La época de la incertidumbre. El tiempo liminal

_

Álvaro García Linera
Abr, 2024
MUSIC:

«Todas las fuerzas económicas que impulsaron el progreso y la prosperidad durante las últimas tres décadas se están desvaneciendo».

Banco Mundial, marzo de 2023


Los síntomas de un tiempo desgarrado

Durante 35 años, entre 1980 y 2005, el orden moral y laboral de gran parte del planeta estuvo regido por un conjunto de principios básicos que alentaban un destino imaginado, e inevitable, del curso de las sociedades. De los esfuerzos personales y familiares con los que las personas justificaban sus actividades diarias, sus sacrificios, sus estrategias cotidianas.

El libre mercado como modo «natural» de asignación de recursos en el cual hallar un «nicho de oportunidades» para el emprendimiento individual. La globalización como humanidad universalizada que permitiría que, tarde o temprano, los logros y bienestar de los ricos del mundo se desparramarían para todos, según su esfuerzo. El Estado pequeño y no intrusivo que liberaría la energía social y reduciría los impuestos. El déficit fiscal cero que lograría organizar el país como una casa austera en aborrecibles derechos colectivos, y auspiciosa en premios para los competitivos, los triunfadores. Todos estos emblemas orientadores desempeñaron el papel de destino imperativo con los cuales casi todos los gobiernos, las empresas, los periodistas, los «líderes» de opinión, los académicos reconocidos, los dirigentes sociales y las familias adecuaron sus expectativas de futuro venturoso, sus posibilidades factibles de desarrollo y modernidad.

Foto_ mhiguera_ CC BY 2.0

Era el espíritu dominante de un mundo que tenía dirección. Las sociedades aguardaban un futuro inevitable. Las familias, una certidumbre de época. Las personas, un horizonte predictivo para organizar sus estrategias diarias. No importaba cuán alejadas podían estar esas metas; no resultaban desmoralizadores los fracasos o interrupciones que uno hallaba en el camino, o cuán discriminatorias fueran las oportunidades de éxito. Se trataba de unas ideas-fuerza, de una imaginación compartida, con la certidumbre tácita del sentido común, que permitía organizar los retazos fragmentados de la vida diaria hacia un destino de éxito y grandeza.

El mundo es así y así había que estar en el mundo, afirmaban casi todos. La flecha del tiempo se abalanzaba hacia ese futuro optimista y nadie, a no ser alguien que no estuviera en el tiempo, o en el mundo, podía afirmar algo distinto.

El viejo orden se corroe, se agrieta, se desploma a cámara lenta, pierde fuerza económica y liderazgo ideológico (…) Dando lugar a un periodo de desencanto, de escepticismo colectivo, de adhesiones y entusiasmos cortos.
El primer síntoma adelantado de la decadencia de ese orden global vino desde las extremidades del cuerpo capitalista al despuntar el siglo XXI. América Latina intentó explorar alternativas al orden económico y político dominante mediante políticas híbridas de soberanismo, ampliación de derechos y libre comercio. Luego vino la crisis económica mundial del 2008. Después, el surgimiento de neoliberalismos semi-proteccionistas, con Trump en Estados Unidos (EEUU) y el Brexit en Reino Unido. A ello le ha seguido la «fragmentación geoeconómica» del orden global entre bloques regionales que comercian en función de amistades políticas y cercanía geográfica [1][1] Fondo Monetario Internacional (FMI) (2023), Geoeconomic fragmentation and the future of the multilateralism [Fragmentación geoeconómica y futuro del multilateralismo]. Disponible aquí: https://www.imf.org/en/Publications/Staff-Discussion-Notes/Issues/2023/01/11/Geo-Economic-Fragmentation-and-the-Future-of-Multilateralism-527266. Así, en conjunto, hemos entrado a una era del lento y patético desplome del viejo orden del libre mercado; y la emergencia, aún incipiente, de múltiples y variadas opciones sustitutivas, sin que ninguna de ellas logre hasta hoy afianzarse definitivamente. Esto da lugar a un mundo caótico, de trayectorias efímeras e incapaces de vislumbrar aún un nuevo orden que, de consolidarse, habrá de durar otros 40 a 50 años.


Ciclos de acumulación económica y dominación política

Si nos fijamos con atención en el transcurso de los últimos 150 años, las sociedades del mundo han atravesado distintas etapas económicas y políticas que, pese a sus diferencias internas, presentan tendencias similares. A estas etapas se las denomina ciclos económicos y políticos y, lo que hoy estamos viviendo en el mundo entero, es el declive de un ciclo económico y el consiguiente caos sistémico que surge de ese ocaso histórico. Hasta que, en la siguiente década, surja el nuevo modelo de acumulación y legitimación que estabilice la sociedad a escala global. Los ciclos de acumulación-dominación por lo general duran entre 40 a 60 años, desde que nacen, llegan a su cénit, decaen y son sustituidos por otro modelo de acumulación-dominación. En parte, estos ciclos coinciden con las «ondas largas» estudiadas por Kondratiev para las series de precios, producción, consumo y valor [2][2] Kondratiev, N.D. (2008). Los ciclos largos de la coyuntura económica. México: Editorial UNAM-IIE..

Tuvimos el ciclo liberal de 1870 hasta inicios de la Primera Guerra Mundial del siglo XX, cuando se inicia su descenso. Luego el ciclo del «Estado del bienestar», o del «capitalismo de Estado», a mediados de los años 30, que entraría en su fase descendente a fines de los años 60. Finalmente, el ciclo neoliberal que despuntó en los años 80, hasta mostrar signos de envejecimiento con la «gran recesión» del 2010 y el «gran encierro» del 2020 [3][3] Tooze, A., (2021). El apagón. Barcelona: Editorial Planeta.. Pero lo que ahora interesa de esta mirada cíclica de la historia, además de escudriñar las características del nuevo ciclo que podrá emerger, son los momentos intermedios entre ciclo y ciclo. Son los momentos de transición en los que el viejo orden se corroe, se agrieta, pierde fuerza económica, se desploma a cámara lenta y pierde liderazgo ideológico; —y esto es lo desgarrador—, sin que surja nada sólido y duradero que lo sustituya. Dando lugar a un periodo de desencanto, de escepticismo colectivo, de adhesiones y entusiasmos cortos seguidos de nuevas decepciones, desasosiego e incertidumbre, que puede durar un par de décadas. Es el tiempo liminal, un portal al vacío. Lo que Gramsci llamó «el interregno» [4][4] Gramsci, A. (2023). Cuadernos de la cárcel, Tomo 1. España: Editorial Akal.. Y es donde hoy nos encontramos.

Asistimos a un sorprendente repliegue del liderazgo de la banca europea en el sistema financiero global. En la medida en que ésta brindó el soporte óseo de la globalización de los años 1990-2010, este retroceso ha causado un shock de desglobalización significativo.

En los últimos años las economías más poderosas del planeta, con excepción de China, han visto resquebrajarse los principios organizativos de su orden económico y han tenido que ir a contracorriente de las pregonadas «leyes naturales de mercado» que abrazaron durante décadas. Estas son algunas tendencias reveladoras del fin de un ciclo global:

·Bajo crecimiento del producto interno bruto (PIB). Entre 1970 y 1982, el crecimiento de la riqueza económica mundial cayó del 5% anual al 2,7%. Eso puso fin al Estado de bienestar y al desarrollismo y dio paso al neoliberalismo, que logró aumentar el crecimiento al 3,1% durante 28 años. Pero desde el 2010 al 2022, nuevamente se cayó en un raquítico crecimiento del 2,7 % en promedio por año [5][5] Crecimiento del PIB anual 1961-2022, Banco Mundial. Disponible aquí: https://datos.bancomundial.org/indicator/NY.GDP.MKTP.KD.ZG. El Banco Mundial (BM) calcula que entre el 2023 al 2030 será aún peor, pues el crecimiento caerá a un 2,2%. Hemos entrado a una nueva «década perdida» [6][6] Banco Mundial (2024). Falling Long-Term Growth Prospects. Trends, Expectations, and Policies [Descenso de las Perspectivas de crecimiento. Tendencias, expectativas y políticas]. Disponible aquí: https://www.worldbank.org/en/research/publication/long-term-growth-prospects.
·Cadenas de valor globales en retroceso. La organización Mundial del Comercio, en un estudio reciente, muestra preocupada cómo las cadenas de valor que unificaban ventajas comparativas de distintas zonas del mundo para elaborar un producto, y que tuvieron una gigantesca expansión desde 1990; a partir del 2009 han comenzado a retraerse de manera sistemática [7][7] Organización Mundial del Comercio (2021). Global value chain development report beyond production [Informe sobre el desarrollo de la cadena de valor mundial más allá de la producción]. Disponible aquí: https://www.wto.org/english/res_e/publications_e/gvcdevreport_bprod_e.htm. Estamos pasando inexorablemente del offshoring planetario al nearshoring localista. La «geometría del comercio global», en términos de distancia geopolítica y geográfica, está siendo transformada estructuralmente. El Mckinsey Global Institute ha calculado que, en el caso de EEUU, esta distancia geopolítica se ha recortado, entre 2017 y 2023, un 10%; en tanto que Alemania lo ha hecho en un 6% y Reino Unido en un 4% [8][8] McKinsey Global Institute (2024). Geopolitics and the global geometry of global trade [Geopolítica y geometría global del comercio mundial]. Disponible aquí: https://www.mckinsey.com/mgi/our-research/geopolitics-and-the-geometry-of-global-trade.
·Según el Bank for International Settlements (BIS), el crecimiento del comercio mundial, baluarte del globalismo neoliberal, que entre 1980 y 2009 creció imparable del 12% al 19% respecto al PIB global; en el 2009 se estancó y desde entonces ha caído del 19% al 15% [9][9] Banco de Pagos Internacionales (BIS), (2023). Global value chain under the shadow Covid [La cadena de valor mundial bajo la sombra del Covid]. Disponible aquí: https://www.bis.org/speeches/sp230216.htm.
·El índice de apertura económica, una medida del libre comercio global, entre 1981 a 2009 pasó del 37% al 60%. En cambio, desde el 2009 al 2021 cayó del 60% al 56% [10][10] Peterson Institute for International Economics (PIIE), (2022). Globalization is in retreat for the first time since the Second World War [La globalización está en retroceso por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial]. Disponible aquí: https://www.piie.com/research/piie-charts/globalization-retreat-first-time-second-world-war.
·Gradual desglobalización financiera. Los préstamos bancarios transfronterizos, el gran flujo de libre circulación del capital que creó la ilusión de un único mercado sin fronteras, crecieron desde 1997 al 2007 del 20% al 60% respecto al PIB mundial. Ahora, esa expansión terminó. Desde 2008 al 2022 han caído del 60% al 35% [11][11] BIS. 2023. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la inversión extranjera directa como participación del PIB mundial, llegó en el año 2000 al 4%, y en el 2005 al 4,5%. Desde el 2008, sin embargo, ha caído en picado, llegando al 1,6% en el 2021 [12][12] FMI (2023a). World economic outlook [Perspectivas de la economía mundial]. Disponible aquí: https://www.imf.org/en/Publications/WEO/Issues/2023/04/11/world-economic-outlook-april-2023. Todo ello en medio de un sorprendente repliegue del liderazgo de la banca europea en el sistema financiero global. En la medida en que la banca europea brindó el soporte óseo de la globalización de los años 1990-2010, este retroceso ha causado un shock de desglobalizacion significativo. De participar en el 62% de los volúmenes de activos en el 2008, ha caído al 35% en el 2020. Por su parte, los bancos asiáticos han pasado del 17%, en el 2008, al 44% en el 2020 [13][13] Pape. F., Petry, J. (2024). «East Asia and the politics of global finance: a developmental challenge to the neoliberal consensus?» [Asia Oriental y la política financiera mundial: ¿un desafío al consenso neoliberal?]. Review of International Political Economy, Vol.31, No 1.. Este liderazgo asiático desplaza las normas liberales anteriormente predominantes (eficiencia y maximización de ganancias), por preocupaciones por el desarrollo local y la articulación del Estado y el mercado.
·Caída de la inversión extranjera directa (IED) como participación del PIB mundial. Como decía en el punto anterior, según el FMI, en el año 2000 la IED llegó al 4% y en el 2005 al 4,5%. Desde el 2008 ha caído en picado, alcanzando en el 2021 solo el 1,6% [14][14] FMI. (2023a).. La inversión extranjera sigue moviéndose por el mundo, pero ha perdido impulso y ahora se concentra en zonas geopolíticas «amigas», enterrando la ambición de un mundo sin fronteras integrado por eficiencias y oportunidades.
·El globalismo triunfante que arrasaba fronteras ha sido sustituido por un patriotismo de grandes potencias lanzadas a guerras comerciales entre EEUU y China, entre EEUU y Europa. La Unión Europea (UE) ha impuesto restricciones arancelarias a China y ha prohibido la expansión de la interconexión telefónica 5G de la empresa Huawey, más eficiente y barata [15][15] Terán Haughey, M. (2023). «La UE anuncia la restricción total de tecnologías chinas de Huawei o ZTE para el 5G». El Economista. Disponible aquí: https://www.eleconomista.es/tecnologia/noticias/12331877/06/23/la-ue-anuncia-la-restriccion-total-de-tecnologias-chinas-de-huawei-o-zte-para-el-5g-.html. EEUU ha aplicado aranceles a todo el comercio con China, desde un 5% hasta un 25% [16][16] PIIE. (2023). US-China trade war tariff: an-up-to-date chart [Aranceles en la guerra comercial entre EE.UU. y China: gráfico actualizado]. Disponible aquí: https://www.piie.com/research/piie-charts/2019/us-china-trade-war-tariffs-date-chart; ha prohibido la venta de tecnología a China en áreas de la inteligencia artificial, biotecnología, computación cuántica, superconductores [17][17] Vidal Liy, M. (2023). «Biden restringe las inversiones de EE UU en sectores tecnológicos estratégicos de China». El País. Disponible aquí: https://elpais.com/internacional/2023-08-09/biden-restringe-las-inversiones-de-ee-uu-en-sectores-tecnologicos-estrategicos-de-china.html, además de impedir la venta de tierras agrícolas a ciudadanos chinos [18][18] Guarino, L. (2023). «Ciudadanos chinos en EEUU luchan por su derecho a comprar viviendas». Bloomberg Línea. Disponible aquí: https://www.bloomberglinea.com/2023/06/02/ciudadanos-chinos-en-eeuu-luchan-por-su-derecho-a-comprar-viviendas/. La eficiencia de los mercados ha sido sustituida por prioridades geopolíticas.
·Nacionalismo económico. De manera simultánea a la escalada de aranceles y subvenciones, las potencias económicas del mundo están colocando al Estado como el gran productor y protector de mercados nacionales. EEUU ha aprobado en el año 2022 la «ley CHIPS» y la Inflation Reduction Act (IRA) para promover la producción y luchar contra la inflación. Ambas leyes movilizan alrededor de 400.000 millones de dólares para fomentar, proteger y subvencionar las industrias norteamericanas de fabricación de microprocesadores y energías verdes. Como dijo el presidente Biden, los puentes, los microchips y el resto de las mercancías que se vendan en EEUU van a ser hechos con productos norteamericanos, con tecnología norteamericana, por trabajadores norteamericanos. «America First» [19][19] Alden, E. (2022). «Biden’s ‘America First’ Policies Threaten Rift With Europe» [Las políticas de «Estados Unidos primero» de Biden amenazan la ruptura con Europa]. Foreign Policy. Disponible aquí: https://foreignpolicy.com/2022/12/05/biden-ira-chips-act-america-first-europe-eu-cars-ev-economic-policy/. En respuesta a esto, la UE ha promovido su propia ley de chips. No ha movido tanto dinero, pero ha puesto en juego 11.000 millones de dólares para subvencionar las industrias locales para que se produzcan microprocesadores en Europa y bajo la conducción de industriales europeos. Paralelamente, ha desplegado un variopinto menú de subvenciones a la compra de autos eléctricos europeos [20][20] Cordero, D. (2023). «Las ayudas a la compra del coche eléctrico encallan en la burocracia: apenas un tercio de los fondos han llegado a los solicitantes». El País. Disponible aquí: https://elpais.com/economia/2023-08-10/las-ayudas-a-la-compra-del-coche-electrico-encallan-en-la-burocracia-apenas-un-tercio-de-los-fondos-han-llegado-a-los-solicitantes.html. Japón, por su parte, erige sin complejos un tipo de capitalismo de Estado para incrementar su competitividad en el área de semiconductores. Corea del Sur prefiere incentivos, subvenciones y créditos públicos para apuntalar a su sector privado en la misma área de chips de alta gama [21][21] Ammi Technologies (2023). «Corea del Sur apuesta por una fuerte inversión en semiconductores». Disponible aquí: https://ammitechnologies.com/corea-del-sur-apuesta-por-una-fuerte-inversion-en-semiconductores/. China está implementando su «made in China», que le permitirá hasta el 2025 que el 70% de los componentes de sus productos industriales sean elaborados en China [22][22] Institute for Security & Development Policy (2018). Made in China 2025 [Frabricado en China 2025]. Disponible aquí: https://isdp.eu/content/uploads/2018/06/Made-in-China-Backgrounder.pdf. A la luz de todo este proteccionismo industrial de los estados, el conocido economista de Harvard, Dany Rodrik, recientemente ha cuantificado este sorprendente salto de las llamadas «políticas industriales» en el mundo, mostrando que estas han pasado de 34 acciones en el 2010, a 1568 en el 2022 [23][23] Rodrik, D., Juhasz, R., Lane, N. (2023). The new economics of industrial policy [La nueva economía de la política industrial]. Cambridge: National Bureau of Economic Research. Disponible aquí: https://www.nber.org/system/files/working_papers/w31538/w31538.pdf.
·Como se lamentaba la ex directora del BM, hemos entrado a una época de «guerra de subvenciones». Según el FMI, las restricciones al libre comercio —que durante décadas eran excepcionalidades de países marginales— de 200 al año, han pasado a más de 2500 en el 2022; impulsadas fundamentalmente por los países económicamente más poderosos [24][24] FMI. (2023a).. Hasta el 2023, se calcula que estas intervenciones contra el libre comercio aumentaron a 3000 [25][25] Global Trade Alert. (2024). G.20 Trade Policy Factbook [Cuaderno de Política Comercial del G20]. Disponible aquí: https://www.globaltradealert.org/reports/119.
·El gas ruso ha sido desglobalizado y ahora Europa ha tenido que comprar un gas que antes valía 6 dólares el millón de BTU —que es una medida térmica de un volumen de gas para el consumo— a 45 dólares. Las subvenciones europeas en energía durante el año 2022 hasta julio del 2023 han alcanzado 651.000 millones de euros [26][26] Sgaravatti, G., S. Tagliapietra, C. Trasi and G. Zachmann (2021). National policies to shield consumers from rising energy prices [Políticas nacionales para proteger a los consumidores del encarecimiento de la energía]. Bruegel Datasets, primera publicación 4 de noviembre de 2021. Disponible aquí: https://www.bruegel.org/dataset/national-policies-shield-consumers-rising-energy-prices. Por si fuera poco, la anteriormente estigmatizada subvención industrial, ahora se pavonea en los presupuestos gubernamentales. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), entre el 2021 y el 2023 la UE ha destinado el 3,4% de su PIB para sostener subvenciones al sector industrial [27][27] Criscuolo, C., G. Lalanne y L. Díaz (2022), Quantifying industrial strategies (QuIS): Measuring industrial policy expenditures [Cuantificación de las estrategias industriales: Medición del gasto en política industrial]. OECD Science, Technology and Industry Working Papers, No. 2022/05. OECD Publishing, Paris. Disponible aquí: https://www.oecd-ilibrary.org/docserver/ae351abf-en.pdf?expires=1707854544&id=id&accname=guest&checksum=9D897A26B40FCBE44363931FEB301E3A.
·La «disciplina fiscal», que era el padrenuestro de cuanto gobierno neoliberal asumía funciones, está enmoheciéndose en el viejo baúl de los arcaísmos pasados de moda. Según la Reserva Federal norteamericana, mientras en el 2008 el endeudamiento público del mundo no rebasaba el 50% respecto al PIB, en el 2022 ha llegado al 80% y, en el caso de EEUU, al 110% [28][28] Réka Juhász, Nathan J. Lane & Dani Rodrik (2023). Living with high public debt [Vivir con una deuda pública elevada]. The New Economics of Industrial Policy NBER Working Paper No. 31538. Cambridge: National Bureau of Economic Research. Disponible aquí: https://www.kansascityfed.org/Jackson%20Hole/documents/9749/Living_With_High_Public_SA_Sep_2_2023.pdf. Todo ello tiene que ver con el incremento del gasto público. Entre 1990-2007, este tuvo un techo inexpugnable del 24% respecto al PIB. Entre 2020- 2023, se ha movido al 32% [29][29] Anuario de Estadísticas de las Finanzas Públicas y archivos de datos, y estimaciones del PIB del Banco Mundial y la OCDE. Disponible aquí: https://datos.bancomundial.org/indicator/GC.XPN.TOTL.GD.ZS.
·Como dijo hace unos meses atrás el presidente Biden: «¿Librecomercio? ¡Al infierno con eso!» [30][30] Jiménez, M. (2023). «Al infierno con eso. Biden rechaza las críticas europeas a su proteccionismo económico». El País. Disponible aquí: https://elpais.com/economia/2023-01-27/al-infierno-con-eso-biden-rechaza-las-criticas-europeas-a-su-proteccionismo-economico.html.

