no son fáciles de comprender, pero que derivan de un anhelo que existe a un nivel más visceral. Sueños que también pueden ser manipulados por quienes los escuchan con atención, pero responden a ellos mediante apelaciones tóxicas a la raza, la religión y el nacionalismo. Los liberales y progresistas han tendido a despreciar la política en este sentido, considerándola una mancha en sus prístinas visiones universalistas de la humanidad. Pero esto es un error. Las identidades más apreciadas por la gente deben ser honradas, no rechazadas. La diferencia es que debemos honrarlas apelando a la inclusión, no a la división.


Nuevos adalides de la democracia

Hay otras divisiones de las que debemos cuidarnos geopolíticamente. Vivimos en una época en la que el orden unipolar está retrocediendo y en su lugar está surgiendo un nuevo orden multipolar. Ya no vivimos en un mundo del G7, sino cada vez más en un mundo del G20, con una comunidad más amplia de Estados representados en todo el Sur Global —especialmente los países menos desarrollados y vulnerables al clima— que exigen una mayor participación en los asuntos de relevancia internacional. En este momento, las democracias tienen oportunidades, pero también riesgos. Un peligro claro es tener que elegir entre EE.UU. y China o verse atrapado en medio de su rivalidad.

No hemos sabido apreciar las cosas intangibles a las que aspira la gente en su vida, sus sueños de dignidad, sus anhelos más viscerales.
No es una elección que los nuevos adalides de la democracia estén dispuestos a hacer. «La dicotomía no ha ayudado a la cooperación regional o internacional», declaró a un entrevistador Anwar Ibrahim, el recién elegido Primer Ministro malasio. «Deberíamos ser ferozmente independientes, e interactuar y colaborar con ambos». Lo mismo puede decirse de Lula en Brasil, que valora su relación con EE.UU. y también desempeña un papel de liderazgo en la coalición de países BRICS con China. Al igual que Hakainde Hichilema, el nuevo Presidente de Zambia, que es consciente de que la única forma de sacar a su endeudada nación del sur de África de sus apuros económicos es entablar relaciones tanto con Washington como con Pekín.

La democracia sólo florecerá en este nuevo orden emergente si sus nuevos defensores pueden protegerla de la política de bloques a nivel mundial. Al alejar a las democracias de un lado y situarlas únicamente en un campo proamericano, corremos el riesgo de disminuir su atractivo. Para muchos en el Sur Global, la aspiración de un orden interno más justo y equitativo va de la mano de un orden internacional más justo y equitativo. Esto también ofrece la posibilidad de imaginar las democracias de formas diferentes y más convincentes, que se adapten mejor a los distintos entornos en los que la sociedad civil se está enfrentando a las garras de los autócratas. La democracia no puede reducirse a un menú de comida rápida que es igual en todas las franquicias.

Brasil, Malasia y Zambia son países muy diferentes, con dirigentes y sistemas muy distintos. Y, sin embargo, presentan notables similitudes. Cada uno de sus líderes fue encarcelado por motivos políticos por los autócratas que les precedieron. Cuando trabajábamos en Amnistía Internacional, visitamos a Hichilema en su casa de Lusaka tras haber sido torturado. También hicimos campaña en favor de Anwar como preso de conciencia después de que fuera injustamente recluido entre rejas. Al igual que Lula, encarnan las luchas que lideran. La lucha por la democracia nos une hoy en día, aunque tenga un aspecto algo diferente en cada lugar.

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