Entre el pueblo y el poder: el rol de los medios de comunicación en la democracia ecuatoriana

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Kruskaya Rojas Pilaquinga

Jul-Dic, 2023
-Actualizado en 2024-

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«Informar genera conocimiento, comunicar genera sentimiento.
Las personas no recuerdan la información, sino lo que sintieron»
Antonio Sola

Una mentira repetida mil veces se vuelve verdad, reza un popular dicho universal que describe la moderna —a veces perversa— construcción de la posverdad, en la que ciertos medios de comunicación masiva juegan un papel preponderante; olvidando u omitiendo —con premeditación— que su rol es orientar, informar, entretener y educar a la sociedad. Con verificación, contrastación, pluralidad y veracidad. Esta es la expectativa.

La realidad, en cambio, dista mucho de ese ideal: abundan los medios de comunicación «militantes», que participan de manera activa en los procesos políticos mediante la construcción y la amplificación de contenidos y mensajes —que circulan en la sociedad e inciden en el comportamiento social— así como a través de la formación de ideología; a fin de sostener el statu quo. En ese contexto vale preguntarse si existe una mínima comprensión —en concreto, en el caso de los medios ecuatorianos— respecto de su importancia en el fortalecimiento y salud de la democracia.

Foto_ Daniel Lobo_ CC BY 2.0

Los mass media influyen en las identidades nacionales, el estilo de vida, las formas de consumo y la idea de ciudadanía en dos sentidos: desde lo que instalan y desde lo que se puede edificar. Antes de revisar lo instaurado y lo que se puede construir, asentemos algunos acercamientos a la identidad en sus acepciones personal, nacional y cultural [1],[1] Aguirre Sala, J. F. (2011). El fortalecimiento de la ciudadanía participativa a través de los new media [Tesis doctoral, Universidad de Monterrey]. partiendo de la premisa de que los medios de comunicación social fueron creados —o al menos esa era la aspiración— para informar, orientar, educar y entretener a la ciudadanía.

Muy al contrario, y producto de la imbricación que tienen con el poder político y económico, encontramos que este rol se encuentra atravesado en la actualidad por una militancia y/o activismo que busca apalancar a determinados representantes del poder político. Representantes que, por su parte, pretenden garantizar sus ganancias, así como incidir plenamente en los destinos políticos y económicos del país.


El poder dormido: La opinión pública y la producción de significados

No es gratuito que los medios de masas sean el cuarto poder en la sociedad, junto a los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial; ya que desde su irrupción en la sociedad —1440, imprenta de Gutemberg— han tenido gran capacidad de influencia e incidencia, pues son el mediador entre el pueblo y el poder. Ello ha generado gran interés en los medios de comunicación por parte de grupos políticos, empresariales y sociales; ya que constituyen una vía para la conquista del poder.

«Dado que la construcción de significados se produce en un entorno social, los medios de comunicación gestionan ese espacio público en donde se desarrolla la producción del significado para los actores sociales y, por tanto, en donde se establece la opinión pública. Así, desde una visión política, estos medios se constituyen en actores activos de la política de los países. Ellos intervienen directamente en la formación de la opinión pública, la cual condiciona las decisiones políticas» (Cevallos, 2018) [2].[2] Cevallos Ludeña, Cinthya María (2018). Los medios de comunicación ecuatorianos como actores políticos. Una visión desde las teorías de swarming y agenda-setting en el caso del 30s. [Tesis doctoral, Universidad de Vigo]. Disponible aquí: https://dialnet.unirioja.es/servlet/tesis?codigo=221755

Hoy por hoy el sistema democrático ecuatoriano languidece hasta el punto de que no existen espacios ni ánimos para debatir el rol que cumplen los medios de comunicación.

Los medios de comunicación cumplen un rol fundamental en el establecimiento del poder [3],[3] Thompson, J. B. (1998). Los medios y la modernidad: Una teoría de los medios de comunicación. Paidós. ya que la construcción de significados se produce en un entorno comunicativo y los medios de comunicación gestionan ese espacio —esfera pública, en términos de Habermas [4][4] Habermas, J. (1974). Historia y crítica de la opinión pública: La transformación estructural de la vida pública. Gustavo Gili. (Trabajo original publicado en 1962).— donde se desarrolla la producción del significado para los actores sociales y, por tanto, se establece la opinión pública. Es decir, los contenidos con los cuales los ciudadanos forman su experiencia cognitiva del contexto en que viven, provienen principalmente de los medios de comunicación [5].[5] Castells, M. (2009). Comunicación y poder. Alianza Editorial. Se trata, por ende, de actores activos de la política nacional, que intervienen directamente en el llamado agenda setting —esto es, la definición de los temas relevantes o no relevantes que se discuten en la sociedad.

La teoría del establecimiento de la agenda —del inglés, «agenda setting»— recalca el papel de los medios de comunicación como filtro de la información que se discutirá en el entorno comunicacional por ellos gestionado (M. McCombs, 2013). Centrar la atención del público en determinados temas produce una gran influencia en su percepción de esa temática (Weaver, 2007). Esto es, no solo se define en qué se debe pensar —establecimiento de la agenda—, sino también en cómo se debe pensar acerca de algún tema —encuadre, del inglés «framing» [6].[6] Cevallos Ludeña, Cinthya María (2018). Los medios de comunicación ecuatorianos como actores políticos. Una visión desde las teorías de swarming y agenda-setting en el caso del 30s. [Tesis doctoral, Universidad de Vigo]. Disponible aquí: https://dialnet.unirioja.es/servlet/tesis?codigo=221755

La importancia de la opinión pública radica en que es producto de la herencia cultural y, por tanto, la constituyen comportamientos, prejuicios, costumbres, hábitos, tradiciones, convicciones; todos estos compartidos por distintos actores y grupos de la sociedad. De allí, de esos sentimientos y preocupaciones en común, es que nace y se fortalece la opinión pública:

La opinión pública es considerada como un poder intangible, como un poder dormido que ocasionalmente despierta, no definible pero que hay que escuchar en su pronunciamiento acerca de la actividad de los hombres (Abreu, 2001, p. 39) [7].[7] Ídem.

Dader [8][8] Dader, J. L. (1992). La opinión pública: Concepto, formación y medición. Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). explica que dentro del campo de la opinión pública existen tres perspectivas que, aunque son excluyentes entre sí, aportan valor y facilitan la comprensión de lo que el término refiere. Estas son:

1. La político-valorativa, en la cual Habermas expresa que la opinión pública puede ser una «ficción institucionalizada» [9],[9] Habermas, J. (1987). Teoría de la acción comunicativa (Vol. 1-2). Taurus. (Trabajo original publicado en 1981). debido a que no puede medir el comportamiento de los individuos en una escala real. Por esta razón, Habermas considera que lo más estratégico es medir empíricamente las opiniones según la vinculación que estas tengan con la vida pública, desarrollando así dos ámbitos: el de las opiniones informales —entendidas como las «no públicas» y personales—; y las opiniones formales —que son las institucionalmente autorizadas. De aquí surge que, para Dader, «la opinión pública puede significar una instancia crítica en relación con la notoriedad pública del ejercicio del poder político o social o una instancia receptiva de personas, instituciones, bienes de consumo y programas».

2. La perspectiva antropológica social, donde Noelle-Newman se ubica como realista o pragmática al reducir el concepto de opinión pública a la descripción de un hecho social tal y como es. Consecuentemente, Newman evita las valoraciones del deber ser y plantea los fenómenos del opinar mucho más compenetrados con las tradiciones, prejuicios, valores y modas del día a día. Además, le da valor a lo que llama «sexto sentido», lo que permite detectar la opinión mayor valorada socialmente en asuntos controvertidos. Es por esto que Dader sostiene: «Los análisis de la investigadora alemana pueden catalogarse como psicológicos en cuanto que consideran la opinión pública como el conjunto de las manifestaciones comportamentales o simbólicas que reflejan la mentalidad y los sistemas conceptual/valorativos de una población, sean cuales fueran las cuestiones» [10].[10] Dader, J. L. (1992). La opinión pública: Concepto, formación y medición. Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

Ecuador tiene una larga historia de inestabilidad, con siete presidentes en 12 años, déficit fiscal, quiebra del sistema financiero fruto de la dolarización y una ola migratoria que expulsó a miles de compatriotas.

3. La perspectiva sociopolítica funcionalista, en la cual Luhmann explica que la opinión pública cumple un papel fundamentalmente político, que juega a favor de la democracia; y al mismo tiempo manifiesta que «la opinión pública es la estructura temática de la comunicación pública, siendo la estructura común de sentido que permite una acción intersubjetiva en un sistema social. Es el acuerdo más preliminar sobre el reconocimiento de unos temas como de interés general (…) La opinión pública no es por tanto una colección de opiniones individuales en el sentido de costumbres, memorias, estructuras psíquicas, etc., sino por encima de eso, un tipo especial de comunicación pública».

Así, no cabe duda de que los medios de comunicación son un pilar para el fortalecimiento del régimen democrático. Si bien hoy por hoy el sistema democrático de Ecuador languidece hasta el punto de que no existen espacios ni ánimos para debatir el rol que cumplen los mass media, es evidente que estos pueden asestar golpes mortales a la democracia.


Ecuador: Emotivización de la política y crisis sistémica

La naturaleza de los medios de comunicación no representa un problema solamente en Ecuador, sino en toda América Latina; continente en el que el acceso a la información es asimétrico, no existe pluralidad, hay concentración de medios en manos privadas, así como un predominio de grandes corporaciones —que surgieron como producto de la globalización y que en ocasiones operan al margen de los controles democráticos.

En 1998, Sartori señalaba que el impacto de la televisión en la sociedad había modificado las relaciones políticas, generando efectos en muy diversos aspectos: el ciudadano «opina» en función de cómo la televisión le induce a opinar; la televisión condiciona el proceso electoral —ya sea en la elección de los candidatos, el planteamiento de la competencia electoral, o en la forma de apoyar a algún candidato—; la televisión influye en las decisiones del Gobierno, y además personaliza las elecciones porque propone personas en lugar de discursos y favorece la emotivización de la política —es decir, la reducción de la política a episodios emocionales.

Robert Dahl (1992) considera que el problema de la democratización surge a raíz de la brecha existente entre el conocimiento de las élites de la política pública y los ciudadanos. Para resolver este problema, se han establecido condiciones que contribuyen a ampliar la democracia, para lo cual es necesaria la existencia de: comprensión ilustrada, control de la agenda, acceso a fuentes alternativas de información, consenso informado, transparencia y comprensibilidad. Para ello, es fundamental ampliar la cantidad y calidad de la información que los medios de comunicación transmiten, pues de ellos depende la posibilidad de acceder a más y mejor información; en contraste, a medida que crece la influencia de los medios como transmisores, la información se reduce. Algunos autores han llamado la atención sobre los efectos negativos de los medios de comunicación sobre la vida política democrática, bajo el argumento de que más que ampliar la información disponible, la limitan (Villafranco, 2005) [11].[11] Villafranco Robles, Citlali (2005). El papel de los medios de comunicación en las democracias. Andamios, 2(3), 7-21. Disponible aquí: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-00632005000200001&lng=es&tlng=es

En Ecuador, desde el retorno a la democracia, el rol de los medios de comunicación ha sido determinante en los ámbitos político, económico, social y cultural. Los medios han sido parte activa del proceso político, contribuyendo en gran medida a generar un país altamente conflictivo, con un sistema político inestable, un sistema de partidos débil y precario, así como una cultura política pobre y en profunda crisis. Todo ello producto de las perturbaciones internas y externas del sistema, derivadas de la lucha por el poder.

Ecuador pasó de ser el segundo país más seguro de la región en 2019, a posicionarse como el más violento en la actualidad, con una alarmante tasa de 38 homicidios por cada 100 mil habitantes.

Entendiendo la política como el ejercicio restringido del poder en un espacio público, estas limitaciones vienen dadas por el conjunto de instituciones —normas y procedimientos— que regulan la actividad y la competencia entre actores sociales que luchan por acceder y ejercer ese poder. Así, el sistema político está constituido por un conjunto de elementos que se relacionan entre sí y que le permiten interactuar con otros sistemas sociales. Las instituciones —formales o informales— establecen las normas de la interacción, el acceso y el ejercicio del poder de esos actores sociales, cuyo accionar se desarrolla dentro de una dimensión temporal —cultura política— y espacial [12].[12] Cohen, B. C. (1963). The Press and Foreign Policy [La prensa y la política exterior]. Princeton University Press.

A ello se suma que con la irrupción del nuevo paradigma de comunicación, la comunicación mediada por la computadora (CMC), se originaron nuevos entornos digitales que cambiaron por completo las formas de circulación de ideas en la sociedad. Las redes sociales se convirtieron en las esferas públicas virtuales a través de las cuales se debaten los acontecimientos sociales y políticos de esa nueva sociedad altamente digitalizada y conectada. Y, en ese nuevo entorno, los medios de comunicación también cumplen un rol, trasladando sus contenidos a dichas plataformas a fin de continuar generando sentidos.

Así, en lo relativo al cambio de paradigma en la comunicación, es ingenuo pensar que las teorías e ideas en torno al quehacer comunicacional permanezcan intactas. Los modelos tradicionales de comunicación —funcionalismo y estructuralismo— hablaban de un proceso en el que se transmitía la información de modo lineal entre un emisor y un receptor; de manera que, solo después de ser emitida esa información, se producía una retroalimentación o feed back. Posteriormente, la teoría crítica planteó un proceso en el cual no existe una separación entre el sujeto y la realidad; marcando una clara distancia ideológica respecto a los modelos más antiguos y rescatando al sujeto social como eje fundamental del proceso de comunicación.

Los sucesivos cambios de paradigma en la comunicación, sin duda, están estrechamente vinculados con las relaciones de poder, pues el poder es lo que permite incidir o posicionar una idea en detrimento de otra. Esta temática, central a la hora de entender el proceso de mediación desde una computadora, ha sido ampliamente estudiado por Castells, Jensen, Maigret, Andrade y otros estudiosos de la comunicación, arrojando importantes resultados.

Así, Jesús Alberto Andrade [13][13] Andrade, J. (2006). La sociedad red: una visión global. Madrid: Alianza Editorial. Disponible aquí: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3194476 explica que las redes existentes en la sociedad son una extensión del poder [14][14] El término poder, que proviene del latín possum – potes – potuī – posse, significa ser capaz, tener fuerza para algo o ser potente para lograr el dominio o posesión de un objeto físico o concreto (Ávila, 2007: 2). Michel Foucault, en Seguridad, Territorio y Población, apunta a que el poder es un conjunto de mecanismos y procedimientos cuyo papel o función, aún cuando no lo logren, consisten precisamente en asegurar el poder. El poder no se funda en sí mismo y no se da a partir de sí mismo; sino que es un proceso que se construye por la prestación de condiciones precisas para su surgimiento. «Una relación de fuerzas, o más bien toda relación de fuerzas es una relación de poder […] Toda fuerza ya es relación, es decir, poder: la fuerza no tiene otro objeto ni sujeto que la fuerza» (Foucault, M., 1992). concentrado en lo alto de las organizaciones verticalistas, que fueron las responsables de la configuración de la historia de la humanidad. El autor reconoce los aportes de varios estudiosos de la temática, fundamentalmente Castells, de quien rescata: «que los rasgos de la sociedad red —flexibilidad, adaptabilidad, capacidad de supervivencia— son fundamentales para liberar las potencialidades de la sociedad, y para alcanzar con ello un paradigma tecnológico basado en la microelectrónica que ha dado paso a la era de la información» [15].[15] Andrade, J. (2006). La sociedad red: una visión global. Madrid: Alianza Editorial. P.2. Disponible aquí: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3194476

Entre 2007 y 2017, Ecuador redujo su Índice de Pobreza Multidimensional en un 16,5%. 1,9 millones de ecuatorianos dejaron de ser pobres en ese periodo.

Manuel Castells, por su parte, decía que el poder es la capacidad relacional que permite a un actor social influir de forma asimétrica en las decisiones de otros actores sociales, de modo que se favorezcan la voluntad, los intereses y los valores del actor que tiene el poder. El poder se ejerce mediante la coacción y/o la construcción de significado, partiendo de los discursos a través de los cuales los actores sociales guían sus acciones. Las relaciones de poder están enmarcadas por la dominación, que es el poder que reside en las instituciones. La capacidad relacional del poder está condicionada, pero no determinada, por la capacidad estructural de dominación. Las instituciones pueden mantener relaciones de poder que se basan en la dominación que ejercen sobre sus sujetos [16].[16] Castells, M. (2009). Comunicación y poder. Alianza Editorial.

En el caso de Ecuador, cabe recordar que entre 1995 y 2007 [17][17] Entre 1830 hasta el 2008, Ecuador promulgó 20 constituciones y tuvo alrededor de 44 presidentes, muchos de los cuales asumieron el poder mediante golpes militares. el país vivió uno de los periodos de mayor inestabilidad política, económica, social y cultural. Siete presidentes en 12 años y un Estado con déficit fiscal, sistemas de salud y educación colapsados, obra pública altamente limitada y una ola migratoria —sin precedentes— que expulsó a miles de compatriotas producto de la quiebra del sistema financiero y la imposición de la dolarización. Todo esto en el marco de gobiernos ubicados desde el centro a la derecha y plenamente entregados a las imposiciones de los acreedores internacionales, con medios de comunicación consagrados al sostenimiento del statu quo.

¿Qué provocó un Estado tan débil? En los ochenta y noventa, Ecuador enfrentó una profunda crisis producto de la enorme deuda externa y la poca o nula capacidad para generar recursos, así como la limitada variedad en las exportaciones. Hay que tener en cuenta que la economía ecuatoriana se basa mayoritariamente en la exportación de materias primas como el petróleo, el plátano, el cacao y el camarón. Es decir, que tiene una economía primaria, exportadora y débil, [18][18] La fortaleza del Estado expresada en eficacia de las instituciones pasa a jugar un rol secundario o desaparece, pues los recursos sustituyen aparentemente a la institucionalidad. La idea es que, más allá del estado de las instituciones, los bienes públicos llegan al destinatario —salud, educación, subsidios— ya sea como bienes públicos, accesibles a cualquiera en tanto ciudadano, o como bienes privatizados, es decir, prebendas a las cuales solo es posible acceder a través de la relación con el gobernante. Debido a este «rentismo político», desaparece la efectividad del voto como mecanismo de fiscalización ciudadana que castiga a un Gobierno malo, y desaparecen también los incentivos para que los partidos tengan interés en desarrollar burocracias eficientes y capacidad de gobierno. (Friedrich Ebert Stiftung, 2012) a lo que se sumaron desastres naturales como el fenómeno de El Niño y las crisis energética y financiera global —con la consecuente caída del precio del petróleo.

Además, los gobiernos cercanos a lógicas neoliberales han priorizado siempre el pago de la deuda, a costa de reducir más y más el tamaño del Estado. Esto se ha traducido en reducción de puestos de trabajo, alza de precios del combustible, privatización de áreas estratégicas, limitada inversión en servicios públicos… y, como consecuencia última, pobreza.

Los mass media han jugado a sostener esos procesos políticos y, por supuesto, no de manera gratuita ni desinteresada: pese a que el ordenamiento jurídico ecuatoriano [19][19] Asamblea Constituyente del Ecuador (2008, 20 de octubre). Constitución de la República del Ecuador. [Artículos 20 y 323]. Registro Oficial 449. Disponible aquí: https://www.oas.org/juridico/pdfs/mesicic4_ecu_const.pdf lo prohíbe explícitamente, existen en el país relaciones directas entre el poder financiero, mediático y político. Solo por poner un ejemplo: Fidel Egas, dueño del Banco Pichincha, es también dueño del canal Teleamazonas, del medio digital Primicias, así como de la cadena de cines Multicines, entre otros. Que una sola persona acumule tanto poder, influye indudablemente en los destinos del Ecuador.


Fabricando monstruos: Corporativismo, clientelismo e inseguridad

Noam Chomsky, allá por 2003, señalaba la ausencia de propuestas serias para resolver los importantes problemas sociales relativos a la salud, la educación, la falta de vivienda, el paro, el índice de criminalidad, la delincuencia creciente que afecta a amplias capas de la población, las cárceles, el deterioro de los barrios periféricos, etc. El pensador denunciaba que el poder, en vez de en solucionar todos estos desafíos, está centrado en desviar la atención del «rebaño desconcertado» de todos esos problemas, ya que, si empezara a darse cuenta de lo que ocurre, podría no gustarle. «Acaso entretenerle simplemente con la final de la Copa o los culebrones no sea suficiente y haya que avivar en él el miedo a los enemigos. En los años treinta Hitler difundió entre los alemanes el miedo a los judíos y a los gitanos: había que machacarles como forma de autodefensa. Pero nosotros también tenemos nuestros métodos. A lo largo de la última década, cada año o a lo sumo cada dos, se fabrica algún monstruo de primera línea del que hay que defenderse» [20].[20] La vaca. (2023, 28 de agosto). El control de los medios de comunicación. Disponible aquí: https://lavaca.org/notas/el-control-de-los-medios-de-comunicacion/

El 99% de los medios de comunicación en Ecuador está concentrado en manos privadas, y no existe un ente que regule contenidos en función de los derechos de las audiencias.

La crisis que enfrentó Ecuador fue mucho más que una crisis de representación: los bloqueos políticos y la acción de poderosos actores con capacidad de veto, así como la concentración de grandes cadenas de comunicación, llevaron a las instituciones públicas a caer en una profunda ineficacia, lo que a su vez impulsó la insatisfacción de la ciudadanía hacia la política en su conjunto. Todo esto derivó en una profunda crisis de gobernabilidad, que a su vez expresaba graves problemas de legitimidad del sistema político. Uno de los grupos económicos más poderosos y uno de los grandes causantes de dicha crisis fue el grupo Isaías, conglomerado empresarial ecuatoriano, propiedad de los hermanos Roberto, William y Estéfano Isaías, quienes lideraron el crecimiento y la diversificación del grupo desde la década de 1980, con participación en medios de comunicación, empresas de telecomunicaciones, banca y agroindustria. Y, por supuesto, también en la política.

En términos generales, se puede decir que el país vivió bajo un diseño institucional poco adecuado para el procesamiento del conflicto político, que se constituyó en un gran incentivo para los vetos y bloqueos [21].[21] Mejía Acosta, S. (2009). Informal Coalitions and Policymaking in Latin America: Ecuador in Comparative Perspective [Coaliciones informales y formulación de políticas en América Latina: Ecuador en perspectiva comparada]. Routledge. Los actores políticos y sociales obtenían mayores logros —o «ganancias»— al actuar al margen de las normas establecidas para el intercambio político, que cuando se ceñían a ellas. Como han demostrado varios estudios, formas como el corporativismo y el clientelismo, así como la deslealtad hacia los procedimientos democráticos, se generalizaron en el conjunto de organizaciones políticas y sociales [22].[22] Pachano, S. (2009). La representación política en el Ecuador: Entre la crisis y la reconstrucción. En S. Basabe, A. Mejía Acosta & S. Pachano (Eds.), *La democracia en Ecuador, 1979-2008* (pp. 75-96). FLACSO. Disponible aquí: https://biblio.flacsoandes.edu.ec/libros/digital/57261.pdf Esto, entre otras causas, llevó al bloqueo del sistema político y, por consiguiente, a una ineficiencia enquistada.

Los cimientos económicos, sociales y políticos que Ecuador logró construir entre 2007 y 2017 —durante los gobiernos de Rafael Correa—, producto de una serie de políticas públicas encaminadas a reducir la brecha de desigualdad y lograr un Estado del Buen Vivir [23],[23] La Constitución del Ecuador reconoce derechos a las personas, derechos a las comunidades, pueblos y nacionalidades, y derechos a la naturaleza. Por lo tanto, se puede entender al Buen Vivir como el goce efectivo de los derechos de las personas, las comunidades, pueblos y nacionalidades y el ejercicio de sus responsabilidades, en un marco democrático, de convivencia armónica ciudadana, convivencia armónica con la naturaleza y de primacía del bien común y el interés general. Alternativamente, el Buen Vivir se puede entender como vida en plenitud que comprende la armonía interna de las personas —material y espiritual—, armonía social con la comunidad y entre comunidades, y armonía con la naturaleza. (Inec, 2016) comenzaron a tambalearse con la posterior restauración neoliberal; y todo apunta a que en la actualidad el país padece una crisis mayor a la vivida entre 1985 y 2005 —en especial, por cómo se han agravado la inseguridad y la violencia.

A día de hoy, Ecuador se posiciona como el país más violento de América Latina, registrando una alarmante tasa de 38 homicidios por cada 100 mil habitantes. En los primeros 50 días del año, el país ha registrado mil 300 asesinatos, lo que equivale a un crimen por hora [24].[24] Insight Crime. (2024, 30 de enero). Ecuador’s Violence Reaches New Heights in 2024 [La violencia en Ecuador alcanza nuevas cotas en 2024]. Disponible aquí: https://insightcrime.org/news/ecuadors-violence-reaches-new-heights-2024/ Un cambio radical teniendo en cuenta que, hasta 2019, era el segundo país más seguro de la región, con una tasa de homicidios de 6,7 por cada 100 mil habitantes, comparable a la de Estados Unidos [25].[25] BBC News Mundo. (2024, enero 10). Cómo Ecuador pasó de ser uno de los países más seguros de América Latina a vivir una ola de violencia sin precedentes. Disponible aquí: https://www.bbc.com/mundo/articles/cx8j77j1d9yo

Foto_ Angel Ramos G_ CC BY 2.0
Entre 2007 y 2017, Ecuador redujo su Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) en un 16,5%. Es decir, 1,9 millones de ecuatorianos dejaron de ser pobres en ese periodo. La tasa de pobreza extrema multidimensional pasó de 26,6% en 2009 a 14,8% en 2015, una reducción de 13,8 puntos [26].[26] Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe [SELA]. (2023, 19 de diciembre). Ecuador redujo tasa de pobreza multidimensional en 16,5 por ciento. Disponible aquí: https://www.sela.org/ecuador-redujo-tasa-de-pobreza-multidimensional-en-16-5-por-ciento/ Durante esa década se alcanzó también la universalización de la Educación Básica, con un 96,23%. En 2016, se encontraban instaladas y equipadas 70 Unidades Educativas del Milenio, así como el sistema de Evaluación Educativa —regido bajo estándares internacionales, como las evaluaciones PISA. Ecuador destinó durante ese periodo el 2% de su Producto Interior Bruto (PIB) a la mejora de la educación superior; entregando, entre 2007 y 2016, 82 veces más becas que las registradas entre 1995 y 2006. También se fortalecieron la educación técnica y tecnológica públicas, con el uso compartido de 14 infraestructuras del Servicio Ecuatoriano de Capacitación Profesional (SECAP) para beneficio de más de 11 mil estudiantes.

Durante dicha década también se implementaron algunas medidas encaminadas a democratizar el acceso a los medios de comunicación y el espectro radioeléctrico, como la Ley de Comunicación —promulgada en 2013 y creada por mandato constitucional en 2008. Sin embargo, el proceso político que logró todos estos avances para el país ha sufrido una embestida brutal por parte de los medios de comunicación; los mismos que, sin disimulo alguno, se han resistido a cambiar la configuración del espectro de medios: el 99% de ellos continúa en manos privadas, con fuerte concentración y sin existencia de un ente que regule contenidos en función de los derechos de las audiencias.

La imbricación entre el poder político y el financiero ha llegado al extremo de que quien dirige el país es el hombre más rico del Ecuador: Daniel Noboa Azín.

Ante la crisis generalizada que vive actualmente el país, gravemente afectado por la violencia, el elevado nivel de endeudamiento, procesos electorales viciados, control absoluto de los órganos electorales por parte del Ejecutivo y una situación económica marcada por la imposición de más y más condiciones a cambio de préstamos por parte de los organismo acreedores; el papel que están desempeñando los medios de comunicación es de una ausencia total del sentido de la responsabilidad democrática. Se trata de una crisis multidimensional cuyos ribetes anuncian ser más peligrosos que los de la vivida en la década de los 80 por el país andino. Y todos estos problemas de representación, legitimidad, eficiencia y eficacia del Estado —que se traducen en una compleja crisis de gobernabilidad—, tienen mucho que ver con la franca compenetración existente entre el poder mediático y el poder político. Al mismo tiempo, la imbricación entre el poder político y el financiero ha llegado al extremo de que quien dirige el país es el hombre más rico del Ecuador: Daniel Noboa Azín.


Conclusiones.
El reino de las opiniones: Entre el bucle de la democracia y la tiranía de la mayoría

La grave desconfianza hacia las instituciones y hacia la política por parte de la ciudadanía responde claramente, en el caso de Ecuador, a las bajas capacidades de las instituciones y del sistema político para representar los intereses de la población y responder oportunamente a sus demandas y necesidades. Los deficientes resultados de la gestión de los representantes públicos es patente —siendo el Legislativo el que más baja calificación obtiene y menor representación genera.

La confianza en la democracia es débil en el subcontinente, lo que está en consonancia con el hecho de que, en la mayoría de los Estados latinoamericanos, la democratización no trajo consigo una suficiente reducción de las inequidades sociales. En el caso de Ecuador, no hay que perder de vista que el país procede de una crisis extendida —década y media— que afectó a la legitimidad de la organización social por entero, y que derivó en el fenómeno del «¡que se vayan todos!». Es decir, una respuesta visceral por parte de una sociedad civil débil y desmovilizada, que equipara por desafección y hartazgo todas las opciones políticas existentes, y que se vuelve el caldo de cultivo perfecto para un alto grado de personalismo en la toma de decisiones y en la definición de la agenda [27].[27] Pachano, S. (2012). El sistema político ecuatoriano: Entre la inestabilidad y el autoritarismo. FLACSO Ecuador.

En conclusión, uno de los desafíos principales que enfrenta el país es que los medios de comunicación cumplan su rol social contribuyendo al fortalecimiento del sistema democrático, en vez de seguir siendo actores militantes del statu quo. Es urgente que los medios masivos entiendan su responsabilidad para/con las audiencias, y que los poderes públicos garanticen plenamente el derecho a la comunicación —que no es el derecho de las empresas a ser dueñas de los medios y a controlar el discurso que circula en la sociedad, sino el derecho de las y los ciudadanos a recibir información verificada, contrastada y plural. Para garantizar el acceso de la ciudadanía a unos medios de comunicación que sean un servicio público y no solamente un negocio, es indispensable limitar la concentración de medios en manos privadas.

No debemos reducir los medios de comunicación a la distinción histórica de Habermas entre «prensa de noticias» y «prensa de opinión» [28],[28] Habermas, J. (1998). Facticidad y validez: Sobre el derecho y el Estado democrático de derecho en términos de teoría del discurso (5ª ed.). Trotta. sino considerarlos como «prensa de propuesta, ejercicio, revisión y ampliación de asuntos ciudadanos», dado que disminuyen la distancia entre lo macro-social y lo micro-social [29].[29] Martín Serrano, M. (2004). La producción social de comunicación (3ª ed.). Alianza Editorial. Es decir, así como normalmente instauraban los asuntos públicos en los escenarios privados, no hay que perder de vista que los medios de masas tienen también la capacidad de elevar los asuntos privados, de orden político, al escenario público [30].[30] Aguirre Sala, J. F. (2011). El fortalecimiento de la ciudadanía participativa a través de los new media [Tesis doctoral, Universidad de Monterrey].

El «¡que se vayan todos!» es una respuesta visceral por parte de una sociedad civil débil y desmovilizada, que equipara por desafección y hartazgo todas las opciones políticas existentes.

El rol de los medios de comunicación es radical a la hora de fortalecer el sistema democrático, como lo indica Edgar Morin: «la democracia se funda sobre el control del aparato del poder por los controlados y reduce así la esclavitud —que determina un poder que no sufre autorregulación de aquellos que somete— [así evita ser una dictadura del electorado, diríamos nosotros]; en este sentido la democracia es, más que un régimen político, la regeneración continua de un bucle (sic) [un ciclo] complejo y retroactivo: los ciudadanos producen la democracia que produce los ciudadanos» [31].[31] Morin, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO. Y para poder ejecutar esta doble producción, resulta determinante el rol que desempeñan los nuevos medios de comunicación a nivel de conformación insertada en el sistema estatal, configuración aplicable en el derecho de las minorías e intervención co-legislativa.

Sin embargo, no hay que olvidar tampoco que un riesgo connatural a la democracia es la llamada «tiranía de la mayoría». Esto es, «el peligro de que una opinión pública mediocre, creada y mantenida por la presión de la mayoría, prevalezca» [32].[32] Abreu Sojo, C. (2007). La opinión pública y los medios en crisis políticas. Revista Venezolana de Ciencia Política, 32, 45-60. Este es, sin duda alguna, un peligro potencial intrínseco a la democracia, que siempre entraña el riesgo de que las minorías queden solas y desprotegidas, como decía Tocqueville. La consecuencia última de este punto débil es lo que Price llamaba «la extensión del fenómeno de la opinión pública», por el cual se establece «que lo más absoluto es la autoridad probable que alcanzarían las mayorías, mientras que lo menos probable era el crecimiento de minorías energéticas».

Inmersos en un ecosistema mediático condicionado por lo que Pareto llamaba «opiniones lógicas y alógicas», o lo que Dader denominó «dicotomías racionales e irracionales» [33];[33] Ídem. el acceso a una información veraz, basada en datos empíricos contrastables y objetivos, resulta más importante que nunca. De lo contrario, las democracias contemporáneas seguirán padeciendo la falta de conocimiento y certezas, quedando en manos de la persuasión de los líderes políticos y del reino de las opiniones basadas tan solo en la emotividad. No podemos olvidar que, como dijo Uslar Pietri:

«De nada opinamos con más seguridad que de aquello que conocemos poco. Sobre sucesos y situaciones de las que tenemos apenas una superficial y muy incompleta información, nos lanzamos a dar juicios tajantes y definitivos que los que tienen un mejor conocimiento de los mismos vacilarían mucho en sostener» [34].[34] Uslar Pietri, A. (1954). Las visiones del camino. Edime.

Internet, las telecomunicaciones y las redes sociales digitales revolucionaron el paradigma de la comunicación al difuminar los sentidos de tiempo y espacio en la esfera digital. Sin embargo, ni la web 2.0 ni las redes sociales han solucionado —tampoco es su rol— el problema de la desigualdad participativa que halló Jakob Nielsen: el 90% de los usuarios solo mira, mientras que el 9% aporta de vez en cuando y solo el 1% lo hace de modo permanente y potencial [35].[35] Nielsen. J. (2006). The 90-9-1 Rule for Participation Inequality in Social Media and Online Communities [La regla de la desigualdad en la participación en los medios sociales y las comunidades en línea]. Disponible aquí: https://www.nngroup.com/articles/participation-inequality/

Ante esa realidad, estimular la participación se vuelve indispensable, pues su ausencia no hace más que profundizar la inequidad en las relaciones de poder. Y esto va en contra del mismo ideal primario de internet, que tiene que ver con su espíritu original, libertario y democrático.

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