La seguridad en crisis: desafíos para redescubrir el futuro (parte II)

_

La seguridad en crisis: desafíos para redescubrir el futuro
(parte II)
_

Patricia Guzmán Cabello |
Rafael Heiber

Dic, 2024
MUSIC:

Asistimos a una etapa determinante para el orden mundial. La política internacional de la actualidad está atravesada por diferentes conflictos bélicos, como el de Ucrania-Rusia, que no sólo involucran directamente a otras potencias, y confrontan a diferentes actores internacionales; sino que han vuelto a desestabilizar el tablero global con lo que hasta hace no mucho era impensable: el uso de armas nucleares, ya sean tácticas o estratégicas.

Igual de impensable desde el triunfalismo de la democracia liberal es el genocidio perpetrado por Israel contra el pueblo palestino. Genocidio que ningún país, bloque o entidad internacional como las Naciones Unidas ha sido capaz de impedir. En este sentido, el ojo público está siendo testigo del secuestro de los espacios multilaterales: Estados Unidos defendiendo su hegemonía decadente, China construyendo su protagonismo astutamente multipolar, Europa en acelerada fragmentación y Rusia, junto a sus aliados, y por medio de vetos o complicidades… están permitiendo tanto la inhumanidad de un genocidio que ha puesto fin a la vida de miles de niños y niñas como la perpetuación del belicismo como principio de seguridad.

A este escenario se suma el refuerzo de los discursos ultra-nacionalistas —el supremacismo para compensar la mediocridad—, el negacionismo del cambio climático —la continuación de la saga antropocéntrica por dominar y destruir—, el endurecimiento de las políticas migratorias —dispositivos para marginar la pobreza producida— y la resistencia hacia los derechos de las mujeres —es decir, retrocesos respecto a conquistas históricas. Con este panorama global, cuesta imaginar un horizonte de vida digna que incluya desde los sectores privilegiados hasta los más vulnerables.

Foto_ CPT Palestine_ CC BY 2.0
Fácil sería si todo se pudiera resumir en un reordenamiento del juego geopolítico. Si todavía pudiésemos creer que los aparatos westfalianos tienen contra-pesos sistémicos; o si bastara simplemente con emplear aquella visión historicista —ya denunciada por Nietzsche—, que mira hacia atrás y piensa hacia atrás. Pero la emergencia de la esfera digital —completamente vaciada de compromiso público—, ha servido de plataforma para sincronizar cerebros y acelerar la imposición micropolítica de una racionalidad que interdicta la creación de tejido social y convierte principios comerciales en imperativos categóricos. El individuo de nuestra era se encuentra abandonado por Dios y por la sabiduría, y esperando con entusiasmo que la salvación venga de mano de empresarios exitosos a los que aspira a parecerse.

En última instancia, nos hallamos ante la crisis inevitable de esta racionalidad competitiva, egocéntrica, disciplinada y engañosamente meritocrática que ha transformado la totalidad de lo mundano en cualquier forma de recurso —humano, natural, tecnológico o económico. Bajo esta lógica, los Estados son prescindibles y la ciudadanía, indeseada. El planeta se ha convertido en «Tierra S.A.»: los terráqueos que se adhirieron al simulacro han abdicado de su esencia comunitaria y de su amplitud existencial para convertirse en emprendedores, burócratas o gestores de todo tipo; mientras un exclusivo grupo, encerrados en lujosas burbujas, ejercen como consejeros delegados explorando y especulando salvajemente dentro y fuera de la «Tierra S.A» —pues el éxito de sus negocios y la garantía de sus lucros depende de las externalidades: una población, un río, un bosque, un saber, un gen, un mineral, y finalmente otro planeta para colonizar y explotar.


Más allá de las estructuras vigentes: el interregno como tiempo de pugnas

La esfera digital —completamente vaciada de compromiso público—, ha servido de plataforma para sincronizar cerebros y acelerar la imposición micropolítica de una racionalidad que convierte principios comerciales en imperativos categóricos.

Fenómenos como la explotación, las migraciones forzadas, la tecnología y una carrera armamentista financiada con miles de millones de dólares, han sumido a la sociedad de nuestro tiempo en la incertidumbre global. Nos hallamos ante lo que Antonio Gramsci llamó «el tiempo del interregno», definido por Rune Moller Stahl como un periodo de crisis prolongada, en el que el viejo equilibrio hegemónico se agota, sin que pueda emerger un proyecto hegemónico alternativo, ni haya fuerzas sociales capaces de establecerlo [1][1] R. Møller Stahl (2019): Ruling the Interregnum: Politics and Ideology in Nonhegemonic Times [Gobernar el interregno: Política e ideología en tiempos no hegemónicos]. Politics and Society vol. 43, No 7.. Un momento que deja al descubierto el agotamiento y el fracaso de las estructuras vigentes, sus contradicciones y límites. Ejemplo de ello es el sistema multilateral actual, que ha demostrado su insuficiencia y sus carencias al no haber podido evitar la escalada de guerras; pero para el que tampoco parece existir, de momento, una alternativa viable: aquellos que parecen querer impulsar un cambio hacia nuevos patrones o que están disputando la hegemonía global, como los BRICS; no parecen estar logrando, sin embargo, la concreción de un nuevo orden mundial. Si algo está claro es que nos encontramos en un periodo de quiebra de los consensos y de pugna por el sentido común, donde las diferentes fuerzas emergentes van a encontrarse con la cada vez más difícil tarea de imponer sus ideas.

Como ya advertíamos en el primer Número de este volumen, este escenario global de incertidumbre resulta propicio para el surgimiento del extremismo reaccionario. Preservar los consensos democráticos —tanto locales como mundiales— ante el auge de estos grupos radicales, articulados internacionalmente, a los que les resulta muy fácil prescindir de ellos; probablemente sea la tarea más urgente que enfrentamos ahora.

De ello habla el artículo de Ariel Goldstein, «Descifrando a la extrema derecha global: alianzas, narrativas y estrategias». A partir del análisis de los factores estructurales y disruptivos que generan un profundo rechazo e indignación de la población hacia la clase política tradicional —ya sea por escándalos de corrupción, falta de resultados económicos u otras cuestiones—, el investigador argentino aporta luz sobre la creciente irracionalidad que impulsa la expansión de este tipo de movimientos políticos. Movimientos que presentan una respuesta autoritaria apoyada por la desinformación masiva de las redes y las nuevas tecnologías. En esta época de incertezas marcada además por el cambio tecnológico, advierte el autor, la religión y otras posiciones conservadoras o reaccionarias pueden resultar un refugio tentador para sectores desafiliados de la sociedad.

Por su parte, la investigadora brasileña Laura Varella, en su artículo «Fabricando el miedo: cómo los especuladores de la guerra nos conducen a una guerra impulsada por la IA» detalla cómo las industrias tecnológicas y armamentísticas han fomentado y se han beneficiado enormemente de la retórica de la «carrera armamentística de la Inteligencia Artificial (IA)», basada en nociones militaristas y patriarcales de la seguridad. El discurso en torno a la supuesta inevitabilidad de la guerra impulsada por la IA plantea varios problemas éticos, morales y jurídicos, crea tensiones entre los Estados y obstaculiza el avance hacia la redacción de normas acordadas multilateralmente contra el desarrollo y el uso de las llamadas «armas autónomas». La tesis fundamental de la autora es la necesidad de refutar y cuestionar sistemáticamente las narrativas que normalizan la guerra impulsada por la IA. Una guerra que —no podemos olvidarlo— beneficia y está siendo promovida por las mentes de los especuladores y por quienes se lucran con ella.

Nos hallamos ante la crisis inevitable de esta racionalidad competitiva y egocéntrica, que ha transformado la totalidad de lo mundano en cualquier forma de recurso.

La investigadora ecuatoriana Selene López aborda en su artículo «Entre el águila y el dragón: La posición de América Latina en la transición energética» otra de las problemáticas geopolíticas actuales: la viabilidad de una transición energética justa para los países de América Latina. La región latinoamericana, rica en minerales críticos como el litio, el cobalto y los elementos de tierras raras, se encuentra en una encrucijada, en medio de la pugna entre Estados Unidos y China por la hegemonía mundial en materia de seguridad energética. El análisis de la autora parte del reconocimiento de la competencia de poder que está teniendo lugar en el marco de la actual reconfiguración del orden internacional. La transición energética se ha convertido en un escenario clave de la competición geopolítica, y cualquier aproximación a los retos y oportunidades de la región a este respecto exige tenerlo en cuenta. Sin perder de vista, además, el desafío de equilibrar los intereses económicos con las consideraciones medioambientales y sociales.

Continuando con el análisis de las múltiples crisis, Pedro Arrojo Agudo, Relator Especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el Derecho al Agua y al Saneamiento, analiza una dimensión particularmente paradójica del colapso medioambiental de nuestra era: la crisis global hídrica. Como explica en su artículo «¿Escasez de agua, o excedente de ambición?», la paradoja radica en que la inmensa mayoría de personas sin acceso garantizado al agua potable son personas que viven junto a ríos y lagos o sobre acuíferos, pero los cuales están contaminados o sobre-explotados por desarrollos productivos insostenibles. Así, al igual que el cambio climático, la crisis global del agua se ceba también de manera desproporcionada con los sectores más vulnerables y empobrecidos del planeta. El autor propone, en consecuencia, reflexionar sobre la naturaleza de esta crisis y de todas las otras que componen la emergencia climática de nuestros días, y preguntarnos si el problema fundamental es realmente de escasez de agua o de «excedente de codicia» por parte de los sectores que se lucran a costa de los recursos más básicos.

A continuación, el trabajo de Luciana Lemos parece concretar esta problemática con un ejemplo que muestra de manera más específica esta vulnerabilidad medioambiental. En su artículo «Manaos: Desafíos de la gestión del agua en medio de la selva amazónica», la investigadora brasileña analiza el caso de la ciudad amazónica de Manaos, donde la problemática del agua se ve agravada por la dinámica social, afectando especialmente a las numerosas comunidades indígenas que habitan las riberas del río. La seguridad hídrica es mucho más que proporcionar agua a la población: es una cuestión de salud pública y también de preservación del patrimonio cultural de los pueblos originarios. Para garantizarla, es necesario superar las visiones desarrollistas occidentales de gestión de los recursos hídricos, integrando en cambio los paradigmas de las comunidades indígenas, y sus modos de relacionarse con la naturaleza.

Más allá de la urgente pugna por los medios de producción contemporáneos, reinventar el futuro implica también la disputa por los medios de representación.

Por último, la analista británica Barbara Adams recoge en su artículo «Claves para el futuro: Descifrando los fallos de la gobernanza mundial de ayer y hoy» las voces del Sur Global en primera persona. Testimonios de numerosos países que están denunciando muy directamente, —en el marco de la Cumbre del Futuro y otros foros de la ONU—, que no se puede hablar de multilateralismo cuando las estructuras de la gobernanza mundial están cimentadas sobre un orden mundial injusto y desigual. Un viejo orden que —al hilo del interregno gramsciano del que venimos hablando— no está preparado para renunciar, ceder o compartir el poder; pero se da cuenta de que no puede seguir gobernando a la vieja usanza.

La carga de la deuda que cuelga del cuello de los más pobres del mundo retrata a la perfección los sesgos de la arquitectura financiera internacional del mundo actual: un sistema financiero «moralmente en bancarrota» —como lo definió el propio Secretario General de las Naciones Unidas—, que recompensa a los inversores y prima el pago a los acreedores en lugar de promover la sostenibilidad. «Un Plan Marshall a la inversa», en el que los más pobres financian a los más ricos, quedándose sin el espacio fiscal necesario para hacer las cosas que se les sugieren.

Adams logra tomar el pulso en su trabajo a las demandas y frustraciones del Sur Global, al clamor por «un nuevo Bretton Woods» o contra el sistema de veto en el seno de la ONU. Y es que, al igual que el Consejo de Seguridad de la ONU es visto a día de hoy por la mayoría de países del mundo como una «reliquia anticuada», que no refleja la realidad actual; el veto es, para muchos de los países del Sur, «la fuente de la imperfección». El «pecado original» del sistema de Naciones Unidas, que lo vuelve incapaz de reaccionar ante la guerra, y por supuesto de lograr la paz para nuestra especie.

Foto_ J E Theriot_ CC BY NC ND 2.0
Todas estas cuestiones ponen de relieve la persistente tensión entre aquellos que pretenden profundizar y perpetuar pautas de desigualdad y privilegio, y quienes aspiramos a blindar los Derechos Humanos, así como a conquistar avances en materia de derechos para la mujeres, los pueblos indígenas y otros sectores históricamente marginados. El colapso del sistema es hoy por hoy tan evidente como la necesidad de transitar hacia una lógica común que anteponga la dignidad de la vida humana y la sostenibilidad del planeta a los intereses de corporaciones y países que generan guerras, sobreexplotan los recursos naturales y propagan discursos de odio. Más allá de la urgente pugna por los medios de producción contemporáneos, reinventar el futuro implica también la disputa por los medios de representación, necesarios para refundar otro humanismo y otra globalización.

·

COMPARTIR: