Hacia un orden económico alternativo: una visión desde el Sur

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Diego Borja
May, 2024
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El proceso de desglobalización, que venía ya teniendo su propia dinámica desde tiempo atrás, se ha visto agudizado en primer lugar por la pandemia de Covid del 2020, y posteriormente por la guerra de Occidente contra Rusia. Ambos acontecimientos de la historia reciente han generado una aceleración de los procesos de consolidación regional en el llamado Sur Global, a nivel económico, pero sobre todo comercial y financiero.

La provisión general de productos y recursos, así como los intercambios financieros entre diferentes países del mundo, se están viendo transformados. La irrupción de nuevas modalidades de comercio Sur-Sur, la reivindicación de no equiparación con los países más industrializados del mundo a la hora de enfrentar y frenar la crisis climática, o la apertura a emprender nacionalizaciones; son algunas de las demandas y dinámicas de los países emergentes que están modificando el escenario global. Analizaremos a continuación sus implicaciones y posibles rumbos.


La arquitectura financiera internacional: ¿una espada de Damocles sobre el Sur Global?

La arquitectura financiera global, basada en los organismos que se constituyeron después de la Segunda Guerra Mundial en Bretton Woods, sigue siendo a día de hoy una suerte de espada de Damocles sobre los países del Sur Global. Las instituciones que componen esta arquitectura mantienen una dominación neocolonial sobre los países menos desarrollados del mundo, instándoles a instaurar políticas que promueven el extractivismo y que impiden el cambio tecnológico. Aprovechándose de la estructura oligárquica y excluyente de las economías de los países del Sur, el sistema financiera nacido de Bretton Woods impulsa políticas económicas tremendamente dañinas, que perjudican aún más a los países ya de por sí vulnerables.

Foto_ Serge Saint_ CC BY 2.0

Un caso paradigmático es el de la Argentina, un país que ha sido seriamente afectado por las políticas de estabilización y de ajuste neoliberales, monitoreadas —cuando no impuestas— por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Políticas que podríamos denominar destructoras: destructoras de sociedad, destructoras de tejido productivo, destructoras, incluso, de los sistemas institucionales y financieros nacionales. Políticas destructoras de vida.

También en el sentido ecológico. De hecho, cuando se plantea la discusión de la responsabilidad general sobre el desafío común de la crisis climática, no hay que perder de vista la injusticia del sistema financiero internacional. La inequidad de ingresos entre el Norte y el Sur globales, los niveles de exclusión que persisten en este último en pleno siglo XXI, así como la desigualdad mundial, que desde la pandemia del 2020 no ha dejado de profundizarse; son también el telón de fondo de la crisis ambiental. En un contexto de grandes disparidades en el acceso a la salud, a la educación y a la seguridad —por citar solo algunos de los derechos más básicos— entre los países menos y los más industrializados, es indispensable diferenciar responsabilidades.

Si bien el desafío de evitar la destrucción de la humanidad por el calentamiento global es común a todos los países del mundo, es importante diferenciar la responsabilidad que tienen las naciones más industrializadas frente a las menos industrializadas. No es tolerable que se mida con el mismo rasero la extracción petrolera de un país marginal a nivel mundial como puede ser el Ecuador, que no ha alcanzado un desarrollo comparable al de cualquier país industrializado y que alberga aún amplísimos grupos poblacionales viviendo bajo el umbral de la pobreza; con la responsabilidad que pueden tener potencias como los Estados Unidos (EE.UU.), China o Europa occidental.

Difícilmente veremos a Estados Unidos deshaciéndose de su incidencia en América Latina cuando estamos asistiendo a una guerra, todavía socavada, por el litio.

Por ello resulta fundamental reclamar «responsabilidades comunes pero diferenciadas» a la hora de afrontar el desafío civilizatorio de la crisis climática. Pues ciertamente se trata de un reto global, que interpela a la humanidad entera y hace necesaria una toma de decisiones también global; pero que plantea diferenciaciones en cuanto a la responsabilidad inmediata.


La geopolítica de América Latina: entre derechas anti-soberanas y neocolonialidad

Si es imprescindible tener en cuenta las asimetrías y desequilibrios globales a la hora de exigir responsabilidades a los diferentes países del mundo, también lo es porque el Sur Global sigue siendo a día de hoy un botín geopolítico para muchas potencias mundiales, y continúa innegablemente atravesado por dinámicas neocoloniales.

Al contrario de lo que podría parecer si comparamos la actualidad con otros momentos de la historia reciente, los Estados Unidos no se están olvidando de América Latina. Si bien durante el siglo XX la política exterior estadounidense sobre lo que ellos consideran su «patio trasero» era más evidente, en la actualidad siguen existiendo intereses concretos y directos de los Estados Unidos sobre la región latinoamericana. Estos intereses estuvieron muy presentes en los procesos que han atravesado en los últimos años algunos países de la región, como Bolivia, Argentina o Chile. Quizá el caso más claro sea el boliviano pues, tras el golpe de estado de 2019 —que derrocó al gobierno indigenista-popular de Evo Morales—, se intuía claramente el interés de EEUU por una materia prima que constituye hoy en día un elemento crucial para muchos procesos industriales: el litio. Difícilmente veremos a unos Estados Unidos deshaciéndose de su incidencia en una región que acumula más de la mitad del total de los yacimientos mundiales de ese cotizado mineral [1][1] U.S. Geological Survey, 2023, Mineral commodity summaries 2023: U.S. Geological Survey, 210 p. Disponible aquí: https://doi.org/10.3133/mcs2023. De hecho, de la misma manera que el siglo XX y los inicios del XXI se caracterizaron por el estallido de guerras en diferentes partes del mundo causadas por el petróleo; en la actualidad asistimos a una guerra virtual, todavía socavada, por el litio. En el mundo en general, pero particularmente en América Latina. La geopolítica de las commodities sigue castigando a nuestro continente.

La presencia norteamericana sobre recursos naturales y ubicaciones geopolíticas cruciales —incluso en los sectores más alejados— de América Latina sigue vigente en la actualidad, y en ocasiones plantea diferencias de intereses con la propia Unión Europea (UE). Esto lo hemos visto muy claramente con el triunfo de Javier Milei en Argentina, que encarna a una derecha totalmente anti-soberana y antinacional, y que anunció a principios de abril de 2024 la construcción de una base naval conjunta con EE.UU. en la Patagonia argentina [2][2] «Milei anuncia una ‹base naval conjunta› con Estados Unidos en la Patagonia argentina», El País, 5 abril de 2024. Disponible aquí: https://elpais.com/argentina/2024-04-05/milei-anuncia-una-base-naval-conjunta-con-estados-unidos-en-la-patagonia-argentina.html. La imagen del presidente Milei vestido de militar en Ushuaia —extremo sur del continente americano—, junto a la jefa del Comando Sur estadounidense, supone un desafío al interés que tiene Inglaterra en la zona Antártica; donde hasta ahora mantenía una influencia propia de otros tiempos a través de su control de las Islas Malvinas. Esta postura neocolonial que el Reino Unido sigue ejerciendo sobre las Malvinas genera un problema de soberanía para la Argentina, pero no solo: afecta también al control de recursos petroleros y gasíferos existentes en la Antártida, y se perfila por tanto como un conflicto de intereses entre una potencia europea y los Estados Unidos.

La postura neocolonial que el Reino Unido sigue ejerciendo sobre las Malvinas genera un problema de soberanía para Argentina, pero afecta también al control de recursos petroleros y gasíferos de la Antártida.

Así, la geopolítica en América Latina no solo sigue muy presente en la actualidad, sino que tiene implicaciones y ramificaciones globales. Además, estos intereses geopolíticos siguen siendo un elemento de disrupción de las formas de integración y articulación conjunta de los países latinoamericanos. Y es que muchos de los fracasos políticos de la región no podrían entenderse sin la incidencia permanente de la política neocolonial de los Estados Unidos sobre el continente.


Más allá del dólar: integración regional e intercambios alternativos

La injerencia de EE.UU. en América Latina ha sido uno de los principales escollos a la integración política de la región, a la par que las diferencias ideológicas entre los distintos gobiernos latinoamericanos que se han ido sucediendo en los últimos años. Es muy difícil que un proceso de integración que incluye a varios países, estados y gobiernos no se vea atravesado por diferencias políticas. Por más que tengamos una historia, una cultura y un idioma comunes, las diferencias políticas al seno de la región latinoamericana han sido y siguen siendo muy marcadas; como lo muestran los sucesivos ciclos reaccionarios y progresistas que van inclinando la hegemonía de la región para un lado o para el otro tras cada contienda electoral.

Sin embargo, estas diferencias políticas no deberían constituir un límite absoluto para la integración. Es posible consensuar agendas comunes en torno a la protección y soberanía de los recursos naturales, o en torno a la necesidad de integración económica y financiera. Todos los países de América Latina tienen problemas de déficit con respecto al dólar, por ejemplo. Y esto representó efectivamente un vector para la integración en la primera década del siglo XXI.

En esos inicios de siglo, América Latina empezó a discutir la comercialización de recursos naturales con monedas nacionales. Es decir, se exploró la manera de dejar de utilizar el dólar como medio de intercambio comercial —no como reserva de valor—. Se comenzaron a discutir formas financieras de hacer viables esas modalidades de comercialización alternativas. Procesos de intercambio comercial en monedas nacionales que resultan sumamente relevantes, a la par de los que se hacen en dólares, porque constituyen el punto de partida para cualquier discusión sobre nacionalización de recursos o de sectores estratégicos.

Esos esfuerzos de integración comercial y económica que se generaron en América Latina se vieron truncados, no obstante, por el advenimiento de una nueva ola neoliberal a partir del 2015. Toparon con el abismo ideológico entre los países que protagonizaron procesos de cambio con gobiernos progresistas en la primera década del siglo XXI, y los que siguieron fieles a los dictados de Washington y a la agenda neoliberal.

El New Develoment Bank tiene el enorme desafío de financiar a sus miembros con moneda nacional, de forma que no esté expuesto a la tiranía del dólar.

Sin embargo, la hegemonía política en América Latina es claramente cíclica, y ahora, con la llegada al poder de las fuerzas progresistas en varios países de la región, nuevamente se vuelven a discutir estas vías de intercambio alternativas, emancipadas del dólar.

En este intermedio entre ciclo y ciclo, otras regiones, como por ejemplo las asiáticas, empezaron a explorar la misma cuestión. Tanto desde el grupo de los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), como de manera bilateral: Rusia-China, China-India, India-Sudáfrica. Estas naciones, bien diferentes de las latinoamericanas a nivel cultural y socioeconómico, empezaron a discutir y ahora están implementando las mismas modalidades de intercambio en moneda nacional que surgieron en América Latina a inicios del siglo XXI. Intercambios económicos alternativos que se perfilan como un elemento crucial para la anteriormente frustrada integración política de América Latina, y también para una incipiente integración de Asia.

La discusión política que abrió América Latina sobre la relevancia de plantear una región más homogénea y de abordar de manera conjunta los desafíos comunes, se ha estado discutiendo paralelamente en otros lugares del planeta. Así, en el ámbito del financiamiento al desarrollo, los BRICS impulsaron el New Development Bank, y ahora América Latina empezó a forjar el Banco del Sur. El New Develoment Bank, que ya está operando, tiene el enorme desafío de financiar a sus miembros con moneda nacional, de forma que no esté expuesto a la tiranía del dólar; así como encontrar mecanismos de compensación que eviten el control desde los sistemas SWIFT.

Este ejemplo demuestra que la integración histórica de América Latina es un ejemplo a seguir y a mejorar para otras regiones del mundo. El caso latinoamericano mostró como posible lo que en un momento pudo haber parecido una utopía. Del mismo modo, Latinoamérica va tomando avances y experiencias de otras partes del planeta. En definitiva, se trata de un proceso dinámico de aprendizaje mutuo desde y entre diferentes regiones del Sur Global, alrededor de una agenda común que no se debe condicionar a la falta de diferencias políticas.

Se trata de una alentadora voluntad conjunta del Sur Global de visualizarnos a nosotros mismos como países y como regiones con intereses compartidos, en el marco de la actual modificación de la estructura mundial del poder.

Foto_ Serge Saint_ CC BY 2.0
Inseguridad y guaridas fiscales: la economía política del narcotráfico

Uno de los puntos que el Sur Global no debería olvidar en su agenda en este contexto de cambio hacia la multipolaridad, es el de la regulación financiera. Mucho se habla de la creciente inseguridad ciudadana en la mayoría de países del mundo, y sin embargo pocas veces se recuerda que ese aumento de la criminalidad y la delincuencia tiene mucho que ver con la tolerancia que ha tenido el mundo hacia la existencia de las llamadas guaridas fiscales. Los poderes hegemónicos no solamente han tolerado, sino que se han valido de las cuevas o guaridas fiscales, haciéndolas funcionales a la estructura mundial del poder financiero.

La línea entre lo que es legal y lo que es ilegal se difumina completamente desde el momento en el que existen sistemas en los que se filtran, se lavan y se procesan transacciones ilegales. La limpieza de capitales consiste exactamente en esto: en que los dividendos provenientes de actividades completamente carentes de ética —como el tráfico de seres humanos, de órganos, de armas o de drogas—, se convierten en legales al pasar por los sistemas de lavado de dinero de países permisivos con estas prácticas.

Los poderes hegemónicos no solamente han tolerado, sino que se han valido de las guaridas fiscales, haciéndolas funcionales a la estructura mundial del poder financiero.

La existencia de paraísos fiscales y de otras modalidades de lavado de dinero en tantos ámbitos socioeconómicos y socio-territoriales en la actualidad, está íntimamente relacionada con el aumento de la exclusión social y de la inseguridad. Pues desde esos espacios socioeconómicos que toleran las actividades ilícitas se financia la continuidad de otras actividades ilícitas en espacios socioeconómicos de escala superior. Se trata de todo un entramado de financiación que constituye una suerte de economía política favorecedora de actividades criminales como el narcotráfico.

En Ecuador, un país muy pequeño pero muy polarizado, con un Producto Interior Bruto (PIB) de 120 mil millones de dólares al año, se lava aproximadamente el 4% del PIB en el sistema financiero nacional [3][3] CELAG (2023), Cuánto dinero se lava en el sistema financiero ecuatoriano. Una aproximación desde las cifras macroeconómicas. Disponible aquí: https://www.celag.org/cuanto-dinero-se-lava-en-el-sistema-financiero-ecuatoriano-una-aproximacion-desde-las-cifras-macroeconomicas/; lo cual contribuye al financiamiento de actividades ilícitas que han elevado tremendamente la inseguridad ciudadana. Hace pocos años atrás, cuando el presidente Rafael Correa dejó el Gobierno, teníamos una tasa de cinco homicidios por cada 100 mil habitantes. Apenas seis años después, tenemos casi 40 homicidios por cada 100 mil habitantes [4][4] Observatorio Ecuatoriano de Crimen Organizado (OECO) (2023). Boletín semestral de homicidios intencionales en Ecuador, Enero-junio de 2023. Disponible aquí: https://oeco.padf.org/boletin-homicidios-intencionales-ecuador/.

Este ejemplo drástico muestra la clarísima y bastante hipócrita vinculación que existe entre la inseguridad y la tolerancia mundial hacia las actividades financieras ilícitas. El hecho de que los grandes grupos de poder ligados a la banca y a los grandes negocios de la exportación estén tradicionalmente vinculados a esas actividades ilícitas que proliferan gracias al lavado de activos, solo profundiza esta problemática. La continuidad de esta degradación social, en el Ecuador o en cualquier otro país donde la desregulación financiera actúa como un ecosistema favorable para el narcotráfico y otros grupos delictivos; estará garantizada mientras no se tomen medidas que ataquen directamente a las guaridas fiscales y a todo el sistema de lavado de capitales que propician y facilitan.


Conclusiones

Los proceso de inequidad, de exclusión y de emergencia de economías ilegales que hemos repasado en el presente artículo, y que exponen algunos de los gravísimos problemas que aún perviven en pleno siglo XXI —como la esclavitud moderna, la trata de personas o el tráfico de órganos— son algunos de los desafíos más desalentadores que debe obligatoriamente abordar cualquier agenda que persiga una transformación verdadera.

El Sur Global está emergiendo con fuerza, no solamente a nivel fáctico sino también jurídico.

Sin embargo, existen también señales esperanzadoras y razones para el optimismo, como la consolidación cada vez más evidente de una multipolaridad en medio del presente proceso de desglobalización. El Sur Global está emergiendo con fuerza, no solamente a nivel fáctico sino también jurídico, con una serie de iniciativas en el seno de los BRICS, del G77 o de la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN, por sus siglas en inglés), que van configurando un escenario más equilibrado a nivel global.

La disposición y apertura de los países emergentes a discutir posturas respecto de nacionalizaciones y del control estratégico por parte de las sociedades y de los Estados sobre sus recursos más importantes; es una de las señales claras de que el orden económico internacional está cambiando.

También está cambiando el abordaje de la crisis climática, no solo por el imperativo de los cada vez más visibles efectos del colapso ambiental; sino también por la negativa por parte del Sur Global de asumir las mismas responsabilidades que los países más industrializados a la hora de frenar el calentamiento global.

Esta revisión crítica tanto del orden financiero internacional como de la gestión global de los desafíos comunes, podría dar un giro a las relaciones neocoloniales que aún mantienen los países más desarrollados del mundo con regiones como América Latina.

El Sur Global parece estar diseñando una agenda propia, libre de tutelas geopolítcas por parte de las grandes potencias; no exenta, no obstante, de conflictos de soberanía, pero dispuesta a apostar por la integración regional.

Una integración que probablemente tenga que ser económica antes que política, y que encontrará obstáculos ideológicos que ya interrumpieron procesos similares en el pasado. Pero que a día de hoy representa la promesa de un mundo más justo, con un reparto de poder más equitativo.

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