La anteriormente estigmatizada subvención industrial, ahora se pavonea en los presupuestos gubernamentales.

No es raro que a raíz de esta modificación de las reglas de la economía mundial el Fondo Monetario Internacional en su informe del mes de marzo del 2023 se lamente de la fragmentación geoeconómica a la que se dirige el mundo. Según The Economist, es un tiempo «aciago» en el que se oyen con mayor estridencia los tambores de la «seguridad nacional», el «nacionalismo económico» y el proteccionismo [31][31] The Economist (2023). Governments across the world are discovering «homeland economics» [Los gobiernos de todo el mundo descubren la «economía nacional»]. Homeland Economics Special Report, 2 de octubre de 2023. Disponible aquí: https://www.economist.com/special-report/2023-10-07.

Estamos, sin duda, ante las señales clarísimas del crepúsculo del modelo de acumulación predominante a escala mundial en los últimos 40 años. El mundo ya no va a volver a ser como antes, cuando el globalismo era el entusiasta lenguaje común de las sociedades. Pero esto no significa que el neoliberalismo desaparezca y que el remplazo ya esté a la mano; al contrario. Lo que tenemos es una confusión global con direcciones económicas contradictorias. Se proclama el globalismo para unas cosas, para luego ser ardientes proteccionistas en otras.

Ni los gobiernos, ni los conglomerados empresariales, ni las instituciones internacionales, ni los ideólogos de paga, pueden imaginar convincentemente lo que les depara a las sociedades a mediano plazo. Ni tampoco las clases populares.

Es como si el sentido de la historia se hubiera desvanecido ante la inmediatez de un mundo sin destino ni promesa. Y solo quedara el agobio de un presente infinito y dilatado que no se dirige a ninguna parte.

Se trata de un extraño pórtico del tiempo histórico en el que todos saben de dónde vienen, pero nadie tiene la más mínima idea compartida de lo que vendrá. Se trata de una época liminal que desempeña una suerte de umbral que separa un tiempo histórico neoliberal cansado, sin consenso activo de la sociedad, sobreviviente por inercia, casi como un zombi; y un tiempo histórico que paradójicamente no llega, que tampoco se anuncia, que no se sabe cómo será ni promete nada. Un tiempo histórico que pareciera no existir, dejando al mundo en la soledad de un abismo sin nombre ni límite.


Tiempo liminal

El tiempo liminal es un corte abrupto en la experiencia del tiempo social y deja a las personas sin sustituto imaginado ni premonición plausible (…) Señala el cierre de una época y el inicio de una nueva, pero no como tránsito gradual, ni como una apacible mezcla anfibia; sino como un vacío.

El acontecimiento liminal es una manera, subjetiva y colectiva, de experimentar el tiempo social en los momentos de transición de ciclos de acumulación-dominación. Señala el cierre de una época y el inicio de una nueva, pero no como tránsito gradual, ni como una apacible mezcla anfibia; sino como un vacío, una desesperante ausencia íntima. El tiempo liminal es un corte abrupto en la experiencia del tiempo social y deja a las personas sin sustituto imaginado ni premonición plausible durante varios años, quizá décadas. Hasta que, en medio de arrebatos sociales, el nuevo tiempo histórico despunte, capturando la esperanza de las sociedades. Pero, hasta que eso llegue, la época liminal es precisamente el intermedio, la carencia, el vacío angustiante, la suspensión del tiempo.

Estos momentos sociales tienen al menos 3 procesos interdependientes.

1. La parálisis o bloqueo del horizonte predictivo con el que las sociedades orientaban, real o imaginariamente, su devenir en el tiempo. Al desvanecerse el horizonte predictivo neoliberal, el futuro desaparece; no hay un destino en el cual depositar de manera duradera las esperanzas movilizadoras. Y si surge una expectativa, de no consolidarse a escala mundial, será corta, para volver a embarrancarse al poco tiempo en la incertidumbre y la desafección

Al no haber un mañana que imaginariamente mejore el presente, tampoco hay un camino, recto o tortuoso, fragmentado o ininterrumpido, mediante el cual acortar los dilemas del presente con respecto al bienestar imaginado. Entonces el tiempo social desaparece, pues este supone un flujo, turbulento y discontinuo, pero dirigido hacia un horizonte, una meta, un destino. Ante el vacío de porvenir, la sociedad se sumerge en la experiencia corporal de un tiempo histórico suspendido, carente de flujo con respecto a fines; navegando en un presente sin sentido y dilatado hasta el infinito, como si el tiempo se hubiera extraviado.

Y es que, si como afirmó Aristóteles, el tiempo es la medida del movimiento [32][32] Aristóteles. (1995). Física. España: Editorial Gredos., es decir, de la continua comparación entre un de-dónde y un hacia-dónde; con el desmoronamiento del horizonte predictivo de las sociedades, el tiempo social pierde su dirección, su intencionalidad social compartida.

Por tanto, ya no hay flecha del tiempo histórico y es como si el tiempo se detuviera y lo único que quedara es un presente agobiante sin futuro redentor.

La suspensión del tiempo no anula la experiencia de la «falta de tiempo» tan propia de la modernidad, que consiste en la carencia de tiempo físico para cumplir las rutinas, los deberes, los compromisos cotidianos, inerciales. El tiempo congelado es el del curso imaginado de la historia colectiva; el que se mide con relación al porvenir deseado. Ese tiempo está interrumpido. Y tampoco se trata del religioso «fin de los tiempos», pues ese apocalipsis es, con todo, un destino, por muy devastador que sea. Aunque es posible una deriva catastrofista de la suspensión del tiempo, que explicaría el reciente revival de apegos religiosos y místicos en determinados segmentos sociales.

El futuro se ha extinguido, el presente se ha desquiciado.

La aceleración de los acontecimientos, de la que nos hablan Hartmut Rosa [33][33] Rosa, H. (2019). Resonancia. España: Editorial Katz. o Mark Fischer [34][34] Fisher, M. (2018). Realismo capitalista ¿No hay alternativa? Buenos Aires: Editorial Caja Negra., ahora ha dejado de ser en realidad una aceleración del tiempo, pues al haberse extraviado la flecha del tiempo histórico, el amontonamiento de los sucesos no tiene con qué «medirse», con qué destino compararse. Suceden sin futuro esperanzador. Son meras avalanchas de sucesos sin rumbo ni destino compartidos por la sociedad. El tiempo físico se comprime en una vorágine de hechos y exigencias, pero el tiempo histórico está detenido porque no hay horizonte que le dé vida y movimiento. Y es que, al fin y al cabo, la existencia de un tiempo histórico es también un síntoma y una medida de las grandes hegemonías políticas, y de su ocaso.

Pero tampoco estamos hoy solo ante un tiempo fragmentado y discontinuo, como propone Byung-Chul Han [35][35] Han, B. (2014). El aroma del tiempo. España: Editorial Herder.. En realidad, la arquitectura del tiempo neoliberal, desde sus inicios hace 40 años, fue atomizada a la par que se produjo su aceleración; como también es atomizada la nueva condición laboral que ha fragmentado los centros laborales en una infinidad de pequeñas factorías terciarizadas. Y como fragmentada es la trayectoria de vida de todos los asalariados, sumergidos en un perpetuo nomadismo laboral. La lógica fracturada y carente de narrativa continua de los actuales video-clips musicales, es la expresión visual y estética de esta fragmentación generalizada de las experiencias personales del mundo. Sin embargo, esta experiencia pulverizada de las cosas sociales se desplegó a lo largo de estos 40 años al interior de un curso imaginado de horizonte histórico, articulado alrededor de la gratificación del esfuerzo individual, el mercado global, la competitividad y la acumulación económica. No importaba cuan caóticos y discontinuos hayan sido los acontecimientos personales: la creencia compartida en que hay un destino satisfactorio detrás del cual correr y pegar los pedazos policromados de la vida, fue una certidumbre de época. Pero hoy, no hay un destino que dé sentido a las trayectorias de vida.

El horizonte predictivo compartido que anteriormente permitía direccionar los fragmentos cotidianos, está vacío. El futuro se presenta inescrutable; y los trozos de vida personal, como pliegues sin cohesión alguna. El futuro se ha extinguido, el presente se ha desquiciado. El rumbo de la vida social ha sido secuestrado.

2. La divergencia de élites. Como el horizonte social compartido se está diluyendo en el vacío, los grandes consensos globalistas que cohesionaron a las élites políticas comienzan a desmoronarse.

Los progresismos de la actualidad proponen cómo corregir el presente, aunque aún no tienen un nombre para el futuro. (…) Si fracasan o agravan la crisis que los catapultó al gobierno, serán sustituidos por estados de ánimo o gobiernos aún más conservadores.

Si anteriormente centro, derecha e izquierda políticas eran meras variantes personalizadas de un mismo proyecto (capitalismo de Estado entre los años 1930-1960; neoliberalismo entre 1980-2010), al desvanecerse el proyecto esperanzador, nada une a las élites que no sea la desconfianza estratégica. Y entonces, las élites tradicionales se fragmentan con proyectos cismáticos; y surgen nuevas élites portando propuestas, distanciadas todas entre sí. Ante el declive hegemónico, la centro-derecha se escora a la extrema derecha. La centro-izquierda se escinde con alas más a la izquierda, e irrumpen nuevas propuestas que se distancian de la izquierda tradicional. Surgen los llamados «populismos», denominación que, más que una definición, es por lo general una exclamación de ignorancia ante lo desconocido. Cada facción política se diferencia radicalmente de las otras. Nada las hace concurrir hacia un espacio común, todas divergen. De sistemas políticos multi o bipartidistas de centro-derecha (1985-2015), se pasa a un sistema multi o bipartidista polarizado (2015 en adelante).

En ese desconcierto general una de las primeras fuerzas políticas en emerger es el progresismo. Y es así porque, en tiempos normales, de estabilidad y de consenso general en las formas de dominación, no hay condiciones para el apoyo popular a posiciones de izquierda o progresistas radicales. Estas surgen en tiempo de crisis, cuando el orden dominante produce agravios económicos y morales a las clases plebeyas. Y surgen precisamente para remontar la crisis. Si lo logran, consolidarán apoyo social y duración. Si fracasan o agravan la crisis que las catapultó al gobierno, serán sustituidas por estados de ánimo o gobiernos aún más conservadores. Así han surgido las múltiples variantes nacional-populares latinoamericanas, pasando por las nuevas izquierdas europeas (Podemos, Sumar, Nupes, Syriza…) y facciones socialistas de los Demócratas en EEUU y de los Laboristas en Inglaterra, que han intentado romper con el «neoliberalismo progresista» [36][36] Fraser, N., Jaeggi, R. (2019). Capitalismo. Una conversación desde la teoría critica. España: Ediciones Morata. de la socialdemocracia mundial. Todas reivindican justicia e igualdad, aunque no plantean caminos convergentes ni horizontes comunes entre ellas. Proponen cómo corregir el presente, aunque aún no tienen un nombre para el futuro. Logran presencia y a veces victorias electorales, pero son temporales si es que no logran irradiarse a escala continental y mundial.

Algunos progresismos, especialmente los que vienen acompañados de un protagonismo popular movilizado en las calles y barrios, introducen grandes reformas de la economía, el Estado y la sociedad, ampliando la igualdad y mejorando las condiciones de vida de las clases subalternas. Perduran más en el tiempo y pueden esperar en mejores condiciones que la oleada progresista se expanda a escala global, especialmente en las economías más desarrolladas, para buscar estabilizarse por décadas. Pero también hay progresismos que enfrentan problemas internos, no logran remontar las adversidades económicas y profundizan el malestar social. Ellos también serán devorados por la indignación colectiva y, lo peor, alentarán a salidas de derecha autoritaria.

Paralelamente al progresismo, emergen las derechas autoritarias. Son su contracara inevitable para defender el viejo orden que se agrieta por todas partes. Viendo cómo los antiguos consensos políticos se disuelven, la derecha buscará retornar a una antigua disciplina social; solo que ahora en vez de la seducción abanderará para ello la sanción, el castigo o la venganza hacia quienes considera son los responsables de este desorden no solo económico sino también moral: sindicatos «ambiciosos», migrantes que «arrebatan» empleos, mujeres que «exageran» en sus derechos, indígenas «igualados», comunistas «conspiradores», etc. Sin comprender que el debilitamiento del proyecto neoliberal es el resultado de sus propios límites, buscarán en el disciplinamiento feroz de los díscolos, la llave para que la sociedad pueda retornar al orden de viejos valores morales. Se trata de derechas autoritarias cada vez más antidemocráticas y racistas, claramente fascistizadas, que buscan canalizar el miedo social a la ausencia de futuro hacia la venganza y el castigo; reemplazando el convencimiento por la imposición, propia de los proyectos decadentes.

Las derechas autoritarias dirigirán su venganza hacia quienes consideran los responsables de este desorden no solo económico sino también moral: sindicatos «ambiciosos», migrantes que «arrebatan» empleos, mujeres que «exageran» en sus derechos…

Añoran la vieja estabilidad del mercado, aborrecen los derechos cristalizados en el Estado. Les indigna la igualdad porque consideran que destruye las jerarquías sagradas de la empresa, la familia y la servidumbre individual. Son melancólicos de un imaginado e idílico pasado mercantil en el que los capaces tenían lo suyo y los fracasados, el desprecio merecido de la marginalidad. Pero a diferencia de antes, cuando creían que la autoridad del mercado era fruto del convencimiento y de su superioridad histórica sobre el Estado, ahora creen que hay que imponerla, a palos si es necesario. Consideran que la democracia ha premiado a una mayoría incompetente e ignorante y que, por salud pública, hay que hacerles entrar a la fuerza en las virtudes del individualismo, el mercado y la ley del más fuerte. Les parece un exceso la democracia, un exabrupto los derechos y un insulto la igualdad. Por eso, cuando pueden, asaltan los parlamentos, como en EEUU o Brasil. Si es necesario, están dispuestos a masacres y golpes de Estado, como en Bolivia; o, por lo menos, a hacer «cadenas de oración» alrededor de los cuarteles, para llamar a los militares a que resguarden la riqueza privada por encima del voto. Para estas nuevas derechas, la democracia es vista como un agravio al orden «natural» de la sociedad. No son demócratas por convicción, sino por utilidad táctica.

En tiempos de crisis las derechas devienen por transición natural en extremas derechas, pues es su grito desesperado para reestablecer el viejo orden podrido que se desmorona ante sus pies. No se atemperan si las izquierdas o los progresistas ingenuos ceden ante sus exigencias, pues lo que ansían es el regreso al viejo mundo de sus privilegios consolidados. Y si las izquierdas avanzan en sus reformas de igualdad, las derechas moderadas también se escorarán hacia la extrema derecha, pues el avance de la igualdad y la justicia debilita los privilegios y estatus de ciertas clases medias pudientes y de los ricos. Así, la democracia será vista por estas derechas como un agravio al orden «natural» y moral de un mundo basado en obreros, indígenas, pobladores y mujeres arrinconados y subalternizados. Pero al menos en este caso de reacción contra el avance de la igualdad, es posible buscar políticas públicas que aíslen a estos sectores reaccionarios. El peor escenario es cuando el progresismo incumple sus promesas de justicia y bienestar e incrementa la pobreza social. No solo será un progresismo de corta duración, sino que insuflará un contra-progresismo visceral, rabioso y autoritario, a modo de escarmiento final para que nunca más vuelva a levantar cabeza.

Si esta reacción moral contra la igualdad evoca los viejos fantasmas liberales de décadas pasadas, ciertamente en un tiempo en que se está abandonando el neoliberalismo, el resultado será anacrónico, pero con capacidad de provocar un gran daño social; como lo desmuestran los casos de Bolsonaro, Trump o Milei. Dadas las corrientes proteccionistas que comienzan a moverse en el mundo, ese regreso al libre comercio de los 90 será como una isla jurásica de fosilizadas recetas neoliberales. Como un rancio túnel del tiempo al pasado que no durará; pero que podrá destruir, en su corto camino, lo avanzado en derechos y bienes comunes en los últimos 100 años.

Les parece un exceso la democracia, un exabrupto los derechos y un insulto la igualdad.

En conjunto, todas estas propuestas políticas de izquierdas y derechas, divergentes todas entre sí, son parte del caos sistémico global. No son aún la solución, aunque pugnen por serlo. Ninguna de ellas logra todavía consolidar un proyecto político-cultural expansivo y duradero. Obtienen victorias por acá, para luego perder por allá, o ser reemplazadas en la siguiente elección. Es la cualidad del tiempo liminal. De momento, se tendrá una sucesión de victorias cortas y de derrotas cortas de los distintos proyectos que pugnan por emerger. No hay, por ahora, hegemonías largas. Por un tiempo, no las habrá.

3. Apertura cognitiva. Sin embargo, ninguna sociedad puede vivir indefinidamente en la incertidumbre estratégica. Es un tema de necesaria cohesión social ante la historia, de métodos de legitimación de cualquier forma de gobierno y, también, de efectos drásticos en la economía. El FMI calcula que el efecto de la incertidumbre sobre el futuro de las políticas comerciales puede provocar una caída del crecimiento del PIB mundial de cerca de un punto porcentual [37][37] FMI. (2022). Perspectiva económica mundial.. El humano es, sobre todo, un ser de creencias compartidas. Es su cualidad social. Esa es la materia social que produce la vida y las instituciones de la sociedad. Por ello, tarde o temprano, el ser humano necesita aferrarse a algo, a unos principios organizadores del futuro imaginado. Los que sean. Con tal que devuelvan la certidumbre a algún destino al cual agarrarse con todas sus fuerzas y, así, devolverle el sentido a la historia colectiva, familiar y personal.

El FMI calcula que el efecto de la incertidumbre sobre el futuro de las políticas comerciales puede provocar una caída del crecimiento del PIB mundial de cerca de un punto porcentual.

Por ello, en la siguiente década, al estupor y desasosiego social le ha de seguir, abruptamente, un momento de disponibilidad cognitiva a revocar viejas creencias y a aferrarse a unas nuevas en las que sea factible encontrar soluciones a las ansiedades y necesidades. Será el momento de la cristalización de un nuevo sistema de creencias que restituya la flecha del porvenir al tiempo histórico. Y que relance el transcurrir de un tiempo social que se dirige a una meta. Durkheim hablaba, hace 100 años, de momentos de «efervescencia creadora» de nuevos ideales que guiarán a la humanidad [38][38] Durkheim, E. (1999). Las formas elementales de la vida religiosa. México: Editorial Colofón.. En el fondo, se trata de la formación de un nuevo modelo de legitimación y dominación, que deberá venir acompañado, o cabalgando, un nuevo modelo de acumulación económica.

La apertura cognitiva de la sociedad no tiene rumbo preestablecido ni fecha anticipada. No es un artilugio discursivo sacado de la manga, ni una mera combinación de acuerdos entre cúpulas. Es un momento ígneo de creación de modos de socialidad futura. Puede tomar rumbos conservadores, por ejemplo, variantes posfacistas; o también reformistas o revolucionarios. La lucha política de ese momento, de cómo y con qué hayan concurrido las fuerzas políticas a esa disponibilidad cognitiva de la sociedad, definirá la naturaleza del nuevo ciclo de legitimación-acumulación.

De hecho, aunque de manera local, periférica, parcial y efímera, los síntomas de esa gran batalla venidera ya se están viviendo hoy en muchas partes del mundo. En lo económico, con los ensayos de formas híbridas de libre comercio con proteccionismo en áreas específicas como la transición energética, telecomunicaciones, microprocesadores y renovadas formas de industrialismo. O la contracción regional de cadenas de valor de productos estratégicos, bajo la modalidad de friendshoring, para dejar de depender de China, por ejemplo. O el regreso a fosilizadas maneras de neoliberalismo primitivo, revestidas de autoritarismo, ya mencionadas.

Cada una de estas propuestas, aun con sus límites temporales e imposibilidades actuales de instalar hegemonías duraderas e irradiantes, son laboratorios de posibles cursos de acción. Junto con otras opciones que podrán surgir en el tiempo, saltando esos límites iniciales, esas potenciales líneas de acción habrán de disputar a escala global el monopolio de las nuevas ideas-fuerza. Habrán de pujar por un nuevo sentido común global, capaz de cautivar las esperanzas y los imaginarios de las sociedades para las siguientes décadas; dando inicio así a un nuevo ciclo de acumulación y dominación global.

Foto_ Chase Lindberg_ CC BY 2.0

·

COMPARTIR: