La ultraderecha como resultado de la crisis del neoliberalismo: el caso de Argentina

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Soledad Magno
Mar, 2024
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La llegada a la presidencia de Javier Milei en Argentina es uno de los resultados más dantescos de la crisis del sistema neoliberal actual. Una crisis sistémica y global, con multiplicidad de ramificaciones (a nivel alimentario, climático, sanitario, etc.) que viene conjugada con la ruptura del pacto social y acompañada por la irrupción de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación.


Neoliberalismo: una retrospectiva

El neoliberalismo tuvo su origen a mediados de la década de 1970, como respuesta a la crisis del capitalismo. Este último había dejado de producir los ingresos suficientes para continuar generando riquezas y reproduciéndose como sistema. La forma de enfrentar esta debacle supuso una suerte de profundización del sistema, llevada a cabo mediante acciones concretas: globalización, desregulación, flexibilización y achicamiento del Estado.

En una primera instancia, el impacto del neoliberalismo generó sensación de éxito y creó falsas expectativas entre sus defensores. Ejemplo de ello fue el célebre académico Francis Fukuyama, que proclamó «el fin de la historia» y la imposibilidad de una alternativa superior al sistema neoliberal. La caída del Muro de Berlín, el fin de la Guerra Fría y el colapso de las economías socialistas, fueron interpretadas como el triunfo incontestable de un capitalismo financiero que se reinventaba y expandía a escala global.

Foto_ José Carlos Cortizo Pérez_CC BY 2.0
Las políticas neoliberales, promovidas por las instituciones financieras internacionales y por las grandes potencias mundiales, propiciaron una transferencia de riqueza a escala global, aumentando la brecha entre los más ricos y los más pobres. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), un cuarto de siglo atrás, el 10% más rico de la población de los países de la OCDE ganaba en promedio siete veces más que el 10% más pobre; mientras que en el 2018 la diferencia se había multiplicado nueve veces y media más [1][1] KEELEY, B. (2018), Desigualdad de ingresos: La brecha entre ricos y pobres, Esenciales OCDE, OECD Publishing, Paris. Disponible aquí: https://doi.org/10.1787/9789264300521-es. La pandemia del Covid-19 profundizó aún más esta brecha.

Hasta dicha pandemia del 2020, los últimos treinta años estuvieron marcados por un capitalismo neoliberal que atravesó diversas crisis en rápida sucesión: la inflación global de la década de 1970, la explosión de la deuda pública en la década del 80 y el rápido aumento del endeudamiento privado durante la década siguiente, que dio lugar al colapso de los mercados financieros en 2008.

La caída del Muro de Berlín, el fin de la Guerra Fría y el colapso de las economías socialistas fueron interpretadas como el triunfo incontestable de un capitalismo financiero que se reinventaba y expandía a escala global.
La crisis del capitalismo neoliberal que estalló en el año 2008 con el colapso de los mercados financieros dio pie a que se comenzaran a cuestionar con fuerza —y desde diversos sectores— los fundamentos del modelo. Este proceso, aunque con distintas características, había comenzado a principios de siglo en Latinoamérica y fue el plafón para el surgimiento de los gobiernos progresistas que impulsaron procesos de cambio en la región.

Así como en los años 70 el Cono Sur fue el laboratorio de la aplicación del sistema neoliberal —a través del terrorismo de Estado, primero en Chile y expandiéndose rápidamente a Argentina y luego a más países—, pocos años después la base de experimentación neoliberal se instaló con fuerza en el Norte, con los gobiernos de Ronald Reagan en Estados Unidos y de Margaret Thatcher en el Reino Unido.

A principios de los años 2000 la crisis del sistema neoliberal se plasmó en Latinoamérica en forma de crisis de deuda; mientras que, unos años después, la crisis financiera internacional fue el caldo de cultivo para fenómenos como el Brexit en Reino Unido y la llegada de Trump a la presidencia de los Estados Unidos.


La pandemia de Covid como catalizador de contradicciones

El año 2020 comenzó con la crisis generada por la pandemia del Covid-19, que puso en jaque todos y cada uno de los preceptos que el capitalismo neoliberal había predicado en los últimos 50 años. El drama humanitario que se vivió a nivel global demostró la necesidad de una presencia fuerte del Estado, tanto para frenar la pandemia con medidas de confinamiento o aislamiento social, como para garantizar la atención sanitaria, el sostenimiento de la economía o la posterior carrera por las vacunas. Nada de eso hubiera sido posible siguiendo los preceptos neoliberales de un «Estado mínimo».

Las soluciones del mercado fueron abandonadas, e incluso los CEOs de grandes empresas, los bancos y las multinacionales acudieron entonces al Estado. Sin embargo, y paradójicamente, una vez pasada la emergencia un amplio sector de la sociedad culpó al Estado como principal responsable de los efectos —tanto económicos, como sociales y sanitarios—, de la pandemia.

Salvo contadas excepciones, la mayoría de los gobiernos que habían llevado a cabo la gestión estatal durante la crisis del Covid-19 perdieron las elecciones durante la post-pandemia. El confinamiento resultó ser un momento propicio para poner en cuestión el sistema, pensar nuevas posibilidades y proponer alternativas; pero no tando desde los movimientos populares, como hubiera sido deseable, sino desde las derechas. Los sectores reaccionarios sí supieron encontrar y construir una alternativa que, aunque probablemente será de corto alcance, está causando mucho daño a nivel político, social y económico, con multitud de consecuencias que aún no es posible dimensionar.

La subjetividad individualista generada durante años de neoliberalismo profundizó sus propias contradicciones con una crisis global que no distinguía entre ricos y pobres; pero que al mismo tiempo cortaba los lazos sociales y nos aislaba a los unos de los otros.
Cabe destacar que en el continente americano dos de los gobiernos de ultraderecha que estaban en el poder durante la pandemia —Brasil y Estados Unidos—, también perdieron las elecciones y fueron muy cuestionados por las políticas aplicadas; pero ambos salieron del gobierno con un sustento popular mucho más fuerte que con el que ingresaron. Se trató de derrotas electorales muy ajustadas, que dieron como resultado las revueltas e intentos de golpe de estado que se vivirían en ambos países tras las elecciones.

Por último, el aislamiento impuesto durante la pandemia de Covid-19, con su consecuente aumento del uso de la tecnología como medio de comunicación, generó otra crisis menos comentada y de la cual estamos todavía conociendo sus implicaciones: la crisis de salud mental, que afectó especialmente a los sectores más jóvenes de la sociedad.

En definitiva, podemos afirmar que la pandemia de Covid-19 funcionó como un catalizador, pues la subjetividad individualista generada durante años de neoliberalismo profundizó sus propias contradicciones con una crisis global que no distinguía entre ricos y pobres, hombres o mujeres, nacionales o extranjeros; pero que al mismo tiempo cortaba los lazos sociales y nos aislaba a los unos de los otros.

Así es como actualmente nos hallamos inmersos en una crisis multidimensional que comenzó en la llamada post-pandemia: el mundo continúa bajo un sistema neoliberal que está agonizando, pero la construcción de alternativas se desarrolla de manera lenta y errática.

Se trata, en palabras del ex Vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, de un «hecho paradojal» que caracteriza a nuestro mundo contemporáneo: «ni el neoliberalismo propone un plan a largo plazo que no sea simplemente un regreso violento y melancólico a las huellas del pasado, ni el progresismo presenta un horizonte con la capacidad de remontar las dificultades que han emergido de la pandemia y la crisis económica y ambiental» [2][2] GARCÍA LINERA, Álvaro (2022), La política como disputa de las esperanzas. CLACSO, Buenos Aires. Disponible aquí: https://www.clacso.org/la-politica-como-disputa-de-las-esperanzas/.

En este contexto, la llegada a la presidencia de Javier Milei se convierte en una suerte de efecto disruptivo de la crisis del neoliberalismo a nivel global. Disruptivo y novedoso, pues Milei pretende supuestamente aplicar los preceptos de la Escuela Austriaca, nunca antes probados en el mundo. A diferencia de otros movimientos de ultraderecha, el proyecto de Javier Milei es profundamente neoliberal, basado en la revalorización de las políticas de liberalización y privatización que fracasaron en los años 90 y que, en algún punto, ayudaron a que Sudamérica fuera faro de la alternativa neoliberal en los años 2000.


Deuda externa como doctrina de disciplinamiento neoliberal

A fines del año 2023 Argentina celebró 40 años de recuperación democrática. En diciembre de 1983 el país volvía a tener un gobierno electo por el pueblo, tras una sangrienta dictadura que se había instalado con el objetivo de implantar el sistema neoliberal. Ejecutada por militares, impulsada por el poder económico y en complicidad con un sector de la Iglesia Católica, la dictadura cívico-militar y eclesiástica instauró un sistema de terror que se llevó por delante miles de vidas —con desapariciones de personas y robos de bebés como máximos exponentes de su crueldad— pero instaló también un sistema económico que sería reforzado en la década del 90 por el llamado Consenso de Washington. Este sistema fue acompañado por ciclos de endeudamiento del país —endeudamiento siempre condicionado por la imposición y profundización de políticas neoliberales. Este ciclo solo se rompió en 2003, con la llegada de Néstor Kirchner al poder y el posterior pago conjunto de la deuda —junto con el Brasil de Lula Da Silva— al Fondo Monetario Internacional (FMI).

Los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner rompieron la hegemonía neoliberal en Argentina, y en el resto de la región otros gobiernos de la misma oleada progresista impulsaron procesos de cambio semejantes. Todos ellos se inscribieron como una contra-tendencia dentro del ciclo global neoliberal.

El debate público se volvió violento, adverso a la pluralidad y la convivencia y caracterizado por un creciente menosprecio hacia la democracia.
En el año 2015, a partir de la llegada al gobierno de Mauricio Macri, comenzó en Argentina un nuevo ciclo de endeudamiento, que puso la política económica del país de nuevo en manos del FMI. El gobierno de Alberto Fernández renovó el acuerdo con el FMI en 2019 en términos similares al gobierno de Macri, a pesar de la fuerte oposición de parte de la coalición de gobierno, por lo que el ciclo de endeudamiento no fue interrumpido. Además de esta crisis de deuda y de los efectos de la pandemia ya mencionados, cabe destacar el cambio climático —cristalizado en una de las sequías más importantes de la historia del país— como otro de los factores que ayudaron a llevar a Javier Milei a la presidencia de Argentina. Pues la sequía disminuyó más aún el ingreso de divisas en un país ya fuertemente endeudado y presa de un acuerdo con el FMI que no dejaba margen de maniobra.


Incompatibilidad entre neoliberalismo y democracia

El nuevo ciclo de endeudamiento iniciado por el gobierno de Mauricio Macri vino acompañado por la persecución mediática y judicial a los líderes de la oposición política en Argentina, representada principalmente por la figura de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Esta persecución fue incrementando progresivamente la violencia política, los ataques y hostigamientos –tanto online como offline– dirigidos contra militantes, organismos de derechos humanos, activistas feministas, referentes políticos, sociales y sindicales por parte de grupos, dirigentes y comunicadores alineados con la extrema derecha. El debate público se volvió violento, adverso a la pluralidad y la convivencia y caracterizado por un creciente menosprecio hacia la democracia.

El intento de magnicidio contra la por entonces Vicepresidenta y Ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner fue el punto culmen de una serie de ataques que se venían gestando hacía años, en un país que creía haber logrado un acuerdo de convivencia democrática con límites imposibles de traspasar. La reacción por parte del poder judicial, del sistema político y de los medios de comunicación ante este hecho no hizo sino corroborar que el acuerdo democrático se había roto. El 1 de septiembre de 2022 dejó patente que la violencia y la instrumentalización de la Justicia desencadenadas por la ruptura de los pactos sociales eran necesarias para imponer la profundización neoliberal que se avecinaba.


La violencia como forma de Gobierno: ultraderecha y anarco-capitalismo

El hastío de la sociedad ante un sistema en crisis que no parecía tener respuestas dio como resultado que el «plan motosierra» de Javier Milei se convirtiera insospechadamente en una alternativa válida. La insatisfacción democrática planteada como concepto por la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner empezaba a mostrar sus consecuencias.

El debate político como democrática confrontación de ideas fue reemplazado por la agresión y la violencia hacia el que piensa distinto. La campaña electoral del año 2023 estuvo sellada por la descalificación y la agresividad por parte de los candidatos de la derecha. El discurso que promovía que había que destruirlo todo fue ganando terreno. Aunque el candidato del peronismo Sergio Massa estuvo a solo tres puntos de ganar en primera vuelta, en el ballotage la derrota fue por más de quince puntos.

La campaña de Sergio Massa no pudo poner el debate de ideas de futuro por encima de una gestión —la de Alberto Fernández como presidente, y del propio Sergio Massa como Ministro de Economía— que había estado marcada por la renegociación de la deuda externa, la insuficiente distribución del ingreso y la falta de control de precios que aceleraron la inflación. Estos factores, unidos a las consecuencias ya analizadas de la pandemia, la guerra en Ucrania y la sequía —y sumado también a la proscripción por parte de la Justicia de la principal líder del peronismo, más el descontento fruto de las diferencias dentro de la coalición de Gobierno— lograron decepcionar a gran parte del pueblo argentino. Y por primera vez en la historia argentina llegó a la presidencia, por las urnas, un gobierno de ultraderecha con un discurso abiertamente de ultraderecha.

No es la primera vez en la historia de la humanidad que una versión exacerbada del sistema se usa como tabla de salvación para la supervivencia del mismo.
El proyecto distópico y anarco-capitalista que hoy gobierna Argentina es una versión extrema del neoliberalismo. Un síntoma de la propia crisis del sistema y, al mismo tiempo, una respuesta surgida al calor de su profundización. No es la primera vez en la historia de la humanidad que una versión exacerbada del sistema se usa como tabla de salvación para la supervivencia del mismo.

La filosofía en la que se basa el gobierno de Javier Milei defiende a ultranza el individualismo, la propiedad privada, el mercado como núcleo organizador de la sociedad y el funcionamiento de la organización social sin Estado. Wendy Brown, en su libro En las ruinas del neoliberalismo [3][3] BROWN, Wendy (2019), En las ruinas del neoliberalismo, El ascenso de las políticas antidemocráticas en Occidente, Nueva York, Columbia University Press. Disponible aquí: https://traficantes.net/sites/default/files/pdfs/TDS_map64_Brown_web.pdf describe muy bien las características de estos movimientos: rechazan el colectivismo y las ideas de justicia social. Combinan una autopercepción de superioridad moral y estética (en palabras del propio Milei) con una conducta amoral y grosera. Respaldan la autoridad, pero al mismo tiempo sus dirigentes se mueven con desinhibición social pública y con un nivel de agresión sin precedentes. Critican vehementemente el relativismo, pero a la vez se enfurecen contra la ciencia y la razón. Desprecian a los políticos y a la política, mientras muestran una voluntad de poder y una ambición política feroces.

En el caso de Argentina, será necesario profundizar en los estudios de psicología social para poder entender (y enfrentar) esta fase ultra-neoliberal y comprender cómo se llegó hasta acá y qué posibilidades tiene este movimiento y/o esta ideología de crecer y expandirse a nivel global. Lo que está claro por el momento es que el fenómeno de la ultraderecha «libertaria» (como se hacen llamar a sí mismos) responde a décadas de ataques neoliberales a la democracia y a los ideales de igualdad y justicia social. Aún no podemos afirmar que este peligroso fenómeno fuera diseñado expresamente por el propio sistema para profundizarse y sobrevivir; pero sí que es fruto, sin duda, de la subjetividad neoliberal.


Conclusiones

La crisis de representación generada como consecuencia de la crisis del sistema neoliberal dio lugar al surgimiento de movimientos de ultraderecha en Argentina y en el mundo. En el Norte Global, estos movimientos se han caracterizado sobre todo por los discursos xenófobos y anti-inmigración, así como por el rechazo a la Europa comunitaria. El fenómeno del Brexit y el crecimiento y la irrupción de distintas fuerzas de extrema derecha en los parlamentos de toda Europa reflejan claramente esta tendencia; que tiene su corrrelato en Estados Unidos con el triunfo de Trump en 2016 y su posible regreso en la actualidad.

En América Latina, esta ola reaccionaria ha supuesto la llegada al poder de fuerzas de derecha antidemocráticas que, a través del lawfare y los discursos de odio, han hecho tambalear los cimientos de sociedades que venían de una década de políticas de inclusión y avances en derechos humanos.

Los puntos medios, las avenidas del medio, han creado monstruos radicalizados.

Sin embargo, en medio de este contexto de involución, existe una amplia gama de movimientos de base que están presentando resistencia a la ultraderecha. Existe una alternativa ciudadana, donde el feminismo y el ambientalismo son preponderantes, que propone una nueva forma de organización política y social, en permanente búsqueda de una sociedad más libre, más justa y más igualitaria. Se trata de movimientos de carácter horizontal e inclusivo que, a la vista de la desafección provocada por los partidos políticos y los sindicatos tradicionales, proponen reinventarse a sí mismos, romper con las viejas formas de hacer política y ejercer el poder. Pues, si bien desde hace años estos partidos políticos y sindicatos tradicionales vienen incluyendo en su agenda las demandas de los movimientos sociales, no han logrado romper el statu quo ni satisfacer las aspiraciones de las mayorías sociales. No es casualidad que el concepto de «casta» haya sido el leitmotiv del discurso político de Milei.

Como hemos sostenido a lo largo del presente artículo, el sistema neoliberal ha logrado profundizarse para sobrevivir, pero sus constantes crisis demuestran que no es sostenible. Vivimos bajo un sistema que ya no da para más.

Es necesario crear una alternativa al neoliberalismo, y para ello no partimos de la nada: la primera década del siglo XXI en América Latina dejó muchos ejemplos de alternativas que, desde la creatividad, desde la empatía y desde la esperanza, transformaron el statu quo y demostraron que era posible construir algo nuevo. En la actualidad también hay ejemplos en nuestra región que pueden conducir este proceso y marcar el camino: López Obrador en México, Petro en Colombia y Lula en Brasil.

Frente a una derecha que está enfrentándose enloquecida contra el declive de su vetusto orden mundial, que ya no intenta convencer, sino aniquilar, que no intenta incluir sino castigar, y que está guiada por el odio al que piensa diferente; es indispensable repensar la democracia y plantear alternativas.

Alternativas que superen y dejen atrás el modelo neoliberal, y que no pierdan de vista que los puntos medios, las avenidas del medio, han creado monstruos radicalizados. Las experiencias latinoamericanas de los últimos años mostraron que los pactos sociales deben sellarse con las grandes mayorías, no con el poder económico concentrado.

El escenario está abierto para alcanzar los nuevos acuerdos democráticos que necesitamos.

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