Manaos: Desafíos de la gestión del agua en medio de la selva amazónica

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Luciana Lemos
Nov, 2024
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La percepción generalizada de la Amazonía como un vasto paraíso ecológico de biodiversidad y pueblos indígenas, oculta a menudo la complejidad de la urbanización en dicha región. La Amazonía alberga a más de 25 millones de personas, siendo la ciudad de Manaos la más grande, con más de 2 millones de habitantes [1][1] Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (s.f.). Panorama del Censo 2022. Obtenido el 17 de abril de 2024, del sitio web: https://censo2022.ibge.gov.br/panorama/. La expansión urbana de la ciudad incluye el Polo Industrial de Manaos (PIM), uno de los principales parques industriales de Brasil, con más de 500 fábricas. Situado en el estado de Amazonas, que cuenta con la mayor población indígena del país, como muestra la Figura 1, el municipio también acoge a poblaciones indígenas de diversas etnias que han emigrado a la ciudad en las últimas décadas. Este municipio presenta un complejo panorama de urbanización en el que la expansión de los espacios urbanos provoca importantes cambios ambientales y sociales. La poliédrica interacción entre el crecimiento urbano y la producción industrial suele estar relacionada con el aumento de la deforestación y la alteración de los recursos naturales. Como ilustración de esta realidad, a pesar de la ubicación de la ciudad a lo largo del río más caudaloso del mundo, Manaos se enfrenta a importantes retos en la gestión de los recursos hídricos, desmontando mitos sobre la abundancia de agua y poniendo de relieve cuestiones de accesibilidad y sostenibilidad. Todos estos dilemas arrojan luz sobre la complejidad de abordar de forma equilibrada intereses múltiples y a menudo contrapuestos, como el crecimiento urbano, la actividad industrial y la conservación del medio ambiente, respetando al mismo tiempo los derechos y necesidades de su creciente población indígena.

Figura 1_ Mapa elaborado por el autor. Fuente: IBGE, Brasil, Censo 2022.

Manaos: una metrópoli en medio de la selva amazónica

Situada en la confluencia de los ríos Negro y Solimões, Manaos es una de las capitales brasileñas de más rápido crecimiento, ya que pasó de 314.000 habitantes a aproximadamente dos millones entre 1970 y 2010, un asombroso 538%, y la ciudad brasileña de mayor crecimiento durante este periodo [2][2] Monteiro, A. S., Pinheiro, H. P., Veiga, R. F., Souza Júnior, F. O., Santos Júnior, M. A., y Silva, F. L. (2019). Relatório da Fundação Vitória Amazônica [Informe de la Fundación Vitória Amazônica]. Fundação Vitória Amazônica.. Este crecimiento consolidó a la ciudad como el mayor municipio de la Amazonía continental y como próspero centro urbano. Influyente tanto a nivel local como regional, la ciudad utiliza su sistema fluvial de abastecimiento urbano para distribuir recursos esenciales como agua, alimentos y mercancías a las zonas urbanas más remotas y a las comunidades ribereñas. Esta red de abastecimiento es crucial en una región dominada por los ríos, principales vías de transporte y acceso. A escala nacional, Manaos es escenario de debates fundamentales sobre la soberanía y la defensa territorial de Brasil. A escala internacional, el municipio está en el centro de los debates sobre el futuro de la Amazonía, el cambio climático y la integración latinoamericana.

Foto_ Luciana Lemos

Sin embargo, la rápida urbanización de Manaos, unida a la falta de planificación adecuada, ha afectado considerablemente a los bosques y ríos circundantes. Los expertos advierten de los altos niveles de contaminación del agua, que afectan gravemente al medio ambiente circundante. Como gran parte de la región septentrional de Brasil, Manaos se enfrenta a importantes problemas de infraestructuras y saneamiento básico inadecuados. Esta deficiencia conduce al vertido de contaminantes en los ríos que abastecen la ciudad, incluidos los procedentes del vertedero principal, que ha servido como vertedero de residuos domésticos, industriales y hospitalarios durante más de dos décadas. La contaminación también incluye los efluentes de las gasolineras y los residuos domésticos, que se vierten directamente a los ríos sin tratamiento, y los arroyos urbanos están visiblemente contaminados. Además, el río Negro, junto con sus afluentes, se enfrenta a una forma de contaminación aún más insidiosa y menos evidente, causada por sustancias químicas peligrosas como pesticidas, microplásticos, residuos farmacéuticos y otros contaminantes industriales [3][3] Costa, J. S. d. (2020). Informe de Situación: Cuenca del Tarumã-Açu: Transformaciones Antropogénicas y Calidad del Agua. Programa de Maestría Profesional en la Red Nacional de Gestión y Regulación de Recursos Hídricos (PROFÁGUA), Universidad del Estado de Amazonas (UEA), Escuela Normal Superior (ENS)..

Esta vulnerabilidad medioambiental se ve agravada por la dinámica social. En ciudades amazónicas como Manaos, donde residen aproximadamente 72.000 indígenas, la seguridad hídrica es mucho más que proporcionar agua a sus habitantes: es una cuestión de salud pública y de preservación del patrimonio [4][4] Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (s.f.). Panorama del Censo 2022. Obtenido el 17 de abril de 2024, del sitio web: https://censo2022.ibge.gov.br/panorama/. Según muchas tradiciones indígenas, el agua simboliza la fertilidad, el hogar de los seres vivos y un agente purificador que enriquece la vida. Además, el agua representa la interconexión y la armonía entre todos los elementos de la naturaleza, a menudo descrita como sagrada y maternal, desempeñando un papel vital en la conexión de todos los pueblos y todas las cosas.

La calidad y la cantidad del agua que consumimos están estrechamente ligadas a la salud de los ecosistemas de los que procede.

Sin embargo, a pesar de su conexión con el entorno natural y de ser el grupo más afectado por la inseguridad hídrica, los pueblos indígenas se enfrentan a menudo a importantes dificultades para hacer valer el control sobre dichos recursos hídricos. Están infrarrepresentados en los procesos de toma de decisiones y en conflicto con un sistema económico que trata el agua como una mercancía que se compra y se vende [5][5] Perry, A. (2017). Drinking Dispossession: Winnipeg, Shoal Lake 40, and Canada [La desposesión del agua potable: Winnipeg, Shoal Lake 40 y Canadá]. En K. L. Ladner & M. Tait (Eds.), Surviving Canada: Indigenous Peoples Celebrate 150 Years of Betrayal [Sobrevivir en Canadá: Los pueblos indígenas celebran 150 años de traición] (pp. 261-273). Winnipeg, ARP..

Para Manaos, una ciudad marcada por la diversidad y la complejidad, situada dentro de una de las mayores cuencas fluviales del mundo, es crucial la adopción de un modelo holístico de gestión del agua, que aborde sus problemas multidimensionales y que ayude a avanzar en la justicia medioambiental.

Ciudad-aldea

La migración de comunidades indígenas a zonas urbanas está aumentando en todo el mundo, sobre todo en naciones coloniales como Australia, Nueva Zelanda, Canadá y Estados Unidos. La tendencia también es evidente en los países latinoamericanos [6][6] Dorries, H., Hugill, D., y Tomiak, J. (2019). Racial capitalism and the production of settler colonial cities [Capitalismo racial y producción de ciudades coloniales]. Geoforum, 132, 263–270. Disponible aquí: https://doi.org/10.1016/j.geoforum.2019.07.016. En Brasil, el censo de 2022 registró cerca de 1,7 millones de indígenas en todo el país, de los cuales más del 40% viven en zonas urbanas. En Manaos, por ejemplo, viven indígenas de más de 90 etnias diferentes, muchos de los cuales se concentran en el Parque das Tribos, el primer barrio indígena reconocido oficialmente por el ayuntamiento de la ciudad.

Los indígenas se trasladan a las ciudades en busca de mejores condiciones sanitarias, educación y oportunidades laborales. Sin embargo, se enfrentan a desafíos pertinaces: la desigualdad rampante les dificulta considerablemente el acceso a servicios esenciales como la vivienda, la atención médica y el agua potable, problemas agravados por un saneamiento básico inadecuado. Como muestra la Figura 2, la región norte es la que menos acceso tiene a la red de alcantarillado del país. Esta disparidad en el acceso al saneamiento es sorprendentemente desigual entre los distintos grupos demográficos brasileños, ya que sólo el 29% de los indígenas viven en lugares con infraestructuras de saneamiento adecuadas, frente al 83,5% de la población blanca [7][7] Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (s.f.). Panorama del Censo 2022. Obtenido el 17 de abril de 2024, del sitio web: https://censo2022.ibge.gov.br/panorama/.

Figura 2_ Gráfico elaborado por el autor. Fuente: IBGE, Brasil, Censo 2022.

Al residir predominantemente en la periferia urbana, los indígenas también se enfrentan a amenazas de desalojo y conflictos territoriales, además de a barreras en el mercado laboral debido a los prejuicios y a la falta de reconocimiento de sus conocimientos tradicionales.

El caso de Tarumã-Açu

La relación de los indígenas de Manaus con la cuenca de Tarumã-Açu, situada cerca de la ciudad, es un ejemplo emblemático de los desafíos ambientales y sociales a los que se enfrentan las comunidades tradicionales que residen en centros urbanos. Situada en la orilla izquierda del río Negro, el mayor río de aguas negras del mundo, la cuenca Tarumã-Açu representa una de las últimas zonas boscosas dentro de los límites urbanos de Manaos. También alberga algunos de los pocos arroyos limpios que quedan en la ciudad.

Esta cuenca, que ocupa el 3,3% del territorio municipal de Manaos, atrae a diversos grupos sociales, desde residentes de condominios de lujo a comunidades de viviendas sociales, poblaciones indígenas y quilombolas afrobrasileñas, turistas y trabajadores industriales. La intensificación de las actividades humanas en la zona ha provocado un importante estrés ambiental [8][8] Costa, J. S. d. (2020). Informe de Situación: Cuenca del Tarumã-Açu: Transformaciones Antropogénicas y Calidad del Agua. Programa de Maestría Profesional en la Red Nacional de Gestión y Regulación de Recursos Hídricos (PROFÁGUA), Universidad del Estado de Amazonas (UEA), Escuela Normal Superior (ENS)..

En 2050, más de la mitad de la población mundial vivirá en zonas que sufrirán escasez de agua durante al menos un mes al año.

Los karapãna, que viven en la región desde la década de 1970, tienen una profunda conexión cultural y espiritual con el río. Su modo de vida se basa en la pesca, la caza, la agricultura itinerante y la recolección. Sin embargo, la expansión inmobiliaria en torno a la cuenca, junto con la contaminación del agua por aguas residuales no tratadas, el aumento del número de hoteles y restaurantes flotantes y la extracción de arena para la construcción civil, afectan a la calidad del agua y al modo de vida tradicional de los karapãna. Además, el tráfico de grandes embarcaciones perturba la tranquilidad del río, amenazando la seguridad de las pequeñas canoas. Al mismo tiempo, la contaminación afecta directamente a la pesca y a las prácticas culturales y espirituales vitales para la comunidad.

Para abordar los problemas de gestión del agua en la ciudad, en 2009 se creó el Comité de la Cuenca Tarumã-Açu, encargado de elaborar planes de gestión del agua y fomentar el debate y el consenso sobre su uso. Sin embargo, más de una década después de su creación, el Comité aún no ha puesto en marcha un plan hídrico eficaz para la cuenca Tarumã-Açu, debido a la insuficiencia de recursos y de apoyo gubernamental. Además, a los líderes indígenas les preocupa que un nuevo plan para la cuenca del Tarumã-Açu establezca normas para el uso y la gestión del agua del río sin tener en cuenta el estilo de vida y las necesidades de las poblaciones ribereñas.

El derecho humano al agua y los Objetivos de Desarrollo Sostenible

La seguridad del agua es un problema mundial. La calidad y la cantidad del agua que consumimos están estrechamente ligadas a la salud de los ecosistemas de los que procede. Actualmente, casi la mitad de las fuentes de agua potable del mundo se enfrentan a un notable deterioro. Factores como el crecimiento demográfico, el cambio climático y una planificación inadecuada están intensificando el problema de la escasez de agua a nivel global. En 2050, más de la mitad de la población mundial (57%) vivirá en zonas que sufrirán escasez de agua durante al menos un mes al año [9][9] Boretti, A., y Rosa, L. (2019). Reassessing the projections of the World Water Development Report [Reevaluación de las proyecciones del Informe sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo]. NPJ Clean Water, 2 (1), Artículo 15. Disponible aquí: https://doi.org/10.1038/s41545-019-0039-9.

Reconociendo la urgencia de esta crisis, la Asamblea General de las Naciones Unidas y el Consejo de Derechos Humanos reconocieron oficialmente los derechos humanos al agua potable y a un saneamiento adecuado en 2010. Esta decisión fundamental ha llevado a muchos países a incorporar estos derechos humanos en sus constituciones y marcos jurídicos nacionales, impulsando así políticas que garanticen el acceso al agua potable y a servicios básicos de saneamiento. Sin embargo, la iniciativa ha tenido un efecto relativo. Desde 2010, muchos países como Bolivia, Uruguay y México han incorporado el derecho fundamental al agua potable y al saneamiento en sus constituciones nacionales y marcos jurídicos, promoviendo políticas para proporcionar acceso a sus poblaciones. Brasil, sin embargo, va unos pasos por detrás. A pesar de alinearse con las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y reconocer el agua como un derecho humano, el país carece de garantías constitucionales respecto a este derecho. De los poco más de 215 millones de habitantes del país, unos 32 millones siguen sin tener acceso a agua tratada, y más de 90 millones carecen de servicios adecuados de saneamiento [10][10] Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (s.f.). Panorama del Censo 2022. Obtenido el 17 de abril de 2024, del sitio web: https://censo2022.ibge.gov.br/panorama/.

Sobre la base de estos esfuerzos fundacionales, en 2015 los Estados miembros de la ONU adoptaron la Agenda 2030, estableciendo los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para guiar los esfuerzos mundiales de desarrollo a 15 años vista. Sin embargo, la implementación y la medición de los avances en materia de ODS presentan desafíos significativos. La cuantificación eficaz de impactos y la recopilación de datos son cruciales, pero la falta de información completa, actualizada y de calidad dificulta la toma de decisiones y el seguimiento de los avances. Como se destaca en el Séptimo Informe sobre los Avances y Desafíos Regionales de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en América Latina y el Caribe, la región ha experimentado un progreso más lento en el cumplimiento de estos objetivos en comparación con años anteriores. A nivel mundial, las previsiones de la ONU sugieren que, con las tendencias actuales, sólo el 15% de las metas de los ODS se cumplirán en 2030. Sin embargo, en América Latina y el Caribe, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estima que el 22% de las metas ya se han cumplido o se cumplirán en la fecha límite [11][11] Comisión Económica para América Latina y el Caribe (2024). El desafío de acelerar la Agenda 2030 en América Latina y el Caribe: transiciones hacia la sostenibilidad (LC/FDS.7/3). Naciones Unidas.. Estas cifras reflejan una mezcla de logros significativos y desafíos en curso, lo que subraya la creciente paradoja entre la cada vez mayor relevancia de la Agenda 2030 y el aumento del escepticismo hacia ella. Contradicción que se asienta en medio de la escalada de tensiones geopolíticas y la disminución de la fe en la cooperación multilateral.

Los principios occidentales de gestión del agua, que a menudo la tratan como un recurso comercializable, no concuerdan con la relación holística de los pueblos indígenas con su medio ambiente.

En cuanto a las infraestructuras de agua potable y saneamiento básico, se han logrado avances y mejoras, especialmente en las regiones desatendidas; pero muchas zonas del mundo siguen sufriendo la falta de estos servicios esenciales. Estas carencias dificultan la consecución de los ODS específicos dirigidos a lograr el acceso universal al agua potable y al saneamiento, y repercuten negativamente en objetivos relacionados, como la salud, la educación y el desarrollo urbano sostenible. Una evaluación exhaustiva del progreso en materia de ODS revela retrasos generalizados, y la conservación de los recursos naturales, en particular la biodiversidad, se enfrenta a profundos desafíos. Esta situación pone de manifiesto un problema sistémico más amplio: el uso predominante de indicadores económicos para la medición del progreso a menudo no tiene en cuenta la degradación medioambiental y sus efectos a largo plazo. Los problemas de escasez de agua y contaminación ejemplifican las deficiencias de los actuales modelos de crecimiento económico, que a menudo pasan por alto los costes reales de los daños medioambientales. Este descuido subraya la necesidad acuciante de un paradigma que reconozca e incorpore la salud medioambiental como elemento integral de la prosperidad económica y el bienestar humano [12][12] Ibid..

Desde el punto de vista económico, el estancamiento obstaculiza significativamente la capacidad de América Latina y el Caribe para alcanzar los ODS, una situación agravada por políticas económicas ineficaces y bajos niveles de inversión. La persistente recesión económica se ve agravada por desigualdades profundamente arraigadas y una amplia exclusión social, que restringen el acceso equitativo a recursos y oportunidades cruciales para alcanzar los ODS. Además, las deficiencias en sectores de infraestructuras esenciales como la conectividad digital, la energía y el transporte, combinadas con apremiantes retos medioambientales como la pérdida de biodiversidad, la escasez de agua y los efectos del cambio climático; representan amenazas sustanciales para el desarrollo sostenible de la región.

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Además de estas dificultades, la región se enfrenta a limitaciones financieras caracterizadas por un acceso restringido a los mercados internacionales, una fuerte dependencia de la inversión extranjera y unos marcos institucionales y de gobernanza débiles, que impiden la aplicación y el seguimiento efectivos de los ODS. Para agravar este problema, la escalada de los costes del servicio de la deuda, impulsada por las subidas de los tipos de interés mundiales, restringe significativamente la capacidad fiscal de las regiones en desarrollo, desviando fondos de inversiones esenciales en acción climática y ODS. Los tipos de interés más altos intensifican las presiones financieras sobre los países y provocan tensiones en la moneda local, lo que puede dar lugar a una mayor fuga de capitales y al riesgo de depreciación de la moneda. Como resultado, muchos países de todo el mundo han sido catalogados como países en riesgo o en dificultades de endeudamiento, y se ven obligados a dar prioridad al pago de la deuda en detrimento de iniciativas climáticas y de desarrollo esenciales. Esta situación atrapa a estos países en un círculo vicioso en el que el retraso de las inversiones aumenta su vulnerabilidad a los efectos del cambio climático y obstaculiza la consecución de objetivos de desarrollo más amplios [13][13] Merling, L., Vasic-Lalovic, I., Valle Cuéllar, L., y Huerta Ojeda, A. (2024). The Rising Cost of Debt: An Obstacle to Achieving Climate and Development Goals [El creciente coste de la deuda: un obstáculo para alcanzar los objetivos climáticos y de desarrollo]. Center for Economic and Policy Research (CEPR)..

Con el objetivo de abordar las complejidades que impiden el acceso universal al agua potable y a un saneamiento adecuado (ODS 6), Brasil promulgó la Ley 14.026/2020. Este «plan nacional de saneamiento», implementado en 2020, promovía la participación de empresas privadas en la prestación de estos servicios. Sin embargo, los expertos del sector del agua se muestran escépticos sobre la utilidad de la privatización para garantizar el acceso universal al agua en el país. En Manaos, la privatización de los servicios de saneamiento se llevó a cabo en 2000, y desde entonces las tasas de tratamiento de aguas residuales y suministro de agua han mostrado deficiencias significativas. En el Ranking de Saneamiento realizado por el Instituto Trata Brasil, la ciudad figura entre las 20 peores de Brasil en cuanto a servicios de saneamiento [14][14] Oliveira, G., Scazufca, P., y Sayon, P. L. (2024). 2024 Sanitation ranking: A comprehensive report [Ranking de saneamiento 2024: Un informe exhaustivo]. Trata Brasil y GO Associados..

El descontento con los servicios de agua privatizados ha impulsado a las organizaciones de la sociedad civil a oponerse a la mercantilización de los recursos hídricos. Durante la primera Conferencia Mundial de la ONU sobre el Agua en 46 años, celebrada en marzo de 2023, estos grupos hicieron hincapié en la necesidad de nuevos modelos de gobernanza y gestión del agua basados en la solidaridad y el cuidado. Rechazando los enfoques basados en el mercado, promovidos por entidades como el Banco Mundial y la Comisión Global sobre la Economía del Agua —que abogan por la financiación privada y la mercantilización—, estas organizaciones defienden una agenda que priorice los derechos humanos al agua y al saneamiento, la no discriminación, la propiedad pública y la toma de decisiones democrática. Destacan el éxito de los sistemas comunitarios de gestión del agua, especialmente en América Latina, donde los operadores locales han demostrado una gobernanza del agua equitativa, sostenible y democrática. Estas organizaciones argumentan, además, que el verdadero progreso en la gestión del agua requiere reconocer la experiencia de las comunidades locales y abordar las desigualdades sistémicas, en lugar de confiar en soluciones impulsadas por el mercado —que históricamente han conducido a resultados sociales y medioambientales adversos [15][15] Heller, L., Karunananthan, M., Zwarteveen, M., Hall, D., Manahan, M. A., y Diouf, F. (2023). What water will the UN Conference carry forward: A fundamental human right or a commodity? [¿Qué agua impulsará la Conferencia de la ONU? ¿Un derecho humano fundamental o una mercancía?]. The Lancet, 402(10307), 757-759. Disponible aquí: https://doi.org/10.1016/S0140-6736(23)01430-7.

Nuevos horizontes

La experiencia de la privatización de los servicios de agua en Manaos pone de relieve que el modelo neoliberal de gestión de los recursos hídricos no ha dado los resultados esperados, incluso después de más de dos décadas de concesión. Este modelo ha permitido a las empresas responsables establecer un régimen que excluye a muchos ciudadanos debido a su escaso poder económico, lo que se traduce en una falta de acceso a los servicios esenciales para muchos usuarios. Otros, reciben servicios de calidad insatisfactoria. Este enfoque no sólo ha perpetuado la exclusión, sino que también ha puesto de manifiesto la precariedad y las carencias del marco privatizador.

Las Soluciones Basadas en la Naturaleza son herramientas vitales para la gestión sostenible del agua urbana, especialmente en ciudades que se enfrentan a la doble presión de la rápida urbanización y el cambio climático.

Para las comunidades indígenas, el enfoque tecnocrático y extractivo de Brasil en la gestión del agua ha resultado destructivo, sumándose a los legados históricos de la colonización impuesta. Este modelo extractivo, impulsado por la globalización, el neoliberalismo y el capitalismo, ha mercantilizado el agua, desvinculándola de su conexión inseparable con la tierra y provocando una inseguridad hídrica extrema para los pueblos indígenas [16][16] O’Donnell, E., Kennedy, M., Garrick, D., Horne, A., y Woods, R. (2023). Cultural water and Indigenous water science [Cultura del agua y ciencia indígena del agua]. Science, 381(6658), 619-621. Disponible aquí: https://www.science.org/doi/10.1126/science.adi0658. Este mismo 2023, la inseguridad hídrica que sufrían los miembros de las comunidades indígenas y ribereñas que residen en las riberas de los ríos de Manaos se vio drásticamente acentuada por la sequía extrema que afectaba a la región amazónica. Sin el río para navegar, las poblaciones de las comunidades indígenas se han quedado aisladas, sin acceso a alimentos, agua potable y servicios básicos como la sanidad y la educación.

En este difícil contexto, es crucial comprender las complejidades del actual gobierno del presidente Lula. A pesar de su proclamado apoyo a los derechos de los pueblos indígenas, la Administración se enfrenta a importantes obstáculos, como la invasión de tierras ancestrales por parte de la agroindustria, un fuerte enfoque hacia la explotación de combustibles fósiles y la resistencia de una mayoría de derechas en el Congreso, que se opone a la demarcación de las tierras indígenas. Estas cuestiones ponen de relieve la persistente tensión entre la protección de los derechos indígenas y los intereses medioambientales; frente al incesante impulso del desarrollo económico. Esta misma tensión se percibe en las estrategias de Lula, que a menudo revelan un conflicto entre los objetivos progresistas y las realidades económicas, especialmente ahora que Brasil se prepara para acoger la COP-30. Los compromisos internacionales del país para reducir las emisiones de carbono chocan con su continua expansión petrolera y agroindustrial; influida por poderosos grupos de presión y recientes sentencias judiciales que priorizan los beneficios económicos sobre los derechos de los indígenas y la protección del medio ambiente.

A pesar de abogar por el liderazgo mundial en la transición energética, la inversión del gobierno brasileño en nuevas tecnologías energéticas sigue siendo mínima, lo que pone de manifiesto la desconexión entre la retórica medioambiental y la aplicación de las políticas. Con este planteamiento se corre el riesgo de una nueva era de dependencia energética y de que Brasil contribuya a la contaminación mundial, lo que contradice su potencial como líder en energía sostenible. Esta situación se ve agravada por crisis medioambientales inmediatas, como graves sequías e inundaciones, que ponen de manifiesto los efectos directos de una mala gobernanza medioambiental. Estos desafíos demuestran la necesidad de una estrategia unificada que alinee los objetivos económicos de Brasil con sus responsabilidades medioambientales y sociales, garantizando que el desarrollo no comprometa la salud ecológica y humana.

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Estas discrepancias en la gestión del agua y la tierra ilustran dificultades globales más amplias. Los principios occidentales de gestión del agua, que a menudo la tratan como un recurso comercializable, no concuerdan con la relación holística de los pueblos indígenas con su medio ambiente [17][17] Ibid. y sirven para excluir a las comunidades indígenas de los procesos de toma de decisiones y perpetuar pautas de desigualdad [18][18] Newell, P., Srivastava, S., Naess, L.O., Torres Contreras, G.A., y Price, R. (2021). Toward transformative climate justice: An emerging research agenda [Hacia una justicia climática transformadora: Un nuevo programa de investigación]. Wiley Interdisciplinary Reviews: Climate Change, 12(6), e733.. Como se pregunta el filósofo y dirigente indígena Ailton Krenak, «¿Cómo podemos establecer un acuerdo entre dos mundos que comparten orígenes tan comunes pero que se han distanciado hasta el punto de que, en un extremo, hay personas que necesitan un río para vivir, mientras que en el otro, hay personas que consumen los ríos como una mercancía? ¿Dónde podemos encontrar un punto de convergencia entre nuestras perspectivas que nos saque de este estado de no reconocimiento mutuo?» [19][19] Krenak, A. (2020). Ideas to postpone the end of the world [Ideas para aplazar el fin del mundo]. Anansi International. Según Krenak, la resiliencia de los pueblos originarios, aquellos que han «atravesado la pesadilla de la colonización y han llegado al siglo XXI», reside en la profunda memoria que estos pueblos guardan de las tierras y los ríos. Por ello, para seguir «aplazando el fin del mundo», estos pueblos indígenas deben transmitir esta memoria ancestral contando sus historias.

En línea con el pensamiento de Krenak, en un informe publicado en 2022, Pedro Arrojo, Relator Especial de la ONU sobre Agua y Saneamiento, reconoce que la falta de suministro de agua potable a los pueblos indígenas constituye una flagrante violación de los derechos humanos. El documento también destaca que para proteger los derechos humanos de los pueblos indígenas a un acceso seguro al agua potable y al saneamiento, es crucial reconocer sus conocimientos y garantizar su inclusión activa en la planificación y gestión de los recursos hídricos [20][20] Consejo de Derechos Humanos. (2022). Derechos humanos al agua potable y al saneamiento de los pueblos indígenas: estado de la cuestión y enseñanzas de las culturas ancestrales. 51º período de sesiones, 12 de septiembre a 7 de octubre de 2022, Tema 3 del programa. Promoción y protección de todos los derechos humanos, civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, incluido el derecho al desarrollo.. En sintonía con este debate, Linton y Pahl-Wostl [21][21] Linton, J., & Pahl‐Wostl, C. (2023). Drawing from indigenous ontologies and practices to Rethink European Water Policy [Repensando la política europea del agua desde las ontologías y prácticas indígenas]. River Research and Applications. Disponible aquí: https://doi.org/10.1002/rra.4126 subrayan la necesidad de realinear la política del agua con valores indígenas fundamentales como las relaciones, el respeto y la reciprocidad. Este cambio hacia un enfoque más relacional subraya la importancia de las interacciones entre las comunidades y los sistemas hídricos en las estrategias políticas y de gestión.

Estrategias como éstas ya están en marcha en varios países del mundo. En Ecuador, la adopción de los Derechos de la Naturaleza en la Constitución de 2008 supuso un cambio pionero hacia el reconocimiento de los ecosistemas como actores clave con personalidad jurídica. Esta medida pretendía transformar la protección del medio ambiente al permitir que la naturaleza fuera sujeto de derechos legales, capaz de ser representada ante los tribunales y defendida contra la degradación y la explotación. Un éxito notable de este cambio de paradigma se produjo en 2021, cuando el Tribunal Constitucional de Ecuador revocó los permisos de explotación minera en Los Cedros, un bosque nuboso rico en biodiversidad situado en los Andes. El tribunal dictaminó que estos permisos violaban no solo los derechos de los residentes locales al agua potable y a un medio ambiente sano, sino también los derechos del propio bosque. Esta decisión afirma significativamente los Derechos de la Naturaleza, mostrando su potencial impacto a largo plazo.

En la ecorregión más amenazada de la Amazonía brasileña, conocida como el «arco de la deforestación», la selva se ha reducido a menos del 20% de su tamaño original.

Sin embargo, a pesar de algunos avances, la aplicación práctica de estos derechos ha tropezado con importantes obstáculos. Estas dificultades surgen principalmente de intereses económicos muy arraigados, especialmente en sectores como la extracción de petróleo y la minería, principales contribuyentes al Producto Interior Bruto (PIB) de la nación. A pesar de las protecciones constitucionales, estas industrias a menudo preceden en la práctica a las salvaguardias medioambientales. Además, faltan marcos normativos y mecanismos de aplicación sólidos para gestionar y proteger eficazmente estos derechos, lo que los hace susceptibles de infracción.

Las dificultades para poner en práctica los derechos de la naturaleza en Ecuador son paralelas a los problemas relacionados con el acceso a los beneficios derivados del uso de los conocimientos tradicionales por parte de las comunidades indígenas. A pesar de los marcos jurídicos que pretenden proteger y beneficiar a los pueblos indígenas por sus conocimientos y aportaciones culturales, el reparto real de los beneficios sigue siendo incoherente y a menudo inexistente. Esto se debe, en parte, a la deficiente aplicación de las leyes y a la limitada capacidad de las comunidades indígenas para hacer valer sus derechos de forma efectiva en los ámbitos jurídico y político dominados por entidades más poderosas y ricas en recursos. La brecha entre el reconocimiento legal y la realización práctica pone de relieve la necesidad de establecer sistemas sólidos que reconozcan y hagan valer los derechos y las contribuciones de las poblaciones indígenas, garantizando que sean actores centrales en la gobernanza medioambiental [22][22] Etchart, L. (2022). Global governance of the environment, Indigenous peoples and the rights of nature [Gobernanza mundial del medio ambiente, pueblos indígenas y derechos de la naturaleza]. Springer Nature. Disponible aquí: https://doi.org/10.1007/978-3-030-81519-6.

En Nueva Zelanda se han conseguido importantes logros en la gestión del agua integrando los valores culturales maoríes mediante el desarrollo de herramientas de evaluación cultural. Estos mecanismos son esenciales para integrar las perspectivas maoríes en la gobernanza del agua, apoyando modelos de co-gobernanza que reconocen las masas de agua como entidades vivas con derechos legales. Un ejemplo notable es el río Whanganui, al que se concedieron derechos de personería en marzo de 2017. Este estatus legal permite que el río esté representado en los tribunales por tutores tanto de la comunidad indígena como de la Corona. Este enfoque, que designa guardianes específicos para el río, contrasta con modelos más amplios de derechos de la naturaleza, al centrarse en implementaciones prácticas y factibles. Nueva Zelanda está reformando gradualmente un sistema jurídico que tradicionalmente consideraba a las entidades naturales como propiedad, al concederles la condición de persona de una en una y asignarles un guardián/tutor específico, garantizando así que estas entidades puedan defender sus derechos ante los tribunales [23][23] Stewart-Harawira, M. [Māori], (2020). Troubled Waters: Maori Values and Ethics for Freshwater Management and New Zealand’s Fresh Water Crisis [Aguas turbulentas: Valores y ética maoríes para la gestión del agua dulce y la crisis del agua dulce en Nueva Zelanda]. WIREs Water 7 (5): 1–18..

Por último, en Brasil, varios municipios, como Florianópolis, en Santa Catarina, y Guajará-Mirim, en Rondônia, reconocen a las entidades naturales como sujetos de derechos. En el municipio de Rondônia, el río Laje fue reconocido como entidad viva y sujeto de derechos en 2023. La ley fue propuesta por el concejal y líder indígena Francisco Oro Waram, del territorio indígena que rodea la región del río Laje.

El marco jurídico de Guajará-Mirim no sólo garantiza la existencia del río y de todos los demás cuerpos y seres que viven en sus aguas, sino que también lo pone en práctica. Recientemente se ha creado un comité de guardianes del río para preservar y mantener estos derechos. Sus responsabilidades son amplias, desde mantener el caudal natural del río hasta garantizar agua suficiente para la salud del ecosistema. Se espera que el río nutra y se nutra del bosque ribereño circundante y de la biodiversidad endémica, y que exista con sus condiciones físicas y químicas adecuadas para su equilibrio ecológico. También debe interrelacionarse con los seres humanos a través de diversas actividades, como la identificación biocultural, las prácticas espirituales, el ocio, la pesca artesanal y las actividades agroecológicas y culturales.

Foto_ Luciana Lemos

Aunque aún queda mucho por hacer y es demasiado pronto para determinar el impacto de estas leyes en la protección de los ecosistemas en Brasil, es crucial destacar cómo estas iniciativas muestran estrategias potenciales que pueden ayudar a los responsables políticos y a los planificadores urbanos en el complejo camino hacia ciudades que existan en verdadera armonía con sus recursos naturales. En Manaos, la disparidad entre las prácticas de gestión del agua existentes y sus singulares condiciones geográficas y culturales, pone de relieve la urgencia de una estrategia que sea a la vez integradora y global.

De este modo, junto a los esfuerzos por fomentar marcos jurídicos que otorguen derechos al medio ambiente, las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN) son herramientas vitales para la gestión sostenible del agua urbana, especialmente en ciudades que se enfrentan a la doble presión de la rápida urbanización y el cambio climático. Estas estrategias, que aprovechan el poder de los procesos naturales para abordar diversos problemas relacionados con la naturaleza, ofrecen alternativas rentables y resilientes a los planteamientos tecnocráticos. Los centros urbanos, por ejemplo, han implantado con éxito humedales artificiales y zonas de amortiguación ribereñas. Estos elementos estabilizan las riberas, reducen la escorrentía contaminante, mejoran los hábitats de la fauna y actúan como filtros naturales del agua, mejorando así la salud ecológica de las vías fluviales y aumentando la conectividad paisajística [24][24] Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente – Centro DHI (2018). Guía básica de NBS para el agua. PNUMA-Centro DHI..

Las soluciones deben ser culturalmente apropiadas, técnicamente sólidas y diseñadas para fomentar eficazmente una amplia participación de la comunidad.

Además, en una ciudad como Manaos, situada en medio de la selva y a orillas de uno de los mayores ríos del mundo, que paradójicamente se enfrenta a la escasez de agua, las soluciones deben estar profundamente arraigadas en las realidades locales. Esto incluye la adopción de estrategias comunitarias ascendentes que den prioridad a la participación de los miembros de la comunidad, en particular de los pueblos indígenas y las comunidades locales. Estos grupos han desempeñado un papel decisivo en la conservación de la biodiversidad y el mantenimiento de los ecosistemas a través de prácticas y conocimientos culturales profundamente arraigados y desarrollados a lo largo de milenios. Sus modelos de gobernanza, que combinan prácticas culturales con conocimientos ecológicos tradicionales, superan a menudo las estrategias convencionales de planificación de los recursos naturales al respetar los límites ecológicos de sus entornos.

Como ejemplo de estos modelos de gobernanza, el Punto de Esperanza del Xingu, en la cuenca del río Xingu, muestra un complejo sistema de gestión socioecológica de la tierra y paisajes urbanizados que surgió en torno a los años 1250-1350 de nuestra era. Situado en la ecorregión más amenazada de la Amazonía brasileña, conocida como el «arco de la deforestación», donde la deforestación ha reducido drásticamente la selva a menos del 20% de su tamaño original, la cuenca alta del río Xingu es especialmente digna de mención. Gracias a la cartografía participativa y las pruebas arqueológicas realizadas desde 1992 con la nación Kuikuro, se han documentado amplias prácticas de gestión del paisaje, como la creación y gestión de suelos antrópicos, la quema del paisaje y tecnologías avanzadas de gestión del agua y la pesca. Estas prácticas transformaron los bosques nativos en bosques culturales, demostrando la significativa influencia de los pueblos indígenas en la biodiversidad. En 2017 se estableció el Punto de Esperanza del Xingu en colaboración con Mission Blue y el Instituto Puente, junto con un Sistema de Información Geográfica (SIG) basado en la nube para la comunidad indígena Kuikuro. Este sistema integra datos procedentes de la cartografía arqueológica y del patrimonio cultural para supervisar variables socioecológicas, mostrando cómo el conocimiento indígena combinado con la tecnología moderna puede abordar retos medioambientales y sanitarios [25][25] Levis, C., Flores, B. M., Campos-Silva, J. V., Peroni, N., Staal, A., Padgurschi, M. C. G., … y Clement, C. R. (2024). Contributions of human cultures to biodiversity and ecosystem conservation [Contribución de las culturas humanas a la conservación de la biodiversidad y los ecosistemas]. Nature Ecology & Evolution, 8(5), 866-879. Dispobible aquí: https://doi.org/10.1038/s41559-024-02356-1.

Casos como éste subrayan la crucial importancia de integrar la sabiduría de los pueblos indígenas y las comunidades locales en la planificación y la formulación de políticas medioambientales. Las soluciones deben ser culturalmente apropiadas, técnicamente sólidas y diseñadas para fomentar eficazmente una amplia participación de la comunidad con el fin de mitigar los riesgos medioambientales. Igual de fundamental es fomentar la colaboración entre los funcionarios del gobierno y los miembros de la comunidad para garantizar que todas las voces sean escuchadas y valoradas. La incorporación de métodos decoloniales, que hacen hincapié en el cuidado, la reciprocidad y la solidaridad, enriquece aún más este enfoque, proporcionando un marco global e integrador para el desarrollo sostenible.

Esta estrategia global ofrece a ciudades como Manaos una oportunidad decisiva para establecer nuevas normas de gestión del agua urbana, que podrían servir de modelo para otras ciudades brasileñas y de otros países. La integración de los conocimientos tradicionales con los esfuerzos de conservación contemporáneos genera armonía entre el desarrollo urbano y los recursos naturales. Este enfoque respeta la sabiduría ancestral y la aprovecha para construir comunidades resilientes. Arraigado en una visión holística de la naturaleza, un marco de cuidado y reciprocidad puede ayudar a «posponer el fin del mundo», como sugiere Ailton Krenak, fomentando el reconocimiento mutuo y las prácticas medioambientales sostenibles. Esta estrategia conduce a resultados más eficaces y apoya el empoderamiento y la resiliencia de las comunidades, garantizando un papel activo en la configuración de su futuro.

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