La seguridad en crisis: desafíos para redescubrir el futuro

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Rafael Heiber | Patricia Guzmán Cabello

Jun, 2024
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Las crisis que atraviesa el orden mundial actual han develado lo insostenible de un sistema de consumo basado en el exceso y la extracción, en el que tanto los seres humanos como la naturaleza están subordinados a la explotación. El planeta se ha ido convirtiendo en un territorio cada vez más hostil, como si demostrara las inconsistencias del proyecto moderno en su intento de dominar la naturaleza. El antropocentrismo ha dado lugar, de esa manera, a una relación totalmente desmedida del ser humano hacia todo lo que le rodea. Socialmente, su expresión definitiva es la instauración del individualismo y el utilitarismo —los aspectos más limitados de la economía política— como principios normalizadores de nuestras relaciones.

A pesar de que el éxito de la humanidad como especie tenga mucho que ver con su propia fragilidad y las soluciones que encontramos para compensarla, la época actual representa un desafío inédito para su futuro. La pandemia de Covid-19 fue más que una emergencia transitoria: entre sus muchas consecuencias, precipitó y consolidó un estado de ánimo colectivo de frustración y melancolía, enmarcado en la incertidumbre que caracteriza la contemporaneidad. La Covid-19 fue, en ese sentido, una «gripe» que desveló la vulnerabilidad de un cuerpo —social— gravemente enfermo, y la fragilidad crónica de sus valores y vínculos. No sólo acrecentó las desigualdades globales de manera abrupta, sino que también reveló la incapacidad del sistema para brindar seguridad y salubridad a la mayoría de la población mundial. Una condición que hasta entonces había sido temerariamente ignorada.

Foto_ Jay Ryness_ CC BY 2.0

Políticamente, el síntoma más visible de la presente fase ultraliberal es el fortalecimiento de un extremismo reaccionario que se está articulando internacionalmente. Este auge del reaccionarismo se plasma, en distintos niveles de perversidad, en expresiones que van desde el genocidio palestino en Gaza hasta la desaparición de las clases medias en los países desarrollados —que hasta hace muy poco fueron el modelo aspiracional por antonomasia en las social-democracias.

Inmersos en esta tesitura, al borde de múltiples colapsos, se antoja realmente difícil imaginar un futuro. La brecha existente entre la evolución ético-moral y el avance técnico-científico, mucho más acelerado, engendra e incrementa una falsa sensación de autosuficiencia y prepotencia, que encierra en sí el desgarro de la condición misma de fragilidad. Prueba de ello es el hecho de que, hasta el día de hoy, se haya logrado la movilización de muchos más recursos para sostener guerras que para financiar la gestión de la crisis ambiental, eliminar el hambre o erradicar deficiencias sanitarias.

Este escenario de crisis e incertidumbre del que se nutre el extremismo reaccionario permite la proliferación y el fácil posicionamiento de los discursos de odio basados en la diferenciación negativa. Esto se ve muy claramente en Latinoamérica, donde los proyectos progresistas de la década pasada —que materializaron la representación de los sectores populares e impulsaron políticas de soberanía rupturistas con la trayectoria neoliberal impuesta hasta entonces en la región— generaron una reacción sumamente violenta.

Las crisis que atraviesan el orden mundial actual han develado lo insostenible de un sistema de consumo basado en el exceso y la extracción.

Muchos de esos procesos políticos que lograron incluso la redacción y aprobación de nuevas Constituciones, se encontrarían una década después con el miedo y el rechazo de ciertos grupos a lo nuevo o transformador. Un miedo claramente insuflado en la población por parte de los sectores ultras, que están impugnando decididamente los consensos democráticos —ya sea mediante la deslegitimación de resultados electorales, u otro tipo de intentos de desestabilización.

Estos fenómenos regionales y locales tienen su claro correlato en tendencias globales como el llamado «multilateralismo frágil». Un multilateralismo que no ha logrado imponerse como consenso global, como método horizontal de mediación, debido al rol desproporcionado que aún siguen desempeñando los países «del centro», en detrimento de los países «periféricos» [1][1] PÉREZ CALDENTEY, Esteban, SUNKEL, Oswaldo, y TORRES, Miguel (2012). Raúl Prebisch (1901-1986): Un recorrido por las etapas de su pensamiento sobre el desarrollo económico. Santiago: CEPAL. Disponible aquí: https://www.cepal.org/es/publicaciones/40062-raul-prebisch-1901-1986-un-recorrido-etapas-su-pensamiento-desarrollo-economico. La teoría centro-periferia del sistema-mundo [2][2] WALLERSTEIN, Immanuel. La teoría centro-periferia, que bebe del marxismo, analiza el desarrollo social y el capitalismo partiendo de la premisa de que los países más poderosos explotan a los menos desarrollados en la economía globalizada. sigue lamentablemente vigente en la actualidad, provocando un desgaste del multilateralismo que ha dejado patente la incapacidad del sistema multilateral actual para resolver los conflictos bélicos a los que asistimos hoy. Sin embargo, esa fragilidad del sistema multilateral contemporáneo es la misma que ha abierto una rendija al llamado «multipolarismo», pues existen a día de hoy diferentes polos de poder que se disputan el orden mundial, y eso es precisamente lo que abre la posibilidad a un cambio de paradigma. Un nuevo orden en el que los países «periféricos» y «semiperiféricos» jugarán sin duda un papel más relevante.

En el presente volumen los diferentes autores contextualizan, analizan y evalúan distintas perspectivas de estos desafíos estructurales de gobernabilidad local y global, desde diversos enfoques políticos, económicos y geopolíticos. Generando un diálogo crítico respecto al momento actual, el Volumen 5 de metapolis pretende trazar horizontes posibles, antes de que los consensos democráticos se desmoronen definitivamente.

El ex-primer ministro de España, José Luis Rodríguez Zapatero, abre el número con un mensaje contundente de que «La paz siempre es la tarea». En su artículo, el ex mandatario presenta los grandes avances en materia de coordinación internacional para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas como puente para una Constitución global. Entendiendo que la globalización es un camino sin vuelta atrás, elabora una reflexión que llama a potenciar sus beneficios y, al mismo tiempo, corregir los rumbos que han llevado al calentamiento global y a los conflictos geopolíticos actuales. Zapatero estimula al lector a atreverse a pensar lo impensable para reencontrar el futuro en el horizonte, apuntando a la abolición de la guerra como prioridad de esta nueva imaginación. Y señala la ciencia, el progreso y la igualdad como únicas vías posibles para superar la amenaza de la autodestrucción.

Foto_ raya y punto_ CC BY NC ND 2.0

Una de las medidas multilaterales que ejemplifica esta postura constructiva es detallada por el vice secretario general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), Pedro Manuel Moreno, en su artículo «Tensiones globales y soberanía comercial». La guerra entre Rusia y Ucrania generó un importante bloqueo en las cadenas globales de suministro alimentario y energético, poniendo en evidencia la imposibilidad de autosuficiencia a nivel nacional. Más allá de solventar necesidades inmediatas de insumos y mercancías, el comercio mundial puede ser un importante aliado para explorar caminos de conciliación bélica, sostiene el autor. Y lo ejemplifica con el caso de la Black Grain Initiative que, con la vocación de proteger la seguridad alimentaria de los países menos favorecidos, fue liderada por la UNCTAD e hizo posible la distribución de millones de toneladas de alimentos. Alimentos que, de no haber sido por esa iniciativa multilateral, estarían bloqueados en el Mar Negro, impedidos de cumplir su misión de alimentar al mundo.

El planeta se ha ido convirtiendo en un territorio cada vez más hostil, como si demostrara las inconsistencias del proyecto moderno en su intento de dominar la naturaleza.

Soledad Magno, quien fuera directora de Cooperación del Ministerio de Interior de Argentina, ahonda en el fenómeno de «La ultraderecha como resultado de la crisis del neoliberalismo: el caso de Argentina». A partir de una contextualización crítica del neoliberalismo, pasando por el efecto catalizador de la Covid-19 y el continuo adiestramiento financiero de los gobiernos nacionales, llega hasta la fase disruptiva aprovechada por Javier Milei. Y analiza cómo el proyecto anarco-capitalista y violento de Milei, que pone a prueba los límites del propio sistema, carece de ningún tipo de compromiso por revertir las lógicas de desigualdad. Al contrario, promete profundizarlas.

Milei, Bolsonaro, Trump y otros autócratas de nuestra época son el resultado de las ruinas de más de cuarenta años de neoliberalismo. En su texto «La época de la incertidumbre. El tiempo liminal», Álvaro García Linera, ex vicepresidente de Bolivia, detalla los síntomas de este «tiempo desgarrado», caracterizado por la adhesión colectiva a múltiples promesas engañosas. Promesas que han deturpado la noción de universalidad junto al modelo vigente de globalización promovido por los mercados. Ahora, mientras la geopolítica confronta con los dogmas del libremercado y parece llegar a su fin uno de los ciclos históricos de acumulación que se repiten cada cuarenta, cincuenta o sesenta años; emerge un nuevo tiempo acelerado y confuso. Este «tiempo liminal» está marcado por una serie de procesos interrelacionados, como la incapacidad de predicción o la divergencia de las élites; pero trae aparejada también la apertura cognitiva a nuevos principios organizativos. Se trata de un tiempo de transición que, sin un destino determinado ni asimilado por las mayorías, puede convertirse en un momento social propicio para promover un nuevo sentido común global.

En consonancia con este período de transformaciones al que asistimos, Diego Borja, exministro de Economía y Finanzas de Ecuador, ofrece un análisis crítico de la gestión global de los desafíos comunes y del orden financiero internacional. En su artículo «Hacia un orden económico alternativo: una visión desde el Sur», el economista analiza la irrupción de un nuevo orden económico en el que el llamado Sur Global está cobrando protagonismo, a la vez que superando las relaciones neocoloniales con los países del Norte. Existen numerosos puntos de coincidencia entre los países del Sur, ya sean las políticas públicas para afrontar el problema del calentamiento global o la voluntad de crear una alternativa financiera desvinculada del dólar, para privilegiar los intercambios comerciales en monedas nacionales. Estos ejemplos, así como las alianzas regionales como los BRICS o la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN) demuestran que el Sur Global está construyendo una nueva multipolaridad que promete disputar el status quo global.

La Covid-19 fue una «gripe» que desveló la vulnerabilidad de un cuerpo —social—gravemente enfermo, y la fragilidad crónica de sus valores y vínculos.

Por último, en su artículo «La Nakba como rito de paso ¿hacia el genocidio?», la historiadora brasileña Arlene Clemesha aborda uno de los conflictos geopolíticos que más está tensionando el escenario global actual. La autora realiza una necesaria retrospectiva del conflicto entre Israel-Palestina, repasando el origen «artificial» del Estado judío, la expulsión forzosa de miles de palestinos, el estado constante de guerra —variando en niveles de mayor o menor intensidad— que se ha vivido en la llamada «Tierra Santa» desde que se inventó el Estado de Israel; y el establecimiento de un régimen de apartheid a ojos de una indolente comunidad internacional. Así, mediante la revisión de los hechos históricos y también de las principales controversias y narrativas historiográficas —es decir, la forma hegemónica en la que nos relatamos esos hechos—, la profesora Clemesha demuestra la importancia de la elaboración de las causalidades. Cómo la imposición de un Estado en un enclave geopolítico complejo forzó un éxodo masivo, que fue reforzado con la limpieza étnica, que daría lugar al apartheid, que finalmente propició el genocidio al que asistimos hoy.

El reciente golpe de Estado fallido que ha vivido Bolivia este mismo mes de junio de 2024 es una muestra más de la fragilidad de los sistemas democráticos actuales, y de su permeabilidad al miedo generado por la falta de horizonte político. Esta indolencia colectiva no se trata, sin embargo, de un fenómeno en absoluto nuevo, sino muy similar al escenario que ya se vivió en las décadas de 1920 y 1930 a nivel global, y en los años 70 y 80 en Latinoamérica. El mundo se enfrentaba entonces a la «decadencia de Occidente» y a la crisis de la democracia liberal, entrando en una disputa política por capitalizar la indignación social. Parte del terreno perdido entonces fue ganado por la derecha en sus diversas variantes, y es así como la disputa —eminentemente discursiva— por la capacidad de construir futuros posibles y deseables sigue condicionando la agenda del presente.

El cambio climático, la crisis migratoria, las guerras que vuelven a desplegarse por el globo, la crisis financiera y la irrupción de la Inteligencia Artificial, son sin duda los principales desafíos a los que se enfrenta actualmente la humanidad. Los sectores reaccionarios saben bien cómo rentabilizar todas esas amenazas, y la falta de certezas que traen consigo. La pregunta que queda en abierto, y para la que este volumen pretende proponer posibles respuestas, es si quienes defendemos la igualdad, las políticas redistributivas y la justicia social, sabremos navegar este tiempo turbulento.

Si la humanidad, en definitiva, saldrá de la encrucijada del presente y conseguirá modificar el horizonte.

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