El trabajo después del coronavirus

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Bob Black

Sep, 2020
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La crisis de la COVID- 19 bien podría ser la primera catástrofe verdaderamente global de la historia de la humanidad. La peste negra (1348-1353), que se originó en Asia, mató a entre un tercio y la mitad de la población de Europa. La mal llamada «gripe española» (1918-1919) mató a decenas de millones de personas en muchas partes del mundo. Pero de estas plagas también se libraron muchas partes del mundo, y tarde o temprano desaparecieron (o casi) [1][1] Un hombre contrajo recientemente la peste bubónica en el sur del Lago Tahoe, California. Se notifica un caso en California aproximadamente cada 5 años. Ver: Rettner, R. (2020). California reports first human plague case in 5 years. LiveScience. https://www.livescience.com/california-plague-case-south-lake-tahoe.html.
Un hombre contrae septicemia de una ardilla en Colorado; y se recupera. No hay datos sobre la recuperación del animal. Ver: O’Neill, N. (2020). Colorado confirms first human case of bubonic plague since 2015. N.Y. Post. https://nypost.com/2020/07/17/first-human-case-of-bubonic-plague-since-2015-reported-in-colorado/
. Esta pandemia, por el contrario, ya ha alcanzado incluso a remotas tribus amazónicas; y puede que nunca desaparezca por completo [2][2] Zhang, S. (2020). The Coronavirus Is Never Going Away [El coronavirus nunca va a desaparecer]. The Atlantic. https://www.theatlantic.com/health/archive/2020/08/coronavirus-will-never-go-away/614860/. Es una «meta-crisis» que tendrá profundas consecuencias económicas, sociales y políticas [3][3] Khanfar, W. (2020). La metacrisis de la COVID-19 y el orden postpandémico. Metapolis V1N1.. El mundo post-pandémico tendrá que ser muy diferente. Es fácil creer que todo irá a peor si el nuevo mundo va a ser solo una versión dañada, empobrecida y más reglamentada del viejo, pero, ¿podría ser mejor?

La plaga se manifiesta enseguida como una crisis de salud pública, pero es mucho más que eso [4][4] Sassen, S. (2020). Capacidades Urbanas: Cuáles querer y cuáles evitar para nuestras ciudades. Metapolis V1N1.. Muy de cerca le siguen graves consecuencias económicas, que probablemente preocupan más a la élite. El virus, al matar a cientos de miles de personas y enfermar a decenas de millones, ha causado graves daños biológicos a la fuerza de trabajo y cada día se identifican más trastornos físicos y mentales a largo plazo en los supervivientes. Muchos trabajadores han sido suspendidos o despedidos por el cierre temporal de sus lugares de trabajo, en muchos casos, de forma permanente. En la medida en que los trabajadores pierden poder adquisitivo, la demanda de los consumidores disminuye y más empresas marginales cierran, lo que aumenta aún más el desempleo: para muchos pequeños negocios ya es demasiado tarde. Hay, además, consecuencias secundarias, como el aumento masivo de la deuda pública, aun cuando los servicios públicos están insuficientemente financiados ahora que precisamente hay una mayor demanda de los mismos.

Foto_ Tom Driggers_ CC BY 4.0

Una breve problematización del «trabajo»

Todo esto es de enorme trascendencia, pero me gustaría poner el acento en el trabajo en sí mismo. El trabajo es una institución económica, pero también mucho más que eso. En mi opinión, el trabajo debe entenderse no solo como una fuente de productos y beneficios, sino como una institución de control social [5][5] Black, B. (1985). The Abolition of Work [La abolición del trabajo]. In The Abolition of Work and Other Essays. Port Townsend, Washington: Loompanics Unlimited.; see Thompson, E.P. (1967). Time, Work-Discipline and Industrial Capitalism [Tiempo, disciplina de trabajo y capitalismo industrial]. Past & Present 38(1): 76-236.; Braverman, H. (1974). Labor and Monopoly Capitol: The Degradation of Work in the 20th Century [La degradación del trabajo en el siglo 20]. New York: Monthly Review Press.; Edwards, R. (1979). Contested Terrain: The Transformation of the Workplace in the Twentieth Century [La transformación del espacio de trabajo en el siglo XX]. New York: Basic Books.. Y no soy el primer crítico del trabajo como tal [6][6] E.g., Vernon, R. (Ed.). (1983). Why Work? Arguments for the Leisure Society [¿Por qué trabajar? Argumentos para la sociedad ociosa]. London: Freedom Press..  Algunos otros van desde el mismo Aristóteles hasta Adam Smith; y cada día más mis contemporáneos proponen críticas más o menos radicales al trabajo [7][7] E.g., Mann, E. (1990). I Was Robot (Utopia Now Possible) [Yo fui un robot (Una utopía ahora posible)]. Cushing: Little Free Press.; Bonanno, A. (2013). Let’s Destroy Work, Let’s Destroy the Economy [Destruyamos el trabajo, destruyamos la economía] (J. Weir, Trans.). Berkeley: Ardent Press.; Weeks, K. (2011). The Problem with Work [El problema del trabajo]. Durham: Duke University Press.; Gorz, A. (1999). Reclaiming Work: Beyond the Work-Based Society (C. Turner, Trans.). Cambridge: Polity Press.; Rifkin, J. (1995). The End of Work. New York: G.P. Putnam’s Sons.. La crítica más elemental es que el entorno laboral suele ser una estructura social autoritaria, e incluso totalitaria. La mayoría de los adultos que trabajan pasan la mayor parte de sus horas de vigilia estrechamente controlados —cumpliendo órdenes, vigilados, humillados—, de formas que no tolerarían en ningún otro lugar. En la escuela se les adiestró para aceptar la subyugación. Hemos de preguntarnos: ¿es este un status quo al que queremos volver, incluso si fuera posible?

En política, el trabajo es el «elefante en la habitación». Todos saben que está ahí, a la vez que fingen que no. ¿Cómo afecta esta epidemia al trabajo? En primer lugar, suprimiendo una parte, ya sea por automatización o porque ya no es rentable. La automatización es un proceso profundamente ambiguo. Como dijo el situacionista Asger Jorn, la automatización, «contiene dos perspectivas opuestas: priva al individuo de cualquier posibilidad de añadir algo personal a la producción automatizada, representando así una fijación del progreso, pero al mismo tiempo ahorra energías humanas liberándolos masivamente de las actividades reproductivas y no creativas» [8][8] Jorn, A. (2006). The Situationists and Automation [Los situacionistas y la automatización]. Situationist International Anthology, ed. & Trans. Ken Knabb (rev. & expanded ed.; Berkeley, California: Bureau of Public Secrets, 2006), página 56.. La aplicación de estas «perspectivas» a diferentes tipos de trabajo, sin embargo, es muy desigual.

Los economistas subdividen la economía, quizá de forma bastante arbitraria, en tres sectores: primario (agricultura e industria extractiva), secundario (manufactura) y terciario (el sector «servicios», aunque este último sector es más que nada una categoría heterogénea en la que clasificar «todo lo demás»).

El sector primario es sobre todo la agricultura. Los trabajadores agrícolas no han recibido mucha atención durante la pandemia. Nunca lo hacen; todo el mundo los da por sentado. Son los más pobres y los más impotentes de todos los trabajadores. He encontrado poca documentación sobre ello hasta la fecha, pero el virus probablemente ha hecho su trabajo más peligroso [9][9] Ho, V. (2020). «Everyone Tested Positive»: Covid Devastates Agriculture Workers in the California Heartland [Todos dieron positivo: Efectos devastadores de la Covid entre los trabajadores agrícolas en el corazón de California]. The Guardian., y en realidad siempre lo fue. La agricultura automatizada (agroindustria) ha desplazado a las granjas familiares y a los aparceros desde la Segunda Guerra Mundial, al menos en Estados Unidos. Los países en los que predomina una agricultura de gran escala y propietarios ausentes sufren más pobreza, más desempleo, y tasas más altas de delitos con violencia [10][10] Lyson, T.A., Torres, R. & Welch, R. (2001). Scale of Agricultural Production, Civic Engagement, and Community Welfare [Escala de producción agrícola, compromiso cívico y bienestar comunitario]. Social Forces: 311-327..

En política, el trabajo es el «elefante en la habitación». Todos saben que está ahí, a la vez que fingen que no. ¿Cómo afecta esta epidemia al trabajo? En primer lugar, suprimiendo una parte, ya sea por automatización o porque ya no es rentable.

El trabajo agrícola podría ser más saludable y tal vez más fácil si, a raíz de la reforma agraria, las granjas industriales y los latifundios se reemplazaran por granjas individuales y familiares, e incluso por colectivos agrícolas voluntarios. La gente que trabaja para sí misma tiene mayor interés en su propia salud y bienestar del que nunca tendrían sus jefes. También tendrían un mayor interés en la maquinaria que ahorra mano de obra (aunque no sea rentable), y en los métodos de cultivo que hacen su trabajo más creativo e interesante.

Especialmente en los países menos desarrollados, la degradación del trabajo agrícola y el empobrecimiento de la clase obrera ha llevado a millones de campesinos a las ciudades. Allí, la mayoría de ellos continúa languideciendo en la pobreza, y la pandemia de la COVID-19 ha hecho su vida aún más peligrosa. Esta migración debe ser contenida y, al menos en cierta medida, revertida; y como señala Colin Ward, «una forma de reducir la presión sobre estas ciudades en explosión, sería mejorar la vida en las aldeas y pueblos pequeños. Pero eso exigiría cambios revolucionarios en la tenencia de la tierra, y en la puesta en marcha de industrias de mano de obra intensiva a pequeña escala, así como un aumento dramático de los ingresos agrícolas. Hasta que eso suceda, la gente siempre preferirá arriesgarse en la ciudad en lugar de morir de hambre en el campo» [11][11] Ward, C. (1983). Notes on Anarchist Cities. Housing: An Anarchist Approach [Vivienda y habitabilidad: una aproximación anarquista]. London: Freedom Press, página 88.. Las últimas estimaciones indican que el 80-90% de las granjas globales son familiares o de pequeños grupos de propietarios, sin embargo, un 1% de las granjas controlan el 50% de la tierra cultivable. [12][12] Watts, J. (2020). 1% of Farms Operate 50% of the World’s Farmland. The Guardian.

El sector secundario es principalmente la industria, y está disminuyendo en los países donde se estableció primero la fabricación mecanizada. El trabajo de fábrica se ha deslocalizado a países subdesarrollados donde los salarios son más bajos, las jornadas más largas, las condiciones más peligrosas y la sindicalización más difícil, si no ilegal. Siempre y cuando persistan estas condiciones, los empresarios no tenderán a invertir demasiado en una mayor automatización. Las máquinas nunca enferman y no hacen huelga. La promesa de la automatización, sin embargo, es paradójica: reduce la cantidad de trabajo, pero también reduce, y a menudo elimina en gran medida, cualquier elemento personal y creativo que quedase en este. Hay pruebas incluso de que la automatización ni siquiera reduce la cantidad real de trabajo [13][13] Black, B. (2015). Afterthoughts on the Abolition of Work [Reflexiones tras la abolición del trabajo]. In Instead of Work. Berkeley, CA: 228-255.. Su papel en el mundo del trabajo después de la pandemia puede seguir siendo, en el mejor de los casos, ambiguo [14][14] Goodman, P. & Goodman, P. (1960). Communitas: Means of Livelihood and Ways of Life [Communitas: medios de subsistencia y formas de vida]. New York: Vintage Books, página 156.. Con energía eléctrica disponible casi universalmente, alguna industria casera automatizada debería ser factible; esa era la opinión del anarquista Pyotr Kropotkin, ya a finales del siglo XIX [15][15] Kropotkin, P. (1899). Fields, Factories, and Workshops [Campos, fábricas y talleres]. Boston: Houghton-Mifflin.. Como Paul Goodman señala con acierto, «no es tan difícil pensar en acuerdos industriales que fomenten la iniciativa, en lugar de debilitarla» [16][16] Goodman, P. (1964). Utopian Thinking [Pensamiento utópico]. In Utopian Essays and Practical Proposals. New York: Vintage Books, página 10..

El sector terciario, esa categoría residual, se ha hinchado hasta dimensiones grotescas en los países desarrollados. Es enormemente heterogéneo. Abarca a camareras, basureros, abogados, conserjes, vendedoras, gerentes, clérigos, soldados, cajeros de banco, traficantes de drogas, prostitutas, médicos, policías y funcionarios públicos electos. Un gran segmento del mismo lo comprenden los oficinistas. Sin menospreciar a los trabajadores de corbata y camisa, hay que decir que la mayoría de su trabajo sería superfluo en una economía mejor organizada.

Como ya escribí hace 35 años, refiriéndome a los trabajadores americanos: «El 40 por ciento de la fuerza de trabajo son trabajadores ‹de cuello blanco›, y la mayoría de ellos tienen algunos de los trabajos más tediosos y absurdos jamás inventados. Industrias enteras, desde aseguradoras hasta bancos o, por ejemplo, bienes raíces, no consisten más que en idas y venidas de papeleo inútil»[17][17] Black, B. (1985). The Abolition of Work [La abolición del trabajo]. In The Abolition of Work, página 29; see also Graeber, D. (2004). Fragments of an Anarchist Anthropology [Fragmentos de una antropología anarquista]. Chicago: Prickly Paradigm Press.; It is now over 50% in the United States (or it was before the pandemic)..

Este porcentaje es ahora mayor. Muchos trabajos, especialmente del sector terciario, son lo que David Graeber denomina bullshit jobs o «trabajos de mierda»: «un trabajo de mierda es una forma de empleo tan completamente inútil, innecesaria o perniciosa que ni siquiera el propio empleado puede justificar su existencia» [18][18] Graeber, D. (2018). Bullshit Jobs [Trabajos de mierda]. New York: Simon & Schuster, página 3.. ¿Qué tan socialmente necesario es un asistente ejecutivo de un vicepresidente administrativo? ¿Y cuán satisfactorio es un trabajo como ese?


Las revelaciones de la pandemia respecto al trabajo

Entre profesionales, los médicos ya están practicando algo de «telemedicina». La consulta en persona no siempre es necesaria. Los abogados asisten ya de forma virtual a audiencias judiciales. Hay incluso clérigos celebrando oficios religiosos on-line. Muchas transacciones bancarias ya se llevan a cabo mediante cajeros automáticos. Pero todas estas improvisaciones tienen sus límites. Los barberos y cirujanos (originalmente la misma profesión) y otros tantos y tantas no pueden renunciar al contacto corporal con sus clientes y pacientes. Los restaurantes pueden, hasta cierto punto, pasarse a las entregas a domicilio; sin embargo, la experiencia de cenar fuera, y el disfrute de la cafetería y la taberna, o los deportes para espectadores, puede que nunca sean los mismos. Como lo fueron para los griegos y los romanos, los banquetes ocasionales con amigos cercanos y familiares pueden volver como un espacio de comunión. Si algo se pierde, tal vez también se gane algo.

De hecho, los humanos son activos por naturaleza. No hablamos de ociosidad, sino de encontrar cosas mejores que hacer. Como mencionaba antes, al hablar de trabajo, pensamos en una institución social.

Pero la pandemia nos ha enseñado que se puede hacer mucho trabajo desde casa. En Estados Unidos, debido a la crisis de la COVID-19, el 42% de los trabajadores ahora teletrabajan [19][19] Wong, M. (2020). Stanford Research Provides a Snapshot of a New Working-from-Home Economy [Stanford Research ofrece una instantánea de una nueva economía de trabajo desde casa]. Stanford News. https://news.stanford.edu/2020/06/29/snapshot-new-working-home-economy/. ¿Pero por qué no se hacía ya antes? Desplazarse hasta la oficina es un desperdicio social. A diferencia del trabajo, no produce ningún valor. Al contrario que el juego, no entretiene. Es una pérdida de tiempo, de esfuerzo y de riqueza. Y ahora las oficinas y fábricas de gran densidad de plantilla son aún más inseguras que antes. Obviamente, el trabajo se centralizó en entornos laborales físicos para someter a sus trabajadores a vigilancia y disciplina. Y aunque hoy la salud pública sea la única consideración que impulse el cambio, es mejor abolir y dispersar tanto trabajo como sea posible. Hay, sin embargo, otras cuestiones a tener en cuenta, como la libertad.

Sospecharán que estoy haciendo una propuesta utópica, y no me avergüenza confirmarlo. Las ideas suelen tildarse de «utópicas» cuando parecen ser útiles pero proponen un estilo diferente, un procedimiento diferente, un tipo de motivación diferente a la forma en que la gente hace negocios en la actualidad. Tales ideas pueden gozar de un sentido común de lo más evidente y pueden, en términos técnicos, ser muy fáciles de llevar a cabo; y se las pensará «impracticables» y «una imposición a la gente por parte de expertos e intelectuales», con una vehemencia tal que revela una poderosa resistencia psicológica [20][20] Goodman, P. (1964). Utopian Thinking [Pensamiento utópico]. In Utopian Essays and Practical Proposals. New York: Vintage Books, página 5..

Friedrich Engels fue el autor del ensayo marxista «Socialismo: Utópico y Científico» [21][21] Engels, F. (1968). Utopian and Scientific [Utópico y científico]. in K. Marx & F. Engels, Selected Works in One Volume. Moscow: Progress Publishers.. Su tesis —aunque no proporcionase ninguna como tal— era que todas las versiones del socialismo anteriores a Marx eran utópicas, en la medida en que no eran marxistas, pero el propio marxismo siempre ha sido criticado como utópico [22][22] E.g., Heller, M. & Nekrich, A.M. (1986). Utopia in Power: The History of the Soviet Union from 1917 to the Present [La utopía en el poder. Historia de la Unión Soviética desde 1917 hasta la actualidad] New York: Summit Books.. La cuestión es que: «Los estalinistas y demás calaña no mataron porque soñaran grandes sueños —en realidad, los estalinistas eran famosos por su escasa imaginación— sino porque confundieron sus sueños con certezas científicas» [23][23] Graeber, D. (2004). Fragments of an Anarchist Anthropology [Fragmentos de una antropología anarquista]. Chicago: Prickly Paradigm Press, páginas 10-11..


El espacio urbano a la luz de la pandemia y el «trabajo»

Es bien sabido ya desde hace siglos (Boccaccio, El Decamerón; Defoe, Diario del Año de la Peste; Camus, La Peste) que las plagas son más peligrosas cuando la gente está apiñada, por ejemplo en las ciudades. Por consiguiente, yo empezaría abogando por una población más dispersa. Muchos de los primeros socialistas, como Charles Fourier, Karl Marx y Peter Kropotkin, propugnaron la abolición de la división entre campo y ciudad [24][24] Marx, K. & F. Engels (1968). Manifesto of the Communist Party [Manifiesto del Partido Comunista]. In K. Marx & F. Engels, Selected Works in One Volume. Moscow: Progress Publishers.. Y no estaban, hasta donde yo sé, pensando específicamente en las plagas y epidemias, pero reclamaban un modo de vida en general más libre, mejor, menos agitado y más saludable [25][25] En 1884, Errico Malatesta y otros anarquistas acudieron a Nápoles para tratar a enfermos de la epidemia de cólera. Atribuyeron el brote a la pobreza —para el cual la cura era, dijeron, la revolución social. Crimethinc, «The Anarchists versus the Plague: The Cholera Epidemic of 1884» [Los anarquistas contra la plaga: la epidemia de cólera de 1884]: crimethinc.com/2020/05/26/the-anarchists-versus-the-plague-malatesta-and-the-cholera-epidemic-of-1884.
In the United States, the rate of coronavirus infection correlates with poverty [En Estados Unidos, la tasa de infección por coronavirus se correlaciona con la pobreza]. Alexander Nazaryan, «Odds of Coronavirus Infection Greatly Increase with Poverty» (Sept. 24, 2020), news.yahoo.com. crimethinc.com/2020/05/26/the-anarchists-versus-the-plague-malatesta-and-the-cholera-epidemic-of-1884. Odds of Coronavirus Infection Greatly Increase with Poverty. Yahoo News. https://news.yahoo.com/odds-of-coronavirus-infection-greatly-increase-with-poverty-cdc-says-174356048.html 
. Estoy de acuerdo con ellos, a la vez que discrepo con Laura Basu, que sostiene que la ciudad es siempre «un espacio de libertad» [26][26] Basu, L. (2020). The Post-Modern City Beyond State and Market: A Thought-Experiment [La ciudad post-pandémica más allá del estado y del mercado: un experimento de pensamiento]. Metapolis V1N1.. Esa idea viene siendo desmentida por toda la historia de las ciudades desde hace más de 5.000 años [27][27] E.g., Gideon Sjoberg, The Pre-Industrial City: Past and Present [La ciudad preindustrial: pasado y presente] (Glencoe, Illinois: The Free Press, 1960); Gerald Strauss, Nuremberg in the 16th Century (New York: John Wiley & Sons, 1966). En la antigua Sumeria, donde las ciudades y la civilización tuvieron su origen, «las élites llegaron a ver y a utilizar a los trabajadores en los mismos términos de explotación con que las sociedades humanas inmediatamente anteriores habían visto y utilizado al ganado. Esto supuso un nuevo paradigma de relaciones sociales en sociedades humanas» Guillermo Algaze, Ancient Mesopotamia and the Dawn of Civilization: The Evolution of an Urban Landscape (Chicago, Illinois & London: University of Chicago Press, 2008), 128.. ¿Cuándo fueron Bagdad o Beijing espacios de libertad? En ambas se produjeron logros culturales indiscutibles, es cierto, pero eso no hace de ellas espacios de libertad.

La abolición de esa frontera entre la ciudad y el campo no es la abolición de la ciudad por el campo, ni una visión de una Arcadia pastoril. Es la interpenetración de la ciudad y el campo.  Implica menores densidades de población en todas partes, pero no necesariamente la misma densidad en todas partes. Implica que algunas actividades de producción ahora confinadas en el campo, como el cultivo, también podrían llevarse a cabo en las ciudades —en las urbes pre-industriales esto era algo de lo más común—; y que algunas actividades de producción ahora confinadas en las ciudades, como la fabricación, podrían también ser llevadas al campo. Así eran las cosas en las ciudades y zonas rurales preindustriales. Y esta no es una idea reciente. No lo era ni cuando Robert Owen (1771-1858) escribió, en 1820, que pequeñas comunidades de entre 1.800 y 2.000 habitantes «circundantes a áreas de condiciones similares y a la debida distancia, encontrarán que son capaces de combinar entre sí todas las ventajas de residir en la ciudad y en el campo, pero sin los muchos inconvenientes y males que vienen aparejados a uno u otro modelo de sociedad» [28][28] Owen, R. (1991). Report to the County of Lanark. In A New View of Society and Other Writings [Informe para el condado de Lanark. En Una Nueva Mirada de la Sociedad y Otros Escritos]. G. Class, Ed. London: Penguin Books, página 272. También afirmó que «mediante un acuerdo entre clases trabajadoras bien planteado, serán éstas mismas quienes se provean de los bienes y comodidades para una vida tan corta entonces como también placentera. Tanto así que el trabajo se experimente como poco más que recreo, suficiente para mantener una buena salud corporal y espiritual, para el disfrute racional de la vida.» Ibid., página 273. Destáquese la referencia a la salud.. No es necesario asumir sus líneas generales como un programa para reconocerle a esta idea sus muchos méritos.

Y no nos faltan razones para creer que esto todavía es factible [29][29] Kropotkin, P. (1899). Fields, Factories, and Workshops [Campos, fábricas y talleres]. Boston: Houghton-Mifflin, páginas 155-174.. No nos faltan conocimientos para recrear la tecnología de finales del siglo XIX y principios del XX, que no estaba basada en el petróleo [30][30] Saxon, K. (1989). Investment in Survival [Inversión en supervivencia]. in Rants and Incendiary Tracts. B. Black & A. Parfrey, Eds. New York: Amok Press, página 189.. La vida entonces era buena para mucha gente; y los muchos reformistas y revolucionarios de entonces tenían razón en una cosa: la vida podría haber sido mucho mejor en aquel momento, para la mayoría de la gente con acceso a aquella tecnología. Pero nuestra vida podría ser aún mejor que la actual. Es cierto que nuestra tasa de población es demasiado alta, que el medio ambiente ha sido degradado, y que muchos recursos naturales han sido devastados; pero lo que hemos aprendido de la ciencia, incluyendo la agronomía y la medicina, no se perderá, y gran parte de todo ello todavía tendrá aplicaciones prácticas. La vacunación se inventó en el siglo XVIII.


Avanzando: reconfiguraciones de trabajo posteriores a la crisis

Ahora bien, esa solución utópica… pasa por la abolición del trabajo. Los grandes críticos del trabajo no han abordado directamente la cuestión de la salud pública. Digamos que eso fue algo así como un descuido por nuestra parte [31][31] DeLeon, S. (1996). For Democracy Where We Work: A Rationale for Social Self-Management. In Reinventing Anarchy, Again [Por la democracia en el lugar de trabajo: Razones para la Autogestion. En: Reinventando la Anarquía, otra vez]. H. Ehrlich, Ed. Edinburgh, Scotland & San Francisco, California: AK Press, página 193.. Siempre he sostenido, aunque no lo he recalcado, que el trabajo, y especialmente (pero no solo) el trabajo industrial, es perjudicial para la salud [32][32] Black, B. (1985). The Abolition of Work [La abolición del trabajo]. In The Abolition of Work, páginas 26-27; Black, B. (2015). Instead of Work. Berkeley, CA, 18-20.; Black, «Afterthoughts on the Abolition of Work,» 255-260.. ¿Merece la pena correr ese riesgo? ¿Qué es lo que llamamos «trabajo»? No reclamaríamos la abolición de la respiración, como pretendía cierto ingenioso individuo [33][33] Black, B. (1992). Smokestack Lightning. In Friendly Fire. Brooklyn: Autonomedia, páginas 43-62.; Instead of Work, 55-76.; See my reply to David Ramsey-Steele: (1989). The Abolition of Breathing. Liberty.. No estamos llamando a la abolición del trabajo en los términos en los que los físicos lo definen —como esfuerzo, como gasto de energía [34][34] Black, B. (1992). No Future for the Workplace [No hay futuro para el lugar de trabajo]. In Friendly Fire. Brooklyn: Autonomedia, página 16.; Instead of Work, página 80.. Siempre habrá algo de eso, y no es intrínsecamente indeseable; de hecho, los humanos son activos por naturaleza. No hablamos de ociosidad, sino de encontrar cosas mejores que hacer. Como mencionaba antes, al hablar de trabajo, pensamos en una institución social.

El trabajo, escribió Adam Smith (que es más respetable que yo) «corrompe incluso la actividad del cuerpo [del trabajador], dejándolo incapaz de ejercer su fuerza con vigor y perseverancia en cualquier otro oficio que no sea aquel para el que se lo ha criado» [35][35] An Enquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations [Una investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones]. London: George Routledge & Sons, página 613.. Su efecto en la mente del trabajador es aún peor. Paul Lafargue, el yerno de Karl Marx, escribió (en 1880): «En las sociedades capitalistas, el trabajo es la causa de toda degeneración intelectual y de todas las deformidades orgánicas» [36][36] Lafargue, P. (1999). The Right to Be Lazy [El derecho a ser perezoso] (L. Bracken, Trans.). Pennsylvania: Fifth Season Press, página 3. Añade: «En lugar de actuar contra esta aberración mental, curas, economistas y moralistas han convertido al trabajo en una suerte de vaca sagrada».. El trabajo moderno no es solo el trabajo manual, al que Smith y Lafargue se referían más que nada, y que embrutece por definición. El trabajo de oficina también es enormemente aburrido y poco creativo. Como yo mismo señalé, «el trabajo estandariza a la gente como lo hace con los productos, pero como el ser humano es productivo por naturaleza, el trabajo desperdicia ese esfuerzo potencial y lo malgasta en conflictos y en estrés» [37][37] Black, B. (1990). No Future for the Workplace [No hay futuro para el centro de trabajo]. In Friendly Fire. Brooklyn: Autonomedia, 16-17; Instead of Work, página 82..

Definiciones breves de trabajo podrían incluir «labor forzada» y «producción obligatoria», que no están nada lejos de la realidad; pero una definición más completa del trabajo se consigue al contrastarlo con el juego. Ambos son actividades con propósito y orientadas a determinados objetivos. Pero el objetivo último del trabajo no es trabajar en sí, mientras que el juego es su propio fin, como ya he expuesto antes: «el trabajo, a diferencia del juego, no se hace por la satisfacción intrínseca de la actividad sino para algo distinto, que deriva de ella [normalmente un cheque de pago]. El objetivo anticipado del juego, sin embargo, es el placer mismo de la acción» [38][38] Black, B. (1990). Smokestack Lightning. In Friendly Fire. Brooklyn: Autonomedia, página 46; Instead of Work, página 60..

Combinar la mejor parte (de hecho, la única buena) del trabajo —la producción de valores utilizables— con lo mejor del juego, que yo entiendo como su libertad y su diversión, despojadas de esas connotaciones calvinistas de frivolidad y auto-indulgencia… Si el juego productivo es posible, también lo es la abolición del trabajo.

Esta propuesta utópica es la de transformar el trabajo en un nuevo tipo de actividad libre [39][39] Strasbourg Student Union. (2006). On the Poverty of Student Life [Sobre la pobreza de la vida de estudiante]. Situationist International Anthology (K. Knabb, Trans.)., el juego productivo, el cual describo como: «combinar la mejor parte (de hecho, la única buena) del trabajo —la producción de valores utilizables— con lo mejor del juego, que yo entiendo como su libertad y su diversión, despojadas de esas connotaciones calvinistas de frivolidad y auto-indulgencia… Si el juego productivo es posible, también lo es la abolición del trabajo» [40][40] Black, B. (1990). No Future for the Workplace [No hay futuro para el centro de trabajo]. In Friendly Fire. Brooklyn: Autonomedia, 48; Instead of Work, páginas 60-61.. Y no reclamo ninguna originalidad con esta idea. Está implícita en los maravillosos esquemas utópicos de Charles Fourier [41][41] E.g., Beecher, J. & Bienvenu, R. (Eds.). (1971). The Utopian Vision of Charles Fourier [La visión utópica de Charles Fourier] Boston: Beacon Press.; Poster, M. (Ed.). (1971). Harmonian Man: Selected Writings of Charles Fourier (S. Hanson, Trans.). New York: Doubleday & Company.. Es explícita en William Morris: escribió (en 1884) que bajo el socialismo, «no solo trabajaría cada uno con la esperanza de ganar una parte de la riqueza propia de su trabajo, sino que tampoco podría perder su debido descanso».

«Pero aunque la compulsión de la tiranía del hombre fuese abolida así, todavía reclamo compensación por la compulsión de las necesidades de la naturaleza. Mientras el trabajo sea repulsivo, seguirá siendo una carga diaria, estropeando nuestras vidas por mucho que nuestras jornadas sean cortas. Lo que debemos hacer es aumentar nuestra riqueza sin por ello reducir nuestro disfrute. No conquistaremos verdaderamente la naturaleza hasta que nuestro trabajo no se convierta en una parte del disfrute de nuestras vidas [42][42] Morton, A. (Ed.). (1973). Useful Work versus Useless Toil [Trabajo útil versus trabajo inútil]. In Political Writings of William Morris. New York: International Publishers, página 95.

Friedrich Schiller escribió: «el animal trabaja cuando la privación es el impulso principal de su actividad, y por el contrario juega cuando lo es la plenitud de su fuerza, cuando la energía superabundante es su propio estímulo para la actividad» [43][43] Schiller, F. (1954). On the Aesthetic Education of Man [Sobre la educación estética del hombre], in a Series of Letters (R. Snell, Trans.). London: Routledge, página 133. La distinción de Schiller corresponde a la del psicólogo Abraham Maslow entre motivación por deficiencia y motivación por crecimiento; ver Maslow, A. (1968). Toward a Psychology of Being. New York: D. Van Norstrand Co.. Schiller pensaba que el hombre tenía una doble naturaleza: «intelecto puro» (razón) en la mente, y un «intelecto empírico» (naturaleza) en el mundo de la experiencia de los sentidos [44][44] Schiller, F. (1954). On the Aesthetic Education of Man [Sobre la educación estética del hombre], páginas 43-45, & 70 n. 1.. Se reconcilian, y el hombre se convierte en todo lo que puede ser, en juego: «Así, el impulso del juego, en el que ambos se combinan, moverá a la mente física y moralmente; y en la medida en que anula toda forma de azar, anula también toda forma de obligación y libera al hombre física y moralmente» [45][45] Ibid., página 74.. Si quizás esto resulta oscuro, Schiller aclara el concepto añadiendo: «sustituir el trabajo por el placer, el esfuerzo por la relajación, la actividad por la pasividad» [46][46] Schiller, F. (2016). Letters to Prince Frederick Christian von Hardenberg [Cartas al Príncipe Frederick Christian von Hardenberg]. In On the Education of Man (K. Tribe, Trans.). Penguin Classics, página 152..

Esta propuesta inmodesta plantea muchas preguntas, algunas de las cuales he tratado de abordar en mis textos sobre el trabajo. Siempre hay quien pregunta: «¿quién hará el trabajo sucio?». Hay respuestas a esa pregunta [47][47] Gibson, T. (1952). Who Will Do the Dirty Work? [¿Quién hará el trabajo sucio?]. London: Pamphlets BC Quail/GIB. pero, ¿por qué pensamos que un trabajo es sucio? No tengo todas las respuestas; ni siquiera tengo todas las preguntas. Los expertos en trabajo son quienes nos plantean esto. Tendrán ideas sobre qué hacer con su trabajo, si es que acaso este vale la pena. Tendrán ideas sobre qué hacer con el trabajo que hacen, si es que vale la pena hacerlo. Es muy probable que haya muchas preguntas, con múltiples respuestas. Algunos tipos de trabajo son, para algunas personas, satisfactorios si solo se hacen de vez en cuando, o si se hacen durante no mucho tiempo [48][48] Black, B. (1986). The Abolition of Work [La abolición del trabajo]. In The Abolition of Work and Other Essays. Port Townsend, Washington: Loompanics Unlimited.. Algunos trabajos (hasta cierto punto, la mayoría), opresivos por la forma en que están organizados hoy día, podrían perder al menos parte de su carácter opresivo si se les desprovee de autoridad o supervisión innecesaria, y si se realizaran en condiciones seguras y agradables, entre amigos [49][49] Ibid.. La variedad en el trabajo es muy importante, como explico, «obligar a un hombre a hacer día tras día la misma tarea, sin ninguna esperanza de escape o de cambio, significa nada menos que convertir su vida en un tormento carcelario» [50][50] Morton, A. (Ed.). (1973). Useful Work versus Useless Toil [Trabajo útil vs. trabajo inútil]. In Political Writings of William Morris. New York: International Publishers, página 101..

La tendencia general será hacia la autonomía local en medio de la diversidad regional. Los barrios y asentamientos locales no serán comunidades cerradas, fortificadas y con delirios de soberanía. Las regiones y regiones culturales, a menudo se delimitarán en biorregiones, con fronteras permeables [51][51] Cafard, M. (2003). The Surre(gion)alist Manifesto [El manifiesto surre(gion)alista]. In The Surre(gion)alist Manifesto and Other Writings. Baton Rouge, Louisiana: Exquisite Corpse.. La diversidad florecerá a nivel local, regional e internacional. Será mejor que exploremos las posibilidades de lo que está cerca. Las grandes ciudades nos han juntado físicamente, pero también nos han separado socialmente. Los grandes entornos de trabajo han hecho lo mismo. La Sociedad de masas ha supuesto el auge de la «multitude solitaria» [52][52] Riesman, D., Glazer, N. and Denney, R. (1950). The Lonely Crowd: A Study of the Changing American Character [La multitude solitaria: un studio de la transformación del carácter americano]New Haven, Connecticut: Yale University Press. Sorprende que un libro de sociología como este se convirtiese en best seller.. Gente que, junta, está sola. Paradójicamente el distanciamiento social puede terminar por juntarnos emocionalmente, por hacernos compartir un estilo de vida que, pese a todo, es más sociable que el de la sociedad de masas.

¿Resulta forzado que pretenda promover esta agenda como una respuesta a la crisis de la COVID-19? No lo creo. El virus supone un desafío para otras ideologías también, tal vez para todas las ideologías. Las cuestiones de salud, especialmente las cuestiones de salud pública, a menudo no son solo cuestiones de salud. Las enfermedades contagiosas no son solo una preocupación particular de individuos y médicos. Son una cuestión de índole social. Los médicos lo saben, igual que saben que la dieta, el descanso, la seguridad, la ansiedad, la inseguridad e incluso la sociabilidad influyen enormemente en la salud física y mental. La forma en que vivimos tiene mucho que ver con el tiempo que vivimos y con lo bien que lo hacemos. La fatiga, el estrés, el aburrimiento, incluso ese cierto toque de miedo, a menudo infligidos por el trabajo, ¡son auténticos peligros para la salud! Afectan negativamente al sistema inmunológico, simplemente no nos sientan bien. Tal vez, la felicidad es lo saludable. Tal vez, la libertad es lo saludable.

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